11 de diciembre de 2017
11.12.2017

¿Preparado para jugar contra el Bayern?

Charly Körbel es el jugador que más partidos ha jugado en la historia de la Bundesliga, siempre en las filas del Eintracht

11.12.2017 | 01:15
Körbel, antes de comenzar un partido con el Eintracht.

Karl-Heinz Körbel es uno de esos futbolistas de carrera asombrosa cuyo nombre ha quedado un tanto diluido en el tiempo pese a lo extraordinario de sus números. El central del Eintracht de Frankfurt es el jugador que más partidos ha disputado en la historia de la Bundesliga (602) tras una carrera de veinte temporadas vistiendo siempre la camiseta del mismo equipo, el que le reclutó cuando tenía 17 años, y con el que, cuando las cosas se torcieron, cumplió la promesa de no descender mientras él estuviese en la plantilla.

Hace unos meses el mundo hizo una reverencia a Francesco Totti que se marchaba del fútbol después de vestir durante 619 partidos la camiseta de la Roma en la Serie A. Por desgracia este deporte nos regala cada vez menos casos como el del genio romano. El registro de Totti, más fresco en nuestra memoria, ayuda a entender la magnitud de lo alcanzado en los años setenta y ochenta por un central alemán que estuvo veinte temporadas consecutivas defendiendo la camiseta del Eintracht de Frankfurt. Karl-Heinz Körbel jugó 602 partidos de la Bundesliga (un campeonato que tiene cuatro jornadas menos que el italiano o el español) para convertirse en el futbolista en la historia que más encuentros ha disputado en el campeonato alemán, una cifra inalcanzable en la actualidad y seguramente también en un futuro.

Pero la historia de longevidad de Charly Körbel también lo es de fidelidad a un club con el que vivió experiencias de toda clase. Estuvo en casi todos los títulos que la escuadra rojinegra levantó en su historia, pero también en los agónicos años en los que el club peleó hasta la última jornada por conseguir la permanencia en la Bundesliga, experiencias traumáticas en las que acabaría por tener una incidencia esencial. Durante las veinte temporadas que vistió esa camiseta llamaron a su puerta -sobre todo a finales de los setenta- muchos clubes (alemanes e italianos sobre todo) que veían un filón en su fortaleza, colocación y sobre todo limpieza. Resulta extraño que un central que juega más de seiscientos partidos en un campeonato no haya sido nunca expulsado, pero es un detalle que describe a la perfección su estilo. Nunca le buscó el Bayern. Cuentan que en ello tuvo mucho que ver la tradicional rivalidad que los de Múnich mantienen con el Eintracht (pocos futbolistas han hecho ese viaje) y porque Beckenbauer, por el motivo que fuese, le había vetado. Historias imposibles de comprobar aunque en Alemania siempre sorprendió esa circunstancia y que Körbel únicamente jugase seis partidos con la selección de su país pese a que estaba demostrado que era con diferencia uno de los mejores centrales. El Kaiser parece que estaba detrás de esa decisión. Körbel se parecía demasiado a él, con la misma vocación por salir con el balón jugado e incluso por llegar a zonas de remate (casi cincuenta goles en su carrera en la Bundesliga). Prefería tener a su lado un futbolista como Schwarzenbek que le protegía más las espaldas y que de paso servía para afianzar aún más el inmenso poder del Bayern de Múnich en la selección alemana de los años setenta.

Körbel comenzó a escribir su historia en el Eintracht cuando solo tenía 17 años y llegó procedente del Dossenheim (el equipo del pueblo en el que había nacido y en el que jugaba desde los siete). Lo primero que le encomendaron fue marcar al Torpedo Müller en un duelo ante el Bayern. Aún vivía en Dossenheim y jugaba para el equipo juvenil. Lutz, uno de los titulares, se había lesionado de gravedad y el entrenador Erich Ribbeck le telefoneó a su casa: "¿Crees que estás preparado para jugar contra el Bayern?" le preguntó. Así se estrenó con la camiseta del Eintracht, así llegó a la Bundesliga. Körbel jugó un partido extraordinario y fue vital en la victoria por 2-1. Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en Frankfurt que de aquel central espigado y elegante que había secado al mejor delantero de Alemania. Su carrera quedó bendecida desde aquel momento. Desde esa tarde comenzó a acumular partidos con la camiseta del Eintracht a razón de treinta partidos como mínimo por temporada. Ni una lesión grave, ni una tarjeta roja. La mayoría de partidos que se perdían era como consecuencia de la acumulación de amarillas. Y llegaron los títulos. Las Copa de 1974, 1975 (con un gol suyo en la final contra el Duisburgo), 1981 y 1989 o el histórico triunfo en la Copa de la UEFA de 1980 en un torneo que acabó siendo una especie de copa de Alemania porque los cuatro semifinalistas eran del mismo país: Bayer, Eintracht, Borussia Moenchengladbach y Stuttgart.

Pero tal vez sus partidos más dramáticos con la camiseta del Eintracht llegaron cuando no estaban en juego títulos, algo que él mismo confesaría repetidamente. Fueron los duelos de 1984 y 1989 contra el Saarbrücken y el Hannover, en los que el equipo se salvó del descenso en la última jornada. En el segundo de ellos el concurso de Körbel fue determinante. Ya tenía 35 años pero su jerarquía se mantenía intacta. En ese partido, jugado al borde del infarto, un gol suyo (el más importante que dijo haber marcado, incluso más que el que supuso la Copa de 1975) acabó dando la salvación al equipo. Llevado por la inevitable euforia, en el vestuario dejó una de esas frases que permanecen en el recuerdo de los aficionados: "Mientras yo vista esta camiseta el Eintracht nunca descenderá". Es verdad que ya no le quedaban muchos años de fútbol, pero cumplió esa promesa.

Su despedida no fue sin embargo como había soñado. Körbel había anunciado que a final de la temporada 1990-91, con 37 años a cuestas, dejaría el club. El Eintracht preparó la despedida que merecía la mayor de sus leyendas para el duelo ante el Stuttgart de la última fecha. Pero en la penúltima, jugando contra el St Pauli en Hamburgo, el árbitro le enseñó la amarilla que le obligaba a cumplir un partido de sanción. Durante la semana los medios habían advertido de ese peligro, en gran medida para alertar al árbitro de que no se le ocurriese tal cosa. Körbel descartó reservarse para la cita. Sus compañeros trataron durante minutos de que el árbitro reconsiderase la decisión, le hablaron, le rogaron, le insistieron? pero fue imposible. El día de su despedida como jugador del Einctracht, tras veinte años de impecable servicio, Charly Körbel estaba sentado junto a su familia en la grada del viejo Waldstadion escuchando como más de 40.000 aficionados coreaban su nombre.

Hace solo unos meses el nombre de este futbolista, convertido en la actualidad en director de la cantera del Eintracht, volvió a cobrar cierto protagonismo en Alemania. Resulta que los responsables del Museo de Ciencias de Frankfurt hicieron una consulta entre los ciudadanos. Habían decidido reproducir un cerebro humano a gran tamaño para que los visitantes pudiesen caminar por él para conocer su funcionamiento al detalle y sometieron a votación quién sería el modelo. Ganó Körbel por delante de Einstein. En Frankfurt no olvidan con facilidad a sus leyendas.

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