14 de diciembre de 2017
14.12.2017
hockey sobre patines

El efecto Juan Copa

El liderato del Liceo se sustenta en la fuerza del grupo, la motivación del entrenador, el poderío físico de los jugadores y el balance entre el trabajo defensivo y ofensivo

14.12.2017 | 10:33
Los jugadores del Liceo se abrazan para celebrar un gol en un partido disputado esta temporada en el Palacio de los Deportes de Riazor.

El Liceo lidera la OK Liga tras doce jornadas disputadas casi sin borrón. La derrota en el Palau Blaugrana (3-1) aparece como única mancha en su expediente -que completa con dos triunfos y un empate en la Liga Europea-. El resto, todo victorias. Once. En canchas complicadas, como la del Noia y la del Igualada. Con sufrimiento, como el 1-0 al Girona. Y las más, holgadas goleadas de un equipo que, tras las dudas que dejó en la Supercopa de España, en la que quedó apeado en las semifinales contra el Voltregá, se ha mostrado muy superior al resto y con argumentos para tener muy en cuenta su candidatura al título, carrera en la que ahora aventaja al los culés en dos puntos. Estas son las claves del extraordinario rendimiento del conjunto verdiblanco.

La fuerza del grupo. En este Liceo no hay un líder nato. Es imposible destacar a uno por encima de los demás porque sería injusto. Ni las paradas de Xavi Malián ni los goles de David Torres porque cada uno aporta lo suyo desde la defensa de Eduard Lamas y César Carballeira a la experiencia y saber estar de Sergi Miras, la potencia de Marc Coy, la magia de Josep Lamas y el oportunismo de Carlo di Benedetto. Eso es lo que hace fuerte al grupo. Es más, no hay bajón cuando empiezan los cambios desde el banquillo. Incluso Juan Copa se permite hacer la entrada de los tres recambios a la vez.

El efecto Juan Copa. Cuando se confirmó la llegada del técnico coruñés al Liceo, muchos se preguntaban hasta dónde sería capaz de llegar con la plantilla verdiblanca después de haber exprimido al máximo al Cerceda. El entrenador se caracteriza no solo por hacer mucho trabajo de pista, sino precisamente por el que hace fuera de ella. Motiva a los jugadores, les inculca la ambición y el hambre por las victorias, las ganas de ese hockey que nunca abandona su cabeza, no quiere que ninguno se sienta excluido y buscó la manera de que todos encuentren su sitio en el equipo. Ya no hay secundarios.

Poderío físico. El ritmo de la competición es frenético y el Liceo no parece ni inmutarse. Siete partidos en noviembre, seis en diciembre. Desde que empezó este mes, ya van cuatro en once días, con viajes incluidos. El día dos jugó en Alcoy, el seis en A Coruña, el 9 en Dinan (Francia) y el 12, en Igualada. Las rotaciones son importantes, también contar con una plantilla larga. No tanto como la del Barcelona, pues tienen un recambio menos, pero sí de más nivel que la de la temporada pasada.

Balance defensa-ataque. Antes de que empezara la competición, muchos dudaban de la capacidad anotadora que podría tener el Liceo. La plantilla, que a todas luces mejoraba la de la temporada pasada con las llegadas de Sergi Miras y Eduard Lamas, tiene muchos jugadores de corte defensivo. Sin embargo, el Liceo se destaca como equipo más goleador de la OK Liga con 52 tantos. Sin descuidar el trabajo atrás, un handicap en otras campañas, con 19 encajados, el segundo que menos tras el Barça (13).

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