08 de abril de 2019
08.04.2019
Atletismo | Coruña42

Un maratón para los sentidos

Carmen Gómez, invidente, lleva seis meses preparándose para debutar mañana en los 42 kilómetros y 195 metros "La zona de Oza no me gusta por los olores. Prefiero correr por donde hay mar", confiesa

07.04.2019 | 21:48
Carmen Gómez y su guía, Felipe López, en un entrenamiento en el paseo de O Burgo.

Carmen Gómez tiene 51 años y lleva seis meses preparándose para debutar en el maratón, estreno para el que ha elegido Coruña42. Es una de los más de mil inscritos de la prueba que será el domingo, pero la única que tendrá que ir acompañada. Porque Carmen es invidente y Eva Babiano durante la primera mitad y Felipe López en la segunda harán de sus ojos para ayudar a que llegue a la meta. No necesita más. El resto lo pone ella. La tenacidad. El esfuerzo. La entrega. Y mucha cabezonería. A seis días del gran momento, el trabajo ya está hecho. El pasado domingo hizo su última tirada larga, de 21 kilómetros, como siempre por el paseo de O Burgo. Después de una semana de relax, de soltar las piernas y cargar de comida y bebida el cuerpo, está preparadísima. Está entregada cien por cien a su meta.

"Lo que quiero es terminar el maratón lo más dignamente posible", dice, pero poco a poco se va animando. "Si lo hago en cuatro horas me daría por satisfecha", continúa. Felipe la tiene que frenar. "Cuatro horas y media", le corrige, "hizo dos en el medio maratón, pero esto no es tan fácil como sumar dos más dos". "Es mejor ponerse un objetivo más fácil, que creo que va a conseguir con creces, porque lo único importante es terminar", confirma. En esta relación, ella pone el corazón y su guía, la cabeza. "Es que a Carmen como no la frenes... le puede el ansia. ¡Quiere comerse el mundo!", avisa Felipe. Es su mejor virtud, pero a veces también un inconveniente.

Porque ella no puede ir mirando el reloj para saber los ritmos, algo esencial en una prueba de resistencia pura como es el maratón en la que lo primordial para llegar a la meta y no claudicar en el intento en no pasarse. Cualquier maratoniano sabe que equivocarse en esto puede ser garrafal. Será una de las funciones de sus guías. Sobre todo contenerla en el arranque. "Pero también tenemos que leer sus sensaciones. Porque no le gusta molestar y nunca pide nada, así que tienes que adivinar qué necesita en cada momento", comenta López. Por eso han intentado conocerse a la perfección en el tiempo que llevan juntos, un matrimonio deportivo de seis meses.

Si a Carmen no le gusta pedir ayuda puede ser porque está acostumbrada a no necesitarla. Ella es completamente autónoma en su día a día. Vive sola. Trabaja en un kiosko de la ONCE. Coge el autobus para ir a entrenar. Le falta un sentido, pero los otros le funcionan el doble. A Felipe no le dejan de asombrar algunos de sus súper poderes. Por ejemplo, se conoce al dedillo el circuito de O Burgo, el elegido para entrenar porque tiene unas aceras más anchas, importante porque ellos siempre tienen que ir de dos en dos. Puede decir, en todo momento, en qué sección del paseo está. Sabe, solo por el sonido, si la marea está baja o alta. Y añade una orientación temporal casi perfecta. Paran cada medio hora a beber y ella puede equivocarse solo por unos minutos.

Y es que las carreras se pueden sentir sin la necesidad de verlas. "A mí me gusta mucho el ambiente que hay antes. Con el speaker, con los nervios que se notan, con la gente que me saluda y anima... Se vive intensamente", reconoce. Y también disfruta, o no, del circuito según por dónde pase. El de Coruña42, que conoce porque es muy similar al de Coruña21 que ya hizo en febrero, tiene un punto negro, la zona de Oza, porque hay mucha industria y los olores son demasiado intensos para ella. "Mi zona preferida es la del paseo marítimo por la Torre de Hércules. Me encanta escuchar el mar, olerlo, las gaviotas... incluso cuando cortan la hierba. El Milenium tampoco está mal, pero hay más cuestas", confiesa.

Pero ya no le tiene miedo a nada. "Al principio, cuando empecé a entrenar el maratón, pensaba sobre todo en el famoso muro. Pero hay que hacerlo y dejar de pensar en ello. Porque si otros pueden, ¿por qué no voy a poder yo?", se anima. Los duros entrenamientos le han preparado para todo. "Cuando empezó, su ritmo era de 6:50 el kilómetros. Nos fijamos bajarlo a seis. El pasado domingo fue capaz de acabar a 5:30. Su evolución y mejoría son notables", certifica el guía. Eso en la parte física. La mental es otra cosa: "Lleva nerviosa un mes y no se quita el maratón de la cabeza. Me pregunta todo el rato si creo que lo va a hacer bien. Y yo le digo que claro que está preparada. Pero no hay que obsesionarse". Primero, la meta de María Pita. Después otras vendrán. Como Nueva York. "No te digo que no", se ríe Carmen. "Sí, tú dale ideas", bromea Felipe.

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