18 de mayo de 2019
18.05.2019
Natación

Folch: "Ser viejo es un lujo"

Este catalán, afincado en Galicia desde hace dos décadas, tiene 81 años y acaba de proclamarse campeón de España, con récord nacional, en la prueba de 3.000 metros

17.05.2019 | 21:56
Ramón Folch, que compite por el Club Natación Arteixo, saluda desde la piscina del Club del Mar

Tres mil metros en una piscina convencional son 120 largos. "Es el equivalente a un medio maratón corriendo", aclara Ramón Folch. Habla alguien con autoridad. Nada más y nada menos que el plusmarquista nacional de la distancia, además de campeón de España, en la categoría de más de 80 años. "¡Es que soy el único!", se quita méritos el del Club Natación Arteixo. Pero es que no hay muchos que lleguen a su edad, los 81, con capacidad para afrontar este reto. "Yo lo encuentro normal. Lo único que creo es que en España los viejos no nadan, sobre todo la larga distancia", bromea. Porque él nunca ha perdido la vitalidad. Sigue pilotando su moto, conduciendo „al Campeonato de España de Vitoria fue el día anterior en su propio coche„ y nadando como si no hubiese pasado el tiempo. "Los años se notan en todos los sentidos. Pierdes capacidades poco a poco, aunque yo hasta los 53 no noté nada. Y te vas acostumbrado. Obviamente, me encontraba mejor cuando tenía 20. Pero ser viejo es un lujo. Muchos se han quedado por el camino", sentencia.

Nadador en su Sabadell natal durante la infancia y jugador de waterpolo en la juventud, su vinculación con el agua viene de lejos „hasta los 50 participó anualmente en la travesía del lago de Banyoles„, aunque la dejó apartada durante más de dos décadas, las que precisamente lleva asentado en Galicia, primero en Oza dos Ríos y ahora en A Coruña. Su trabajo como comercial le obligaba a viajar mucho, incompatible con los entrenamientos necesarios para mantener el nivel. Hasta que se jubiló y se reconcilió con la piscina. "El primer día me costó hacer cien metros, me ahogaba", desvela. "Pero el cuerpo tiene memoria. Dentro del agua no me siento viejo", añade. Fue hace 8 años, en Betanzos, donde la monitora al ver sus progresos le insistió para que retomara la competición. "Me trajo la tabla de récords gallegos de mi categoría.Yo hacía muchos años que no me peleaba contra el crono, pero me tiré a hacer 50 metros y batí el récord gallego. Me hizo gracia y me dejé convencer", recuerda.

Como un profesional

Muy competitivo, se lo plantea como un profesional. "No voy a pasearme. Yo me lo tomo en serio", asegura. De hecho, la noche antes de competir en Vitoria en el Nacional, prácticamente no durmió, preocupado por madrugar y desayunar con las suficientes horas de antelación sobre la competición. Hace un año incluso se trasladó con su mujer a vivir a la ciudad para estar más cerca de la piscina. Con ella va tres días a la semana al Club del Mar. Sara hace entre 1.500 y 2.000 metros „aunque no compite„ y él se sube hasta los 3.000. "Antes íbamos todos los días, pero nos quedábamos sin tiempo para hacer los recados. Así que bajamos a tres, también para desconectar un poco. Más que cansancio físico, tenía psicológico", dice. "Para mí es lo que tiene más mérito. Hay que tener mucha fuerza de voluntad, ganas y que te guste mucho para ir tres días a la semana a hacer 3.000 metros (o algo menos, que a mi edad no todos los días se está igual) durante todo el año", apunta.

El entrenamiento le es suficiente para tener todos los récords gallegos de su categoría de las pruebas de crol y espalda, haber logrado tres medallas de oro y una plata en el Campeonato de España máster y el mes pasado, el oro y la plusmarca en la larga distancia. Estuvo una hora y 15 minutos para cubrir los 3.000 metros. Nada la Liga de veteranos con su equipo „este fin de semana tiene cita en Santiago, donde competirá en 50 espalda, 100 libres y los relevos„ y también los Campeonatos Gallegos. En este tipo de competiciones, lo pasa peor. Le van más las pruebas de fondo. Es algo en lo que sí nota la edad. "Antes podía hacer distancias cortas y no se me salía el corazón por la boca. En eso veo que ya no soy un chaval", confiesa.

Nadie le echa su edad. "Siempre creen que tengo diez años menos de los que son en realidad. Incluso alguna vez me dijeron que si tenía sesenta y pico. Yo más bien creo que esos necesitaban gafas", comenta entre risas, aunque sí que reconoce que "cada año que pasa se nota" por lo que "hay que mirar el día a día". Pese a esto y a que dice que "morirse es muy fácil', no tiene miedo de hacer planes a largo plazo. Ya está echando un vistazo a las plusmarcas de más de 85 años. "Si llego, creo que tengo posibilidades de batir algún récord incluso de Europa", avisa. Solo con una limitación: "La gente mayor puede hacer lo que le dé la gana menos el imbécil. A mí lo único que me da miedo es hacer el ridículo. Pero para eso ya tengo avisada a mi mujer".

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