31 de mayo de 2019
31.05.2019
Fútbol sala

La última testigo del Sal Lence

Bea Seijas anunció su retirada con 45 años, después de haber marcado una época que inició en el legendario conjunto coruñés que dominó la década de los 90

30.05.2019 | 22:53

Hubo un tiempo en el que A Coruña tenía la hegemonía del fútbol sala nacional. Primero el masculino, con el Chaston, y después tomó el testigo el femenino de la mano del Sal Lence. De ese legendario equipo, que dominó la década de los noventa solo con jugadoras de la ciudad y su comarca y que levantó tres Ligas y una Copa, quedaba una única superviviente en activo. Pero ahora, ya con 45 años, acaba de anunciar su retirada definitiva de las pistas. La cuerda de Bea Seijas (Ferrol, 1974) dio para mucho. Se va rodeada del respeto de todo el mundo del deporte gracias a una trayectoria intachable e inigualable. Y con ella dicen adiós los últimos recuerdos de aquellos años dorados de un equipo que nunca se podrá volver a repetir.

"En las plantillas hay jugadores buenos, muy buenos y después, los cracks", cuenta Manuel Castillo, "y yo en el Sal Lence tuve la suerte de tener a dos mega cracks, las Messi y Cristiano Ronaldo del fútbol sala, una era Ana Silva y la otra, Bea Seijas". Así recuerda el que fuera entrenador del equipo coruñés a sus pupilas más aventajadas. "A nivel nacional no había nadie como ellas. Las dos solucionaban solas un partido. Eso es una suerte. Si jugasen hoy en día tendrían el nivel para estar a la altura de cualquiera", continúa. De Seijas destaca, ante todo, el dribling, la visión de juego y lo solidaria que era. "Es zurda, imposible de parar y muy inteligente porque siempre se la pasaba a la compañera que estaba mejor posicionada", asegura el técnico coruñés, que pasó como jugador por el Chaston y después dio el salto al Sal Lence como entrenador. "Pudo haber jugado en el que equipo que le diese la gana, pero nunca quiso salir de Galicia. Para mí es una referente para todas aquellas que quieran dedicare a esto", añade Castillo, que después volvió a coincidir con ella, y a levantar títulos, en Ourense.

La ferrolana, ourensana de adopción, regresó precisamente a A Coruña hace tan solo un mes. Jugó con el que es su equipo, el Ourense Envialia, la Copa Galicia por lo que, cerca de medio siglo después de su debut volvió a pisar la pista del Palacio de los Deportes de Riazor que tantos éxitos le dio. "Es especial", reconocía en la previa del campeonato. Ella llegó a la ciudad herculina siendo muy joven. Apenas una adolescente. Le había echado el ojo Víctor Sieiro. "Decían que había una niña en Ferrol que era muy buena y la trajo el presidente, yo no la conocía", se quita méritos Castillo. Lo demás forma parte de la historia y de una carrera que parece que llega a su fin -ya hizo un amago de retirada en 2011 y le volvió a entrar el gusanillo-. "La calidad no se pierde, hasta los 30 más o menos se mantienen las condiciones físicas y ella ha tenido suerte con las lesiones que le han respetado. Pero claro, ya no tenía esa chispa de cuando era joven", le despide su amigo y compañero de trayecto.

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