03 de julio de 2019
03.07.2019
Gimnasia rítmica

Dos décadas esperando por el oro

Iria Álvarez, del Acordes de Oleiros, se proclamó campeona de España júnior, la primera gallega que se sube a lo más alto del podio desde Ruth Balbís en 1996

02.07.2019 | 22:14
Iria Álvarez rodeada por sus entrenadoras Rebeca, Anaís y Cristina.

Desde 1996, cuando Ruth Balbís se proclamó campeona de España de pelota, ninguna otra gimnasta gallega había vuelto a pisar el escalón más alto de un podio nacional. Tuvieron que pasar 23 años hasta la aparición de Iria Álvarez, de la Escola de Ximnasia Acordes de Oleiros. Ya hace tiempo que avisaba de sus cualidades y el fin de semana pasado, en Zaragoza, la confirmó al colgarse la medalla de oro júnior con su ejercicio de cinta. Un éxito que no vino solo porque otras dos de sus compañeras, Alicia García y Paloma Smyth, también se clasificaron para las finales, en las que fueron séptimas. "Llevábamos mucho tiempo que siempre nos decían que nuestras niñas estaban mejorando mucho, pero no acabábamos de lograr un gran resultado como este", dice Rebeca Freire, una de las entrenadoras, "necesitábamos esto para que se valorara todo nuestro trabajo".

El de Iria se veía venir. Muy regular a lo largo de todo el año, tenía uno de los ejercicios favoritos en cinta. Tras la preliminar, se cumplió con las espectativas y pasó a la final con la mejor nota de todas las participantes. "Sabíamos que si lo hacía bien, iba a ser favorita", comenta Freire. Pero precisamente, la cinta es el más traicionero de todos los aparatos. Si no que se lo digan a la ourensana Marta Bobo, la gran referente de la gimnasia rítmica gallega, a la que en la final olímpica de Los Ángeles 1984, se le volvió prácticamente indomable por culpa del aire acondicionado en el pabellón. "En este pabellón el aire estaba muy bien, porque solo estaba enfocado a las gradas. Pero es que la cinta es el aparato más complicado y teníamos mucho miedo. Además había ola de calor y con estas condiciones la cinta se pega mucho al cuerpo y es todavía peor", explica la entrenadora.

Su pupila, que es una excelente competidora, salió a la final muy contentada. Atenta a la tela, que tiene que estar en constante movimiento. Pendiente del palo. Le salió tan bien, que terminó llorando. Ella ya sabía que sería muy difícil que se le escapara el oro. "Al final hizo un punto y medio más que la medalla de plata", resume Freire, que cree que el punto fuerte de Iria en su expresividad. "Es bastante completa porque tiene un poco de todo, pero con un torso, unos brazos y un cuello tan bonitos, luce mucho sobre el tapiz y le hace muy elegante". Aunque se trate de un éxito individual, la entrenadora prefiere hablar de uno de equipo. "Todas sus compañeras se sienten medallista", asegura. Porque el único secreto del Acordes es el trabajo. Con un cuerpo técnico formado por la propia Rebeca y Anaís Freire, encargadas de la ejecución", Cristina Piñeiro, de la coreografía, y la propia Ruth Balbís, que lleva la parte de ballet, las niñas no han hecho más que crecer. "Llevan con nosotras desde prebenjamines y su sacrificio, y el de sus familias, es constante", afirma. De lunes a viernes los entrenamientos son de tres horas; los sábados, de cuatro. "Trabajan y además lo hacen solas, sin tener que ir detrás de ellas", añade.

A las puertas del equipo nacional

Y así, como "hormiguitas", han ido progresando hasta situarse entre la elite nacional. Con nombres como los de Iria Devesa, Irene Riveira o Carolina Villar, el Acordes ha ido ganándose un sitio que esta generación ha sabido aprovechar. No solo con Iria Álvarez. En Zaragoza también brilló la sénior Andrea Villar. "Bordó el ejercicio de mazas pero no pudo competir de forma oficial porque su compañera de equipo se lesionó, pero hubiese tenido opciones de estar en la final", califica Freire. Paloma Smyth, en júnior, se coló en la séptima plaza del ejercicio de pelota. Y Alicia García, todavía infantil, fue séptima en cuerda y los nervios le jugaron una mala pasada en pelota.

Esta última se encuentra en la última criba del proceso de selección para entrar a formar parte del equipo nacional júnior y empezar a soñar con Europeos, Mundiales e incluso con Juegos Olímpicos. A la primera concentración fueron 50 gimnastas. Quedan 6, incluida la coruñesa. "Creemos que tiene opciones porque el conjunto lo forman 5 más una reserva", dice. Pero también por sus enormes cualidades: "Tiene unas condiciones innatas, buena base, tipología, es lista con el aparato... lo tiene todo", concluye.

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