Aunque el sábado se retomó el deporte, los profesionales de alto nivel y federados todavía tuvieron que esperar hasta ayer lunes para reencontrarse con sus utensilios de trabajo. Todavía de forma individual --pero sin límite de horarios para profesionales y DAN, que denunciaron ayer por redes haber recibido insultos por entrenar fuera de las franjas horarias marcados para el resto-- y con todas las medidas de prevención, fue un día feliz y de recuperar sensaciones. Ya fuera por tierra, mar o río, con simplemente unas zapatillas o un neopreno, encima de una canoa o sobre ruedas, los deportistas coruñeses empiezan a ver una salida a la difícil situación por la que estaban atravesando. Todavía no tienen objetivos o competiciones para las que prepararse, pero es un paso más hacia la vuelta a la normalidad.

Una de ellas es Ana Veiga. Vive en Adormideras y desde su casa puede oler el mar. Pero por más de cincuenta días lo tuvo más lejos que nunca. La coruñesa es una especialista en aguas abiertas y una habitual de los podios de las travesías veraniegas. Entrenó en seco durante estos casi dos meses, pero era como un pez fuera del agua. Volver a ponerse el neopreno, el gorro, las gafas... fue una sensación única. "Costó bastante después de tanto tiempo", reconoce tras hacer 2.500 metros, "además había corriente". Ahora planea salir un poco todos los días, aunque el hecho de tener que ir sola le da "mucho respeto"

El deporte coruñés cuenta con once deportistas considerados DAN. Son los jugadores de hockey sobre patines Ignacio Alabart, Eduard Lamas y María Sanjurjo; los piragüistas Carlos Arévalo e Iván Fernández; la skater Julia Benedetti; el jugador de tenis de mesa Alberto Seoane; el nadador Jacobo Garrido; los patinadores de velocidad Pedro Henrique Mantiñán y Manuel Taibo y el regatista Toni Ripoll. Hay casos, como los de los deportes de equipo, para los que es más complicado incluso calzarse los patines por no disponer todavía de una pista o una superficie adaptada a ello. Además, sus competiciones han sido suspendidas.

En deportes individuales el regreso es más fácil, aunque no para todos. "Yo de momento poco puedo hacer, correr, y tampoco me es muy aconsejable porque salgo de una lesión de rodilla", dice Alberto Seoane, olímpico en tenis de mesa adaptado en los Juegos de Río 2016 y que también optaba a Tokio. "Sin tocar la raqueta poco puedo hacer... espero en las próximas semanas a ver si se puede entrenar en recintos cerrados y en compañía para ver encontrar una pequeña sala y un compañero y así ya empezar de verdad", señala. Todavía no se plantea regresar al CAR de Sant Cugat, que abrirá la próxima semana pero solo para deportistas de la misma provincia. "De hecho, todas mis cosas están allí. Aquí ando con ropa vintage", bromea.

Por agua fue el regreso de Jacobo Garrido y Carlos Arévalo. El primero en la playa de Mera. "Me costó bastante. Hice unos 2.000 metros y mi entrenador --Jesús de la Fuente-- me estaba viendo desde la orilla. Lo que estoy deseando es volver a la piscina y con mis compañeros", dice. Sí que se reencontró con ellos el palista betanceiro, con Rodrigo Germade y Saúl Craviotto, con los que fue subcampeón del mundo. "Fue genial estar de nuevo en la piragua, ahora hay que recuperar equilibrio y sensaciones", reconoce, ya citado a partir de ahora para entrenamientos todos los días. Una rampa fue el escenario de la felicidad de Julia Benedetti. La skater de solo 15 años estaba en la carrera para Tokio cuando todo estalló. Ayer sus redes (@juliabenedetti_sk8) volvieron a la actividad con un vídeo en el que el viento soplaba en su cara mientras hacía sus increíbles piruetas en las instalaciones al aire libre de Maroña Camp. Entrenar por entrenar. Solo para divertirse. Como en un juego de niños. Aunque lo que esté en juego el sueño olímpico.