Hace dos semanas que el Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra volvió a abrir sus puertas. En realidad, solo sus instalaciones deportivas, porque la residencia sigue, y seguirá cerrada por lo menos hasta septiembre. Pero por lo menos algunos de los principales deportistas de la comunidad ya se han podido beneficiar de una paulatina vuelta a las rutinas. Uno de los reencuentros más esperados era el de la piscina. Los nadadores fueron de los deportistas que más sufrieron en el confinamiento. Eran como peces fuera del agua. Y cuatro coruñeses ya se han podido beneficiar de ello. Son Pablo Galán y Carlos Souto, del Club del Mar, y Paula Otero y Alba Gómez, del CN Arteixo. No sin sacrificio. Cada día, de lunes a viernes, recorren en furgoneta los aproximadamente 130 kilómetros que les separan de la ciudad del Lérez para ir a entrenar. Tres horas --una hora y media de ida y otro tanto de vuelta-- para otras dos de sesión en el agua. Salen a las nueve de la mañana y regresan a las tres de la tarde. "Y nos compensa. Somos unos privilegiados porque en Pontevedra fuimos de los primeros que hemos empezado, antes que Madrid y Barcelona", reconoce Pablo Galán.

Van siempre el mismo grupo y a la misma hora. "Así si hubiera un positivo sabrían a quién tendrían que aislar", apunta Galán. Viajan con mascarilla en la furgoneta, en la que viajan seis personas, y dejando un sitio entre unos y otros. Cuando llegan, se les toma la temperatura y registros de pulsaciones. Entrenan solo una persona por cada calle de la piscina. Y al marcharse, otra vez temperatura y pulsaciones. Al día siguiente, vuelta a empezar. "La verdad es que el primer día estábamos un poco nerviosos por tanto protocolo", recuerda el nadador del Club del Mar. También por la vuelta al agua y comprobar en qué estado de forma estarían. "Nos sorprendimos bastante porque sí que es cierto que no paramos del todo, que estábamos haciendo ejercicio físico. Pero sin el agua no es lo mismo. Ni siquiera si tenías piscina en casa, porque había que nadar con neopreno o con una cuerda. Eso te vale para unos días", reflexiona.

Ahora mismo, dice, están entrenando por entrenar porque la competición está completamente parada. Ya preparando el curso que viene, aunque en su caso ya no será en Pontevedra porque se irá a la universidad. El confinamiento le pilló en los últimos meses de Segundo de Bachillerato. Ya tiene todo aprobado, solo pendiente de la selectividad. "Creo que lo han puesto tan sencillo, que no puede haber excusas", admite. Así que le ha tocado una despedida amarga del centro que le ha acogido durante los tres últimos cursos. "Bueno, así no me voy a olvidar en la vida", bromea. De momento disfruta de los que serán sus últimos meses, porque seguirá con esta rutina de entrenamientos hasta julio o agosto. "La idea de Luisa --Domínguez, la entrenadora del CGTD-- es que ya no paremos más, enganchar entre esta temporada y la siguiente. Normalmente en verano paramos dos semanas, pero este buscará que aunque sea poco, sigamos entrenando", desvela.

Club del Mar

Sus compañeros del Club del Mar regresan ya esta semana a la piscina. También con medidas restrictivas, con solo un nadador por calle, para lo que han tenido que hacer un esquema casi perfecto para encajar a todos los nadadores. Teniendo una posibilidad de entrenar cerca de casa, prefiere seguir yendo a Pontevedra. "Es duro tantas horas de viaje todos los días, cansa, pero aquí ya son muchos y no quiero ocupar un sitio más pudiendo ir a Pontevedra", concluye.