Brilla Pedro Acosta, el tiburón de Mazarrón, en Moto3. Sorprende y maravilla Jorge Martín, en MotoGP, habiendo conseguido ya poles, podios y hasta una victoria en su primer año entre los grandes. ¿Y?, y alguien en Moto2 deja boquiabierto a todo el mundo, no al paddock, a todos. Es Raúl Fernández, un madrileño de solo 20 años, que está peleando, con huesos reconstruidos (como todos, sí, claro), contra el líder de Moto2, que no es otro que el australiano Remy Gardner, vaya, su compañero de equipo en la factoría del finlandés Aki Ajo (y KTM).

Raúl, que ha ganado ya cinco grandes premios (Portugal, Francia, Holanda, Austria y Aragón), tiene aún cinco citas (este fin de semana en San Marino y, luego, en EEUU, Misano, Algarbe y Valencia) para sumar alguna victoria más y atrapar o superar al más grande de todos los tiempos. Eso sí, Raúl es el primero en reconocer que el título es muy difícil “pues Remy está haciendo una temporada redonda”.

Pero es que Raúl está brillando de una manera espectacular y la victoria que conquistó, el domingo, en Motorland, no tiene precedentes. Fue un triunfo que dedicó a su amigo Huguito Millán, de 14 años, fallecido, a finales de julio, en una carrera en el circuito aragonés. “Huguito era maravilloso y este fin de semana he estado con su familia, así que nada mejor que dedicarle este triunfo, pues es como si hubiese ganado él. La última vuelta me la he pasado, no solo llorando por el dolor que tenía en la mano derecha, sino de la emoción de poder dedicarle esta victoria a Huguito y a sus padres”.

Pero este sonado triunfo tuvo, también, una doble dedicatoria y agradecimiento “infinito”. Y fue a las maravillosas manos del doctor Xavier Mir que, solo siete días antes, le había operado de la fractura del quinto metacarpiano de la mano derecha, la del gas y el freno delantero.

El milagro del doctor Mir

Raúl, que se lesionó entrenándose con la bici, creyó que no iba a poder correr en Aragón y Mir le dijo “vente corriendo a la Dexeus que te operó ¡ya! y llegas a tiempo”. “Yo no me lo podía creer, pero así ha sido. El doctor Mir logró el milagro, aunque mira, mira, cómo tiembla mi mano”, le contó Raúl a Izaskun Ruiz, en DAZN, al bajar del podio. Y, sí, la mano temblaba. “He salido convencido de que no iba a poder aguantar, por eso he tirado como un loco desde las primeras vueltas. La verdad es que tenía detrás, pegadito, a Sam Lowes y su caída, a nueve vueltas del final, me ha permitido soportar el dolor de la mano, pues, al final, ya era ¡imposible! frenar con el delantero, pero, insisto, al caerse Lowes, el colchón era suficiente para poder terminar. Gracias al doctor Mir he ganado, sí. Y gracias a Huguito. Y a Alpinstar, que me ha hecho un guante especial para esa mano. Y, claro, a mi equipo que me ha dado una moto ganadora”, insistió.

La historia de Raúl ni empieza ni acaba ahí, en sus continuas proezas, sino que se alarga en el tiempo y en su futuro inmediato. Aunque no quieran creerlo, bueno, sí, porque lo reconoce él mismo (“el año que viene no correré donde quería correr”), Fernández dará el salto, junto a su colega Gardner, hijo de Wayne, campeón de 500cc, con Honda, en el 1987, al equipo Tech 3 de KTM.

Raúl quería seguir un año más en Moto2 y ser campeón antes de saltar de categoría, pero Pit Beirer, director de KTM Competición, ante la posibilidad de que una oferta irrenunciable de Yamaha para correr en MotoGP le arrebatase a su rookie, ha adelantado el salto de Fernández a la cilindrada reina. Yamaha está muy necesitada de jóvenes cachorros con manos y garra y KTM no está para bromas.

Tras su impresionante, dolorosa y sacrificada victoria en Motorland, Raúl Fernández, que reconoció haber dormido solo tres horas la noche antes de la carrera (“bueno, ultimamente, viene siendo costumbre no dormir apenas”), afirmó que el reto de igualar o superar la marca de Marc Márquez “es maravilloso, pero estamos hablando de algo muy, muy, muy difícil de conseguir, logrado por un piloto extraordinario y muy especial pero, bueno, por intentarlo no será, vamos a por ello”.