Empatado a última hora por el Valencia, desfigurado por el Liverpool, aún en una expresión anodina esta temporada, el Atlético de Madrid ganó de forma agónica ayer a Osasuna (1-0), con un gol salvador de Felipe Monteiro cuando el partido parecía destinado a un inamovible empate, cuando la insistencia fue la única solución para rebelarse contra otro encuentro decepcionante, muy por debajo todavía de lo que se espera del campeón y con parada final de Oblak.

Disputados ya diecisiete partidos, incluido el de este sábado, el Atlético de Madrid navega en una duda insistente. Ni es lo que pretende ni se parece demasiado a lo que fue.