Cuenta la prensa australiana que los asesores de Alex Hawke, el ministro de Inmigración de Australia, no habían tenido tiempo, ayer, de leer todas las alegaciones que han presentado los abogados de Novak Djokovic para evitar que se le vuelva a retirar, esta vez de forma definitiva, el visado al número uno del tenis mundial.

Y hasta se asegura que tampoco resultaría extraño que Nole debutase en el Abierto de Australia, sobre todo si su partido inaugural ante su compatriota Miomir Kecmanovic se celebra el próximo lunes, en la primera jornada del primer Grand Slam de 2022. Ahora, ¿llegará a jugar en segunda ronda? Esta es la cuestión, pues la prensa australiana daba por hecho que en la madrugada española el ministro de Inmigración anularía el visado de Djokovic. Pero, igualmente, afirmaban que el equipo jurídico que asesora a la estrella serbia que no se quiere vacunar iba a presentar alegaciones por la vía rápida. Así, el caso se vería en los tribunales este fin de semana y el fallo se podría producir el lunes, incluso registrándose una situación tan esperpéntica como conocer el veredicto mientras Djokovic castiga a golpes en la pista a su rival y paisano.

El diario The Age, de Melbourne, citaba una fuente fiable del Partido Liberal, el principal socio del Gobierno de coalición de Canberra, en el que milita Hawke, que aseguraba que hoy se le retiraría el visado al número uno mundial. Para ello, una vez terminadas de leer todas las alegaciones de los abogados del jugador serbio, se apoyaban en tres circunstancias. La primera, no haber cumplido el aislamiento en Belgrado después de haber dado positivo en una PCR, con las pruebas de las fotos que el propio tenista colgó en las redes sociales y hasta haber concedido una entrevista al diario L’Équipe sabiendo que estaba contagiado.

La segunda se basa en las incorrecciones sobre su viaje hasta Melbourne, al no haber informado que había estado en Marbella. Y la tercera se concreta en las comprobaciones sobre la fecha exacta de su PCR positiva, después de que medios extranjeros hubiesen puesto en duda que la prueba de contagio fuera del 16 de diciembre y la situaran el 28 del mismo mes, sin días suficientes de confinamiento para viajar a Australia.

En cualquier caso, y si esta vez los tribunales dan la razón al Gobierno de Canberra, al contrario de lo que sucedió el lunes cuando un magistrado de Melbourne falló a favor del tenista, Djokovic sería invitado a abandonar Australia en el primer avión, a fin de evitar una nueva retención.

El embrollo político

En todo este embrollo hay un trasfondo político. Ayer, Anthony Albanese, líder de la oposición y del Partido Laborista, convocó a la prensa australiana para cargar contra el Gobierno por la forma en la que han llevado el caso. “Ha sido un asunto diabólico y han tirado por el suelo la reputación de Australia”.

Y hasta parece que hay una comunicación poco fluida entre el Gobierno central y el del Estado de Victoria, cuya capital es Melbourne de signo político contrario, algo que a veces ocurre también en otros países alejados de Oceanía. En el territorio donde está la sede del Abierto de Australia gobiernan los laboristas, con Daniel Andrews, como primer ministro, cuyo ejecutivo no puso pegas a la exención médica con la que Djokovic viajó a Melbourne.

Al Gobierno de Canberra, cuyo primer ministro es Scott Morrison, le llueven las críticas en medios australianos y no se olvida, además, que en mayo hay elecciones generales. En 2018 la coalición de derechas formada por el Partido Liberal y el Partido Nacional ganó por 77 a 68 diputados, pero el bloque de izquierdas, al que se apuntaban los Verdes, se quedó a tres escaños de poder gobernar.

Un Djokovic al que también le llueven críticas de compañeros. Stefanos Tsitsipas, número cuatro del mundo, ayer se quedó a gusto: “Juega con sus propias reglas y parece que los demás seamos tontos. No debería estar aquí”.