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La Opinión de A Coruña

BARRACA Y TANGANA

La silla maravilla

Alaba celebra uno de los goles del Real Madrid al PSG en la Liga de Campeones.

¿Qué llevó al austriaco Alaba a celebrar el 3-1 levantando una silla? Me lo pregunté yo, os lo preguntasteis vosotros y se lo preguntan millones de personas ahora mismo en todo el mundo, en Tomelloso, en Washington y en Manila. Y no os lo vais a creer, pero tengo al respecto una teoría. Porque sabéis que Alaba llegó este verano al Madrid y juega todos los partidos desde el primer día.

Es decir, lleva toda la temporada escuchando, en cada minuto 7 de cada partido en el Bernabéu, el clásico cántico que los aficionados dedican a Juanito: “Illa, illa, illa, Juanito maravilla”; esto es algo popular y de sobra conocido. ¿Y qué ha pasado aquí? Pues que Alaba aún tiene dificultades con el idioma castellano y lleva toda la temporada confundido. En cada minuto siete de cada partido en el Bernabéu, él escucha, porque lo entiende así: “Silla, silla, silla, Juanito maravilla”. Quizá le pareció algo extraño la primera vez, pero cuando llegas a un país ajeno asumes que existen tradiciones que te chocan un poco. “Son sus costumbres y hay que respetarlas”.

Misterio gigantesco

Así que Alaba ha pasado todo el año convencido de que en el Madrid se siente devoción máxima por una silla. Que es un objeto superimportante esa silla, como la imagen de una virgen que sacar en procesión, como la escultura tallada de nuestro señor, como el amuleto de oro que se hereda en una familia durante siglos y de generación en generación. Alaba asimiló todo eso en silencio, sin atreverse a preguntar por ese misterio gigantesco, y de repente Benzema marcó el tercero contra el PSG, completando la milagrosa remontada, y en pleno desparrame eufórico y místico, ¿qué se le apareció a Alaba en la banda del Bernabéu? UNA SILLA. La puta silla, por fin. No podía ser casualidad. Esa silla era, sin lugar a dudas, la famosa silla maravilla.

Pensamiento mágico

En realidad, en el Madrid no es tan raro cultivar ese tipo de pensamiento mágico, tener algo desviado el punto de mira. De hecho, esa es una de sus mejores características. Entramos ahora en ese tramo de la temporada en el que todos los rivales parecen complicadísimos. Coges el calendario de tu equipo, empiezas a hacer cuentas de aquí hasta que acabe la Liga y todos los partidos los ves dificilísimos. Si juegas contra los que están arriba, por lógica, porque deben de ser muy buenos si están arriba. Si juegas contra los que están en zona de nadie, en media tabla, piensas que no se juegan nada y competirán sin presión y serán por ello un verdadero peligro. Y si juegas contra los de abajo, entonces ni te digo. Si juegas contra los de abajo sufrirás seguro porque irán a muerte y competirán al límite porque se están jugando la vida. Esto nos pasa a casi todos, de mayores y de niños.

Quienes pensamos así no servimos para jugar en el Madrid. Si juegas en el Madrid has de pensar que vas a ganar a cualquiera, aunque luego a veces pierdas. Si juegas en el Madrid y estás dos goles abajo contra Messi, Neymar y Mbappé, has de pensar que de alguna manera los vas a hacer papilla. Y hacerlo, porque sí, y celebrarlo levantando una silla.

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