ciclismo | Tour de Francia
Pogacar no deja de festejar: victoria de su fiel Wellens
El campeón belga, lugarteniente esencial del esloveno, se lleva la victoria tras una acertada escapada a cuarenta kilómetros de meta
sergi lopez egea
Luis Ángel Maté y Nicholas Roche se levantan todos los días a las 6 de la mañana, cogen las bicis como viejos roqueros de este deporte, se dejan acompañar por algún cicloturista aventajado y con clase, y se lanzan a inspeccionar los últimos 40 kilómetros de las etapas antes de encerrarse en el bus de meta, donde escuchan los mensajes que los directores envían a los corredores para decidir cuál de ellos se envía a la retransmisión en directo de la televisión francesa.
En Carcasona adivinan un terreno rápido tras coronar una empinada colina que se denomina Pas du Sant, una llamada a una fuga en solitario, al triunfo de algún destacado del pelotón. Pero no caen en esos momentos en un detalle importante. Ganará, como siempre, algún ciclista bendecido por Tadej Pogacar y si es uno de su equipo, pues mucho mejor. El Tour es como el patio particular del astro esloveno, lo cuida con tanto esmero que hasta solo deja triunfar al que él quiere y, en este caso, Tim Wellens, al que regaló en las tierras del Norte el jersey a lunares que también puede birlar a Lenny Martinez, a poco que se descuide, en el Ventoux o los Alpes.
Wellens gana en solitario. Nada que reprochar porque, aunque sea uno de los suyos, el ciclista belga le puso agallas para fugarse en esos 40 kilómetros por los que habían transitado de buena mañana y con el tiempo más fresco Maté y Roche, retirados del ciclismo profesional, pero con la suficiente experiencia para alertar de cualquier problema en la carretera que pudiera causar un sobresalto a los corredores.
Empieza la etapa con un buen susto cuando el segundo y el tercero de la general, Jonas Vingegaard y Florian Lipowitz, se van al suelo con un montón de corredores más. Solo faltaría que encima Pogacar se quedase sin perseguidores antes de que el Tour entre en la última semana de competición. Se levantan enseguida, pero se pasan un rato tratando de enlazar con el pelotón.
Pogacar va a lo suyo. Hace trabajar a los gregarios, pero sin que suden demasiado. Está claro que habrá fuga y algún corredor estrenará palmarés en el Tour. Permite el fenómeno esloveno, como si fuese una recompensa por el trabajo de estos últimos días, que Wellens se coloque en la escapada que está llamada a llegar, al menos alguno de los integrantes, a la bella y medieval Carcasona, donde se escucha hablar casi más castellano que francés. Los turistas vienen del sur y se han encontrado con el aliciente de la visita del Tour.
Wellens se pasa los últimos 40 kilómetros escapado después de demarrar a los compañeros de fuga, entre ellos un Carlos Rodríguez que parece correr con más moral en la cabeza que fuerza en las piernas. Aun así, gana una posición en la general y ya es noveno. Algo es algo.
También se escapa Iván Romeo, el campeón de España, que no está cumpliendo el objetivo de ganar gracias a una fuga tal como hizo el mes pasado en el Critérium del Dauphiné. Goza de algunos kilómetros de gloria, cuando entre Wellens y el pelotón del jefe Pogacar hay varios grupos intercalados. Su compañero de fuga no es otro que el gran Wout van Aert, porque Vingegaard también ha autorizado el ataque de sus gregarios.
Gana en Carcasona Wellens, que ya lo había hecho dos veces en el Giro y otras dos en la Vuelta, en 2020, en la ronda española que se corrió en otoño por culpa de la pandemia. Fue el corredor que luego se fue de vacaciones a recorrer la España vaciada con su bici durmiendo en fondas y disfrutando de la soledad del paisaje junto a su amigo ya retirado Thomas de Gendt.
Wellens recompensa al UAE con la quinta victoria para hacer todavía más feliz a Pogacar, que como el resto del pelotón descansará este lunes en Montpellier a la espera de descubrir la imagen del Mont Ventoux en la etapa de este martes.
Todo queda en casa porque Victor Campenaerts, otro belga y compañero de Vingegaard llega segundo. Por un día asumen el papel de sus jefes en idénticas posiciones. Tercero llega Julian Alaphilippe, puesto que celebra con tanto ímpetu que hasta queda la duda de si creyó que había ganado la etapa.
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