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Fútbol

Lamine inaugura la temporada a lo grande ante un Mallorca indignado con el árbitro

El nuevo 'diez' del Barcelona asiste y marca en un duelo en que el árbitro José Luis Munuera dejó al Mallorca con nueve en el primer tiempo

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Nos contaron que eso de dejar de nombrar a los árbitros por los dos apellidos en una tradición heredada del franquismo –Munuera Montero es ahora José Luis Munuera, y listos– tenía como objetivo "humanizarlos" ante la sociedad. Algo que parece complicado en tiempos en que el señalamiento se promueve y se aplaude. El Barça se estrenó en la Liga ganando en Mallorca tras un primer tramo de buen fútbol en que Lamine Yamal bailó y Raphinha ejecutó, otro en que el tumulto arbitral se lo comió todo, y un epílogo en el que el nuevo 'diez' azulgrana se fue de tres antes de arrimarse al gol, y también al cielo. Más allá de la cuenta de aciertos y errores del juez o de la desgarradora imagen de un crío llorando en la grada de Son Moix porque quizá estuviera descubriendo demasiado pronto el desamor, es evidente que nada cambia. No son los árbitros, somos nosotros. Y es Lamine.

Comencemos por el principio. Que LaLiga obligara a jugar a las 19.30 con el termómetro rondando los 35 grados fue una tropelía. Y condicionó todo atisbo de espectáculo. El Mallorca, antes de quedarse con nueve jugadores en el minuto 39, ya no acudían a la presión porque el calor asfixiaba. Y los barcelonistas, suficiente tenían con tocar y pasarle la bola a Lamine. Desconcertó éste a Mojica desde el mismo amanecer y sirvió el 0-1 a Raphinha, que marcó picando de cabeza.

La bronca llegó un rato después. Raíllo se quedó tendido en el área después de que un tiro de Lamine le diera en la cabeza. El árbitro se llevó el silbato a los labios, pero no sopló. Y Ferran, que fue a la suya y con los futbolistas del Mallorca ya con los brazos en jarra –menos Raíllo, que seguía tirado–, pateó y marcó. Munuera se quedó un momento quieto sin saber muy bien qué hacer antes de conceder el gol. Existe un protocolo de conmoción cerebral cuando hay sospecha de traumatismo craneoencefálico, algo que no ocurrió. Y Jagoba Arrasate, técnico del Mallorca, entró en cólera con Munuera. Aunque no con sus jugadores, por quedarse parados, o con Ferran Torres, que se excusó diciendo que no había visto a su rival caído.

A partir de ahí, todo se torció. Morlanes, que fue amonestado por protestar, vio la tarjeta roja diez minutos después por zancadillear a Lamine. Y a Muriqi, que venía de un error estrambótico, no se le ocurrió otra cosa que darle una patada en la cara a Joan Garcia en una acción dividida que también mereció la expulsión. Aunque para ello Munuera tuviera que corregir su amarilla inicial tras ser requerido por el VAR. Joan Garcia, recién inscrito, ya había tenido un susto en el calentamiento, cuando se le retorció el dedo meñique de mala manera.

En el Barça también hubo alguno al que se le cruzaron los cables. Araujo, que ha recuperado sus galones tras la marcha de Iñigo Martínez, evidenció que la cordura en el juego no va con él. Se jugó varias tarjetas con entradas a destiempo y fuera de su posición. Mientras, Raphinha, antes del descanso, también jugueteó con la expulsión tras cazar a Mateu. Un episodio que llevó a un alboroto tremendo, con Koundé, suplente de un Eric al alza, defendiendo a su compañero en el túnel.

El calor y la descompresión de unos y otros en el segundo tiempo llevó a que el Barça no pudiera hurgar más en la herida por aunque jugara contra nueve. A Flick no le gustó nada la actitud de sus futbolistas. El juego se paró, la inefectividad fue norma, Raphinha y Olmo se apuntaron palos, y Rashford pudo salir a estirar las piernas junto a Jofre, ambos debutantes en la Liga. Hasta que Lamine dijo basta y clamó que no hay nadie como él.

La noche antes del triunfo del campeón, Joan Laporta, subido a un escenario de madera de esos que montan en las fiestas de barrio, estaba exultante. No hizo una 'botifarra', pero sí se soltó a su manera porque sabía que Joan Garcia y Rashford serían inscritos a tiempo para compartir triunfo en Son Moix. "¡Los que nos hacen luchar contra todo y contra todos, ¡que estén tranquilos!". Todo sigue igual. Laporta reinterpreta las teorías del caos. El equipo de Flick gana. Lamine abruma. Y a los árbitros no les humaniza nadie, con un apellido y con dos.

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