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fútbol | Liga de Campeones

Lamine salva la cara del Barcelona

Los de Flick igualan un partido en el que ofrecieron una alarmante debilidad defensiva

Lamine, tras marcar el segundo gol del Barcelona. |  Efe

Lamine, tras marcar el segundo gol del Barcelona. | Efe

francisco cabezas

El Barça va de mal en peor, pero Lamine Yamal, el mismo al que insisten en disfrazar de demonio, es quien le salva la cara. De no haber sido por él, el equipo de Flick hubiera pagado caro su horrible desempeño defensivo ante el Brujas, el segundo clasificado de la liga belga y contra el que el equipo azulgrana jamás había perdido. Lamine sacó a sus compañeros del agujero y, al menos, rescató un empate con aroma a azufre. No perdió porque el VAR invitó al árbitro Anthony Taylor a que anulara por falta el gol del triunfo al Brujas tras una grave imprudencia de Szczesny ante Vermant.

Prometió Laporta en su garbeo flamenco que él cuidará del adolescente Lamine. Que ya lo está haciendo. Y que estando bajo su regazo, «el genio» —así le llamó el presidente— podrá seguir siéndolo por puñeteras que sean las tentaciones. En Brujas o en Montjuïc, en Milán o en Croacia, en las discotecas de la calle Tuset, en esa Rocafonda que tan dentro lleva, en el apartamento de soltero con sus coleguitas, o en esa mansión a lo Scarface donde Piqué y Shakira zurcieron y destrozaron su amor. Que haga lo que le venga en gana porque, con o sin pubalgia, continúa siendo el gran elemento diferencial de este Barça.

Por momentos pareció que había dos partidos jugándose en Brujas. Uno en el que los futbolistas de Flick se quedaban quietos, sin saber dónde ponerse, dónde pasar y hacia dónde correr. Y todo, con la línea defensiva en el centro del campo. El otro partido dependía de las apariciones marianas de Lamine. Ingenió un gol, marcó otro y provocó el de Tzolis en propia meta.

Ya en el tenebroso primer acto barcelonista fue Lamine el punto de partida al que Fermín y Ferran Torres dieron continuidad, y también quien hizo la vida imposible a su defensor, Seys, incapaz de detenerlo, pero aliviado al ver cómo el propio Ferran erraba el uno contra uno frente al portero en la última jugada antes del descanso. Hubiera sido el momentáneo empate. Y a Flick se lo llevaban los demonios. Con razón.

Porque si bien es responsabilidad del entrenador ofrecer soluciones a sus futbolistas y orientarles en un posicionamiento que en Brujas fue caótico y sin sentido alguno, poco puede hacer Flick cuando hay quien no hace una carrera de más, quien no asisten al compañero en la emergencia o quien no hace faltas cuando debe .

Flick ha sacado a Cubarsí de la ecuación —tampoco anda muy fino muscularmente— y, como ante el Elche, fueron Eric García y Araujo los responsables del centro de la defensa. Con un crepuscular Koundé en una banda, y un Balde lento y de escasa responsabilidad defensiva en la otra, aquello fue una verbena que comenzó con barra libre para el Brujas. Tiempo suficiente para que los belgas tomaran dos goles en transiciones con nula oposición. Y el VAR le salvó de un penalti y del gol en el descuento.

El Barcelona hizo golpear tres veces la pelota en los palos (Fermín, Koundé y Eric), pero de poco sirvió que Flick regara su mustia planta con Olmo o Lewandowski. Lamine, aliado con Fermín, asombró en su gol. Obligó al Brujas a marcarse en propia meta. Pero no fue capaz de tapar todas las vergüenzas a un equipo que va desnudo.

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