Fútbol | Primera División
El Elche retrata la vulgaridad del Real Madrid de Xabi Alonso
Los blancos mostraron una imagen lastimosa en defensa y pobre en ataque

Mbappé dispara ante Iñaki Pena, ayer en Elche. | Alberto Saiz/AP
Fermín de la calle
Tercer fiasco seguido del Madrid de Xabi Alonso. Se confirma que el Madrid de Florentino es un equipo de jugadores, no de entrenadores. Triunfaron Del Bosque, Zidane y Ancelotti colocándose un paso por detrás de sus futbolistas. Xabi llegó al Bernabéu para hacer del Madrid un equipo de autor. Y eso necesita la implicación de unos jugadores que no están comprometidos, lo que le condena al fracaso. Solo a Mbappé y a los jóvenes les va la vida en los partidos. Vinícius, Bellingham, Camavinga, Trent, Rodrygo o Valverde no le han comprado la idea y el vasco, que lucha contra los elementos, tiene los días contados. De Elche salió con un empate que deja más reproches que alegrías, por más que siga líder.
En Elche Xabi intentó ser Xabi. Apostó por una defensa de tres centrales, lo que le permitió alinear a Trent, con alguien que le tapase la espalda al inglés, un carrilero de cristal. Y sentó a los dos rebeldes más significados del vestuario: Vinícius y Valverde. Los dos que se han significado públicamente contra sus decisiones. Así que puso un mediocampo de pie fino con Ceballos junto a Arda y Bellingham, situando en ataque a Rodrygo, que no marca desde marzo, con Mbappé, que no rota.
El Elche de Sarabia confirmó su personalidad, su gusto por la posesión y una audacia en la salida de balón que generaba más suspense que las películas de Hitchcock. Enlazaban pacientemente entre líneas para llevar la pelota arriba, donde Rafa Mir y André Silva asomaban en punta. Abrió las hostilidades el Madrid con dos disparos tibios de Rodrygo y Mbappé. En el bando local los más punzantes eran Dyang y Germán, que caía intencionadamente al carril de Trent. A los 17 minutos se asomó al partido Courtois evitando un gol de Rafa Mir para corregir milagrosamente un grosero error de Carreras (y van unos cuantos). Los ilicitanos estaban cómodos con la pelota en los pies mientras el Madrid sufría porque no tenía jugadores para recuperar y le incomodaba la presión al hombre del rival a Arda, Ceballos y Bellingham.
Otro error grosero, este de Huijsen (y van unos cuantos), dejó a Silva solo ante Courtois, pero el portugués decidió lastimosamente. Dos ocasiones claras desperdiciadas daban vida a un Madrid en el que no había rastro de la pizarra de Alonso. Decía Xabi que «el gol no es cosa solo de Mbappé», pero el único que generó peligro fue el francés con una estampida que le quedó larga y un remate que achicó bien Peña. Bailaban los blancos al ritmo de un Elche que dispuso de su tercera ocasión clara en las botas de Silva. Al descanso se llegaba con empate por la pusilanimidad ofensiva local ante los enormes problemas estructurales de la defensa blanca.
El problema del Real Madrid no era la defensa, era el sistema defensivo. La altura de las líneas, las distancias con los laterales, la colocación del doble pivote... El Elche desnudaba sus carencias en cada jugada, hasta que en el minuto 52 un taconazo de Germán dejó a Febas ante Courtois, después de superar a un Trent de papel, y el centrocampista batió al belga. Un gol merecido por los méritos locales y los deméritos visitantes. Y a Mbappé se le leyó en los labios un significativo: «Normal». Eso es el Madrid de Xabi. El Titanic camino del iceberg.
Recurrió el tolosarra al banquillo, colocando a Valverde, Camavinga y Vinícius por Fran Gracía, Rodrygo y un Ceballos al que se le acaban las coartadas. Se encendió el Madrid más por la urgencia que por el convencimiento. Media hora de estoicismo esperaba a un Elche que no se aculó en su área frente al voluntarismo de los blancos, que se aferraron a la épica de Gonzalo. Dos partidos llevaba el Madrid sin anotar un gol y la solución de Xabi fue recurrir al canterano que tenía arrinconado al fondo del banquillo, sumando seis minutos en Liga desde septiembre. Estas soluciones tremendistas suenan a antiguas, a recurrentes, a algo que podría hacer cualquier técnico sin el glamour del tolosarra. Un Madrid aburguesado que se entrega al individualismo. Ni rastro del fútbol moderno anunciado con Xabi. Refrescó Sarabia su mediocampo para recuperar el balón y sacudirse el asedio madridista. Y entonces el partido se volvió loco. En el minuto 77 Huijsen cazó un balón suelto en un córner para empatar. Pero seis minutos después volvió a ocurrir. Álvaro Rodríguez, canterano madridista, recibió la pelota, Huijsen reculó en lugar de encimarle y el Toro clavó su disparo en la red. Xabi bramaba en el banquillo desesperado. Le rescató un gol de un Bellingham funcionarial tres minutos más tarde para maquillar el fiasco. Empate que retrata la vulgaridad de este Madrid y deja tocado a un Xabi que pudo acabar hundido.
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