Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

La vida de Elena Congost tras serle arrebatada la medalla: "Me diagnosticaron un cáncer, pasé por dos abortos; sueño con tener más hijos"

La doble medallista paralímpica atiende a EL PERIÓDICO y reflexiona sobre una vida en que el deporte y sus cuatro hijos lo son todo.

Entrevista a Elena Congost, atleta paralímpica.

Entrevista a Elena Congost, atleta paralímpica. / Jordi Otix

Francisco Cabezas

Francisco Cabezas

Barcelona

Ni siquiera el sol otoñal es más luminoso que su sonrisa. Elena Congost (Barcelona, 1987) lleva un jersey de la ciudad (Paris) que la hizo visible cuando la sociedad no la veía. En aquellos JJOO Paralímpicos de 2024 le arrebataron una medalla por ayudar a su guía. En el último año ha pasado por dos abortos. Por un cáncer. Y sigue corriendo mientras se desvive por sus cuatro hijos.

Hábleme de su infancia.

Recuerdo una infancia no muy feliz. Sentía que tenía una discapacidad, pero la quería esconder para ser como el resto de niños. Ahí me sirvió mucho el deporte, me igualaba al resto de compañeros. Cuando íbamos a correr yo ganaba. Me sentía importante, bien conmigo misma. De ahí mi amor a este deporte.

Nació con una atrofia en el nervio óptico.

Eso significa que la imagen que llega al ojo no llega al cerebro, y luego tampoco retorna. Cuando nací tenía muy pocos axones que llevaran esa información al cerebro. Es una enfermedad degenerativa. Pero es mi normalidad. Muchas veces me preguntan: '¿Cómo veías? ¿Cómo ves?'. Y yo veo normal, porque es la única manera que conozco. Ha sido vivir con ello y buscar muchos recursos para sobrevivir en esta sociedad.

Dice que de niña se escondía. ¿De qué o de quién?

De esos prejuicios, de la sociedad en general hacia la discapacidad. Creo que ha cambiado muchísimo, que ha evolucionado, y que estamos en un punto muy distinto. Pero yo en ese momento quería ser igual que el resto de niños. No quería sentirme diferente. Y me llevó a tener que esforzarme mucho más por demostrar que podía hacerlo todo igual, aunque no fuera la realidad. Porque todos tenemos límites y hay que ser conscientes de ello. Y eso, cuando eres niño, te lleva a sufrir. Cuando eres mayor, también, pero ya tienes herramientas para gestionarlo. Cuando eres pequeño te encuentras bastante desamparado. Además, cuando yo era pequeña, el tema de la educación inclusiva estaba bastante por detrás de lo que está ahora. En el colegio al que yo iba no había ni maestros de educación especial. Era supervivencia. Aprender, llevar el ritmo que se llevaba en el aula. A mí me gustaba mucho el deporte, pero educación física era baloncesto, hockey, balonmano... Me pasaba el día esquivando pelotas. Por eso, cuando tocaba correr me decía: 'Ahora, esta es la mía. Os vais a enterar'. Era mi momento.

Te liberabas.

Me desfogaba. Me sentía mejor que nadie.

Barcelona 26/11/2025 Deportes. Elena Congost,doble medallista paralímpica a la que fue arrebatada la medalla en los pasados JJOO de París y que ahora lucha contra el cáncer. AUTOR: JORDI OTIX

Elena Congost, doble medallista paralímpica a la que fue arrebatada el bronce en los pasados JJOO de París. / Jordi Otix / EPC

¿Qué le decían sus padres? ¿Qué consejos le daban para salir adelante en esa selva?

Mis padres, como pasa en muchas familias, no trataban el tema. No hablaban de la discapacidad. En ningún momento me explicaron qué me pasaba. Si yo era diferente al resto de niños o no. Si yo veía diferente. Si podía hacer las mismas cosas. Era un tema tabú en casa. No se hablaba. No se tocaba. No existía. Aprendí a gestionarme yo sola y a comérmelo yo sola.

La soledad, a veces, no es fácil.

No es fácil, te hace sufrir. Por eso empecé diciendo que tuve una infancia no muy feliz. Pero aprendí mucho. Y me hice muy fuerte. Me construí una coraza de protección. Sabía que estaba sufriendo y que tenía que protegerme. Pero también me hizo ser la persona fuerte que he podido ser de adulta.

Con 15 años ya estaba disputando sus primeros Juegos Paralímpicos en Atenas. Era una niña.

Sí, sí. Mi objetivo desde pequeña era ser deportista de élite. El deporte siempre ha sido la columna vertebral de mi vida. Nunca, nunca, nunca me he apartado de esa columna. El deporte me ha salvado. Me sigue salvando. Se me metió entre ceja y ceja que yo quería ser deportista de élite y no paré hasta conseguirlo. Con 15 años llevaba muy poco entrenando. Pero hice las marcas mínimas que me pedían, y tuvieron que llevarme. Lo pasé mal. Era un estadio tan grande, sin experiencia, sin saber gestionar todo ese cóctel de emociones... Fue complicado, pero descubrí un mundo del que ya decidí que no quería salir nunca más.

No se contentó con participar. Fue plata en 1.500 metros en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y oro en maratón en los Juegos de Río 2016. Y luego, un parón en que fue madre de cuatro hijos.

En Londres viví uno de los momentos más importantes de mi carrera deportiva, porque me hizo tomar bastantes decisiones. Quedé segunda. Y dirás: 'La primera medalla en unos Juegos, debía ser la persona más feliz del mundo'. Pues ahí está la ambición del deportista. Yo había entrenado para el oro, y conseguí una plata. No estaba contenta. No era el resultado que yo quería. Me di cuenta de que el entrenador que tenía no estaba igual de comprometido que yo. Decidí cambiar. Y entonces me comunicaron que en Río de Janeiro se haría por primera vez la maratón femenina en unos Juegos Paralímpicos. Y me dije: '¿Por qué no dar el salto?'. Mi entrenador empezó a picarme. Me fui adaptando bien. Y decidimos tirarnos de cabeza. Lo preparamos tan bien que me llevé aquel oro. Era el sueño que llevaba persiguiendo desde niña. Y cuando ya tuve ese sueño, quise otro, que era ser madre y formar una familia. Iba a ser un hijo, y vinieron cuatro. El parón se fue alargando. Llegó el Covid. Los JJOO de Tokio se retrasaron. En cualquier caso, tenía que haber ido a aquellos Juegos, pero decidieron dejarme fuera por temas federativos. Ahí hubo también un parón grande, porque me llevé un chasco importante. Al día siguiente de nacer la tercera niña, me llamó alguien para decirme que no contaban conmigo. Que quedaban cinco meses para los Juegos. Yo había estado entrenando durante todo el embarazo. El Comité Internacional me invitaba por ser la vigente campeona olímpica, pero me quedé en casa. Sin beca. Sin baja. Sin nada. De repente, se me acabó todo.

Cuando se acaba todo, siempre hay que buscar una salida.

Escogí, en silencio, apartarme. Darme tiempo. Tuve otro niño, el pequeño. Y justo después decidí volver. Por mí, aunque tenía dudas de que pudiera volver a ser la misma atleta. Más aun después de cuatro maternidades. Pero también lo hice por mis hijos. Qué cosa más bonita podía haber que transmitir todo aquello. Fue el motor.

¿Sigue pensando mucho en lo que le ocurrió en los pasados Juegos de París? Pasó de ser una deportista casi anónima a pesar de los éxitos, a ser muy conocida por una decisión que todavía parece incomprensible. [Elena Congost y su entonces guía, Mia Carol, perdieron el bronce pese a haber acabado en tercera posición la prueba de maratón T12; los jueces entendieron que habían violado la norma al haber soltado la atleta la cuerda después de que su guía, incapacitado por los calambres, estuviera a punto de derrumbarse a escasos metros de la meta].

Sigo pensando. Desde el principio de la maratón ya fueron pasando cosas. En el primer kilómetro yo ya noto que la cuerda que nos une a Mia y a mí tira más de lo normal. Le decía: 'Mia, ¿qué haces?. Y respondió: 'Nada, que me estoy tomando un Enantyum'. Y eso era el kilómetro 1 de una maratón, que son 42. Y ya fue... Uf. Pero él me decía: 'Tranquila que llegamos'. Continuamos a un ritmo normal, hasta que en el km. 30 Mia me dijo: 'Elena, tengo rampas y no puedo. Necesito que aflojes el ritmo porque me voy a caer, que no aguanto'. Entonces, con toda la sangre fría del momento, tuvimos que decidir que íbamos terceros, que no nos atraparían, y que había que proteger esa medalla. Y llevando el ritmo que él pudiera llevar. Lo que no nos esperábamos es que a falta de 10-15 metros de la meta, a Mia le dieran calambres en las dos piernas a la vez. Amagó con caerse. Hice un movimiento brusco para ayudarlo... Al final, la cuerda que nos unía tenía una medida estándar. Es una goma que se escapa de la mano. Ese fue el movimiento que hizo que nos descalificaran.

Elena Congost llora con su guía Mia Carol al cruzar la meta.

Elena Congost llora con su guía Mia Carol al cruzar la meta. / Javier Etxezarreta / EFE

¿La cuerda se suelta un segundo?

Un segundo. Porque enseguida la volví a coger. Sí que fui consciente de que se había escapado, pero en el momento no nos habían descalificado. No había pasado nada. Fue cuando llegó la cuarta atleta, una japonesa que venía a bastante distancia (Misato Michishita), cuando su federación reclamó. Lo primero que pensé fue: 'Qué vergüenza, no vuelvo a mi casa'. Había ido a ganar una medalla, había trabajado para ello y lo había hecho muy bien, pero, de repente... Se me había acabado la carrera deportiva. Porque no tenía resultados. No tenía beca. No podría seguir dedicándome a esto. Fue el palo más grande, porque siempre había pensado que me retiraría el día que yo quisiera o lo decidiera. Pero no por una decisión arbitral, y totalmente injusta, tenía que desembocar en el final de mi carrera.

Cuando lloraba era porque atisbaba que podía ser el final, no por perder una medalla.

No, porque la medalla al final la tienes en una vitrina. Tienes el momento bonito del podio, pero la medalla es algo físico que tú llevas en tu corazón. No sé si es porque los deportistas tenemos un nivel de resiliencia muy grande, pero supe darle la vuelta de manera muy rápida. Y lo que en un principio fue un drama, con el paso de las horas y los días vimos que, a nivel mediático, se estaba haciendo muy grande. Empezamos a recibir muchísimo cariño. Comenzaron a abrirse oportunidades. Me empecé a dar cuenta de que me estaba convirtiendo en un foco de atención muy grande. También fue difícil de gestionar. Pero la tristeza y la rabia cambiaron por agradecimiento. Al final ahora, después de un año, veo que fue una oportunidad. Que quizá tenía que pasar eso ese día para después tener oportunidades.

Se le castigó por socorrer. Es un contrasentido.

Por suerte los Juegos Paralímpicos se ven cada vez más por lo que son: deporte de alto rendimiento. Pero esa norma va en contra del espíritu olímpico. Ayudar es ayudar. Al aplicar la norma tenían que haber mirado el contexto, y no tomar esa decisión.

Está siguiendo un recorrido legal en los tribunales ordinarios de París.

Se presentó la querella antes de la pasada Navidad, y hemos recibido una notificación por la que el próximo 23 de marzo tendremos una vista en París.

¿Es optimista?

Yo sé que Jean-Louis Dupont [el abogado que lleva su caso, popular por el 'caso Bosman' que revolucionó el fútbol europeo] luchará al máximo. Tiene un equipo muy potente y no han dejado de trabajar. Lo que nos toca a nosotros es seguir corriendo, primero, para quitarme esa espinita. Y después para devolverle al Comité Paralímpico y a todo el mundo que me ha apoyado ese futuro resultado que ojalá llegue.

Barcelona 26/11/2025 Deportes. Elena Congost,doble medallista paralímpica a la que fue arrebatada la medalla en los pasados JJOO de París y que ahora lucha contra el cáncer. AUTOR: JORDI OTIX

Elena Congost, doble medallista paralímpica a la que fue arrebatada el bronce en los pasados JJOO de París. / Jordi Otix / EPC

En mayo de 2025 anuncia que tiene cáncer. ¿Recuerda el momento del diagnóstico?

[Suspira]. Ha sido un año muy convulso. Mucho. Llegué a París, con todo lo que me costó. Después, mi deseo era quedarme embarazada. Lo conseguí, pero tuve un aborto. Me volví a quedar embarazada. Y a principios de año me dijeron que la criatura no estaba bien, que tenía que tomar una decisión. Y tuve que abortar. Interrumpí el embarazo cuando estaba a mitad. Con lo que eso conlleva a nivel emocional. Y un mes después me diagnostican un tumor en el nervio óptico. Yo tenía dolor, molestia. En ningún momento te planteas que puede ser eso. [Respira profundamente, y continúa]. Llegó como un jarro de agua fría. Sí que los deportistas estamos hechos de una pasta muy especial, y sabemos gestionar esa incertidumbre, ese miedo. No es el mismo tipo de miedo que tienes en la competición, pero sí tienes esa coraza protectora.

¿Cómo fue el proceso?

En el primer momento decidí no decir nada a nadie. Me informé mucho. Visité a muchos médicos. Una amiga me consiguió el contacto de un médico que se dedica a acompañar en procesos de enfermedad oncológica. Gracias a ella, y a ese contacto, consigo ponerme en manos de muy buenos profesionales. Y a partir de ahí es ir trabajando, ir confiando.

Tuvo una intervención quirúrgica.

El pasado verano. Más sencilla de lo que nos podíamos imaginar. Pero la vida es confiar en las personas que te acompañan. Yo cada día intento llevar la vida lo más normal posible. Entreno. El deporte es lo que me mantiene serena. Entrenando me olvido del mundo, de todo. Me centro en mí, en mi cuerpo, en esforzarme. Me ha ayudado mucho a centrarme.

Cuando tienes cáncer, ¿es posible domar el miedo?

No, creo que no. El miedo no es por mí, sino por mis hijos. Son muy pequeñitos. Y piensas: 'Si a mí me pasa algo, ellos dependen de mí'. Hay más personas, pero la madre es la madre. Y piensas en ellos.

Son demasiado pequeños.

No les he hablado en ningún momento sobre el tema. Ellos saben que a lo mejor un día te encuentras bien, otro día no. O te preguntan y les dices: 'No me pasa nada, cariño'. O a veces estás con ellos y se te están cayendo las lágrimas. No eres de hierro. Y siguen: 'Mama, ¿qué te pasa?'. Y tú continúas: 'Nada, nada'. Intentas trampear. Pero tienes las emociones a flor de piel.

¿Qué tratamiento ha seguido en estos últimos meses?

Después de la operación, inmunoterapia. Es por lo que estamos apostando. Hay muchas investigaciones nuevas. He decidido confiar. También, vitamina C. Los profesionales que me acompañan han abierto una vía de investigación, y parece que por ahí puede ir el futuro para la curación de enfermedades de este tipo. Siempre he sido bastante alternativa con la sanidad, con el tema de los medicamentos, las vacunas. Siempre he tenido esa guerra interna.

¿Hizo quimioterapia?

Muy al principio. Después, no. Si tienes unos valores, considero que tengo que seguirlos. Y es lo que he hecho.

En algún momento, durante este proceso, uno es cada vez más consciente de que la enfermedad puede acabar contigo.

Lo piensas, lo piensas. Pero también te lleva a valorar mucho cada pequeño detalle, cada día, cada vivencia. A vivir al máximo los momentos con tus hijos o el deporte. Más que pensar en que esta enfermedad puede acabar conmigo, aterrizas. Y te das cuenta de que la vida es finita. Y que en cualquier momento, cualquier día, cualquier hora, algo te puede pasar que trunque el camino. Te hace ser muy consciente de que a veces damos todo por hecho, nos pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo, quizá no valoramos tanto las cosas... Y de repente te dices que, al final, es el 'ahora' lo que importa.

Barcelona 26/11/2025 Deportes Elena Congost,doble medallista paralímpica a la que le fue arrebatada la medalla en los pasados JJOO de París y que ahora lucha contra el cáncer. AUTOR: JORDI OTIX

Elena Congost, doble medallista paralímpica a la que fue arrebatada el bronce en los pasados JJOO de París. / Jordi Otix / EPC

Hábleme de un sueño.

Mi sueño siempre había sido deportivo. Lo cumplí. También el de tener una familia. Ahora tengo el sueño, el deseo, de tener más hijos. Mi hija mayor tiene siete años; la siguiente, seis; el tercero, cuatro años; y el pequeño, dos. Se llaman Arlet, Abril, Ona y Lluc.

Cuando tiene que ir a competir y viaja, deben echarle mucho de menos. Y usted a ellos.

A mí me cuesta muchísmo separarme de ellos. Sé que están bien, felices. Pero que te vayas de viaje y tus hijos, a escondidas, te pongan una nota en la maleta que pone: 'Te quiero mami, te echaremos en falta'. Pues.. Uf. Te rompe el corazón. Lo mejor de mi vida son ellos.

¿Qué es la felicidad?

Yo creo que no existe la felicidad. Tenemos etapas mejores, peores. La felicidad para mí es hacer lo que tú deseas, lo que te sienta bien, y no contradecirte. Y no hacer las cosas por quedar bien con los demás. Mi pasión es el deporte, pues yo lo voy a dar todo por vivirlo al máximo. O si yo creo en algo concreto en la medicina, pues voy a ir hacia allí. Actuar conforme a tus valores es lo que te da la serenidad, la paz. Estar tranquila. Eso es la felicidad.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents