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fútbol | Primera División

El Barcelona se consolida en el liderato

El Atlético, que se había puesto 0-1, apretó hasta el final | Baena y Olmo se lesionaron tras marcar

Raphinha celebrando su gol, anoche, ante la afición del Barcelona. |  Enric Fontcuberta/Efe

Raphinha celebrando su gol, anoche, ante la afición del Barcelona. | Enric Fontcuberta/Efe

Francisco Cabezas

Barcelona

El Barça lleva una temporada pasando las de Caín. Los jugadores caen, se levantan, y vuelven a caer. Su presidente afronta los mil y un líos de siempre. Y Hansi Flick, al que se sobreanaliza sin reparar en todo cuanto hizo, promete, y con razón, que su equipo no es un cualquiera. Lo demostró con su formidable triunfo ante un equipo tan bien parido como el Atlético. La victoria, que zanja el miedo provocado por las caídas ante el Real Madrid, el PSG o el Chelsea, da derecho a los azulgrana a pensar en grande. Y a liderar con convicción esta Liga. No es poca cosa.

Es Raphinha el jugador que determina el plan de Flick, porque es el brasileño quien reinterpreta su propio caos. En el 1-1, con el Atlético aparentemente ordenado, Raphinha asomó en un lugar donde nadie le esperaba. Él estaba donde su intuición le decía, toda una bendición para que Pedri desgarrara la tela de araña. Ya haría el resto su capitán sentando a Oblak.

El partido, en cualquier caso, encontró en la supervivencia su gran hilo conductor. Nunca se rindió el Atlético. Siempre se mantuvo en pie el Barça, aunque acabara el partido con Christensen como tercer central.

Flick no había podido alinear al febroso De Jong. Así que tuvo que ser el enmascarado Eric el que ocupara el lugar que Flick se resiste a conceder a Casadó o Bernal. Atrás, con Gerard como pareja de Cubarsí, algo se mejoró. Aunque fue este último quien rompió el fuera de juego que permitió al Atlético tomar el primer gol del partido. Un gran pase del recuperado Nahuel, y Baena, exhibiendo esa clase que en el Atlético tanto le está costando lucir. No fue a más porque acabó lesionado.

Como en tantas otras ocasiones, no le sentó bien a Simeone ponerse por delante y sentir la tentación de echarse atrás. Fue en ese tramo cuando el Barça más se gustó. Y si no pudo cerrar ese primer acto en ventaja fue porque Lewandowski acabó las frases sin poner el punto final. El delantero polaco volvió a mostrarse dubitativo en la suerte del penalti. Chutó a las grúas de un Camp Nou que no pudo contener un bufido.

Olmo no quiso irse sin reclamar el foco. El remate con la que derrumbó al Atlético confirmó su episódica recuperación para la causa. En esa misma acción se fastidió el hombro.

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