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Fútbol | Liga de Campeones

La cabeza de Koundé rescata al Barça

Doblete del defensa francés en un partido con incidentes de los aficionados alemanes

Koundé anota uno de sus goles. |  Joan Monfort

Koundé anota uno de sus goles. | Joan Monfort

Francisco Cabezas

Barcelona

Koundé se había suspendido en el aire, con el cuello torcido, para marcar por segunda vez y coronar en tres minutos el levantamiento del Barça frente al Eintracht. Entonces, a uno de los cafres que poblaban el sector de la afición alemana se le ocurrió lanzar una bengala encendida a los aficionados azulgrana. Mientras el fuego rojo ardía, toda clase de objetos fueron arrojados hacia abajo con total impunidad. Es la UEFA la que permite que el 5% de las entradas sean para los aficionados rivales. Desde el palco, y con un canapé entre pecho y espalda, esas cosas no deben dar miedo.

Pudo al menos la hinchada azulgrana darse el gusto de ver cómo el Barça salvaba una complicadísima noche que, por momentos, hizo recordar el tormento de 2022, cuando el Eintracht se sacó de encima a los azulgranas en la Europa League. Era tal el temor por que se repitiera aquel esperpento, cuando más de 30.000 hinchas alemanes convirtieron el Camp Nou en un Biergarten, que el Barça hizo cuanto pudo por controlar la situación y enjaularlos a casi todos (unos 2.400), aunque ello conllevará no llenar todas las plazas disponibles de su estadio en obras.

Los resultados van ligados de manera íntima a la gestión del vestuario. No lo tiene fácil Hansi Flick, especialmente con sus vacas sagradas. Tiró de meritocracia con Eric Garcia por mucho que Frenkie de Jong, recurso en la nana del segundo tiempo, estuviera ya a su disposición. El neerlandés, en siete temporadas con el Barça, tiene una hoja de servicios de cero goles y una asistencia en Champions. Fue más preocupante la decisión tomada por Flick respecto a Lewandowski, que tocó diez veces la pelota en el primer acto. La buenaventura goleadora de Ferran Torres exigía algo más de tacto.

El ultradefensivo Eintracht, que había llegado a Barcelona sin arietes (están lesionados Burkardt y Batshuayi), tuvo claro que fiaría su suerte a las carreras de Knauff, que acostumbra a jugar de extremo. Fue suficiente para que marcara en el primer chut a puerta.

Flick, con un cabreo de aúpa al acabar el primer tiempo, supo corregirse a lo grande en la reanudación incorporando a Rashford por Fermín. El movimiento fue clave. El inglés, al que le sobra clase para ser importante sin espacios, amaneció brindando una rosca portentosa que Koundé cazó lanzándose en plancha. Tres minutos después colorearía el francés su faena, otra vez con su pelo ensortijado como estaca, y completando su primer doblete de siempre. Y homenajeando, sin saberlo, a Jorge Ilegal el día que se fue con la música a otra parte. «Soy un macarra, soy un hortera. Voy a toda hostia por la carretera».

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