Fútbol | Primera División
La intrahistoria de la guerra Florentino Pérez-Joan Laporta
Los presidentes del Real Madrid y el Barça elevan la virulencia de sus intervenciones, sin citarse mutuamente, escenificando una ruptura que empezó a fraguarse hace dos años

Florentino Pérez y Joan Laporta, en el palco del Bernabéu. | EP
J. Domenech/F. de la Calle
Florentino desenterró el hacha de guerra y Laporta, a quien no le falta arrojo, aceptó el combate. La dialéctica tomó una virulencia insospechada hace un par de semanas entre los presidentes del Madrid y el Barcelona, que mantenían una concordia tan elogiable como inusual en la historia entre los clubes.

Laporta, Ceferin y Al Khelaifi. | EFE
Empezaron el año abrazados y lo terminan peleados. Sin embargo, al dirigente blanco no se le ha escuchado nombrar a Laporta y este no ha señalado a su homólogo. Las ofensas no son personales. Aún. Pero la espiral ha crecido. Laporta ha pasado de diagnosticar de «barcelonistis aguda» a Florentino y sus acólitos a englobarlos en quienes «confunden el poder con el despotismo, no ilustrado, los que practican el cinismo y tienen una prepotencia desproporcionada».

De Burgos Bengoetxea y González Fuertes. | EFE
El arma de ataque que blande el Madrid es el caso Negreira, asunto que hiere al Barça desde que se descubriera el escándalo de haber pagado casi 8 millones al antiguo vicepresidente del CTA, José María Enriquez Negreira.
Florentino hurga en la herida desde que el Madrid se personara en el juzgado como acusación particular en marzo de 2023 y presunto perjudicado, con lo que tiene información directa de lo que se sustancia en el juzgado para utilizarlo. Es una tradición que, a cada revés del equipo blanco o cada éxito azulgrana, le sucede un rebrote de supuestas novedades en la investigación.
El Madrid no tiene ninguna prisa para que concluya la instrucción judicial por el desgaste de imagen que genera al Barça «la campaña permanente de desprestigio» al azuzar el nombre de Negreira, como verbalizó el jueves por la noche Laporta. A la vez, sirve a Florentino para victimizar al club blanco y dotarlo de una coartada casi perfecta para explicar el vapuleo deportivo.
Cabe recordar, en los orígenes de la última campaña, que al Madrid campeón de Liga y de Champions de 2024, se incorpora Mbappé, y que a un Barça en crisis que despide a Xavi sin títulos le sustituye Flick con una colección de canteranos.
Durante el transcurso de la temporada, el Barça humilla al Madrid en el Bernabéu (0-4), le atomiza en la Supercopa (2-5), le vence también en la final de la Copa (3-2) y vuelve a derrotarlo en la Liga (4-3) para llevarse el tercer título.
Sin intervenir, pero utilizando sus medios propios (Real Madrid TV), Florentino ha desarrollado una estrategia de difamación contra todos los árbitros, acusando de una supuesta parcialidad que explicaría los malos resultados del equipo. Incluso llegó a boicotear la final de Copa amagando con no presentarse.
De Burgos Bengoetxea, el árbitro principal, se quejó de la presión que sufrían y González Fuertes, el del VAR, afirmó que tomarían medidas para que acabara el acoso de la televisión blanca. Florentino, por personas interpuestas, interpretó que esas amenazas eran la prueba de la persecución arbitral contra el club.
Aún dura esa ensoñación. «El bodrio de televisión que tienen, que sólo vomitan mentiras e intoxican de manera constante y permanente», según la descripción de Laporta a Real Madrid TV, achacó que no se le pitara un penalti a favor el domingo (Alavés-Madrid, 1-2), porque el árbitro era catalán (Víctor García Verdura) y que el VAR fuera González Fuertes, el colegiado que «amenazó» al club en La Cartuja.
Esa vía de crítica al estamento abitral sigue viva - «esto es la mugrienta Liga Negreira, el Madrid compite con los brazos atados», se escuchó decir, pese a los cambios operados en la cúpula del C TA. Por dos motivos: porque el Barça ha vuelto a colocarse por delante en la tabla (salió del Bernabéu con cinco puntos menos y ahora es líder con cuatro puntos más) y porque Laporta ya no es un aliado de Florentino en el proyecto de la Superliga.
El Barça abandonó al Madrid en la competición rupturista que promovían, acercándose al poder. Al que encarna la UEFA, con su presidente Ceferin, y la European Football Clubs (EFC), la asociación de clubs que gobierna Al-Khelaïfi, a la vez presidente del PSG. Los tres estuvieron en el palco de Montjuïc.
Antiguos aliados del Real Madrid, Florentino se ve ahora separado de ellos y aislado. Y dolido por la jugada de Laporta, a quien trató con respeto y benevolencia en los peores momentos en los comienzos del mandato, con el Barça arruinado, y del que habla ahora con indisimulado despecho. Sin citarle.
«No es normal que el Barcelona haya pagado al vicepresidente de los árbitros más de 8 millones durante 17 años cualquiera que sea el motivo. No es normal. A alguien que comunicaba los ascensos y descensos de los árbitros, periodo que coincide con el mejor periodo de resultados del Barcelona», dijo Florentino a la asamblea de socios compromisarios del Madrid el 22 de noviembre. El dirigente hizo una comparativa en el saldo de expulsiones que acreditarían «la subjetividad» de los árbitros, supuestamente acreditativa de la conexión Barça-Negreira.
Al día siguiente de la derrota ante el City en la Champions, el pasado 15 de diciembre, el discurso de Florentino en la copa de Navidad no reservó una sola palabra al equipo o a los proyectos del club. «La mayor preocupación del Madrid es la situación arbitral», adelantó. «La situación gravísima ocurrida con el caso Negreira durante casi dos décadas merece justicia. Es incomprensible que las instituciones hayan dejado solo al Madrid en esta lucha. ¿Cómo es posible que el presidente de los árbitros nos pida que lo olvidemos? ¿Cómo vamos a olvidar el mayor escándalo de la historia del fútbol?», preguntó al aire.
Laporta le respondió tres días después. En el ágape navideño de los empleados del Barça en el Palau Blaugrana. Camufló las alusiones a Florentino usando el plural. Con mayor vehemencia, improvisando, hasta el punto de reconocer: «Me he desahogado un poquito».
El presidente azulgrana, ya en campaña electoral, acusó a los rivales de tener «envidia» al ver que el Barça «vuelve a estar fuerte» y en camino de construir «una etapa esplendorosa». El madridismo, o parte de él, a juicio de Laporta, «intenta borrar la historia, desvirtuándola» por los éxitos cosechados durante el primer cuarto de siglo.
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