Fútbol | Primera División
Fermín culmina la fiesta de Garcia
Lewandowski y Olmo marcaron para un Barça al que el portero mantuvo vivo
Francisco Cabezas
Es este un tiempo en que un dictador estadounidense con la cara naranja captura a otro sátrapa, venezolano éste, con el chándal Nike. Y el fútbol, que es el circo con el que las masas se entretienen mientras el mundo se va al garete —EEUU, sí, es quien monta el próximo Mundial—, pues va a lo suyo. El monumental partido que enfrentó a un gran Espanyol frente a un Barça gris hasta que lo rescataron Fermín, Olmo y Lewandowski encontró en Joan Garcia a su gran protagonista. Dignificó este deporte, y también el derbi, sin hablar, haciendo bien su trabajo. Joan, silbado e insultado, demostró que incluso en las situaciones más complicadas conviene mantener la cordura. Recordará por siempre su parada a Pere Milla, a un metro del rematador, o su robo a Roberto con las uñas, ya desde el suelo.
En la hondonada de Cornellà, fuera del estadio, ardían las camisetas de Joan Garcia. Ya en el estadio, había quien llevaba consigo folios con ratas pintadas y billetes con la cara del portero. Ya dentro del estadio, claro, los insultos. ‘Ambiente hostil; o ambiente de derbi’, que se diría en el lenguaje del fútbol. Nada fue más allá.
Hansi Flick no jugó bien sus cartas, quizá condicionado por el estado físico de Pedri, suplente de inicio. Flick a amontonó cuatro delanteros en el once, con Raphinha desplazándose a la mediapunta —donde se encuentra del todo desubicado— para hacer un sitio en la izquierda a Rashford.
Fue Manolo quien mejor entendió el partido. Después de un primer tramo en que echó a sus futbolistas a presionar en campo rival, mandó a sus hombres a resguardarse viendo que Flick había vaciado el centro del campo.
El foco estaba al otro lado del océano. Venía Joan Garcia de sacar a Roberto un remate franco. No contento con ello, empujó a su compañero Gerard Martín para que fuera su cuerpo quien detuviera el siguiente remate. Lo mejor estaba por llegar, con esa mano derecha de hierro que sacó a Pere Milla, un robo a Roberto, otra parada más al ariete en el segundo acto y una última a Romero.
Flick encontró la solución que necesitaba en el empeño de Fermín, pletórico en un crepúsculo fatal para el Espanyol. Primero fue Olmo quien lució su golpeó con pie de bailarín. Después Lewandowski sentenció mientras los objetos caían al césped. Flick no encontró mejor manera de celebrarlo que abrazando a Joan Garcia. Fue su derbi.
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