Fútbol | Supercopa de España
Una tormenta en el desierto
El equipo de Flick alcanza la final de la Supercopa dibujando una goleada escandalosa

Lamine abraza a Unai Simón al final del partido. / Kai Forsterling
Sergio R. Viñas
Nunca fue un gran jugador de póker Ernesto Valverde. Al Txingurri, al que la ciudad de Yeda le trae pésimos recuerdos, pues aquí vivió su último partido al frente del Barça antes de que Bartomeu le decapitara para sacar a Quique Setién de su retiro agreste en Cantabria, se le percibía el pesimismo en el rostro el día antes de la semifinal. En verdad, tenía motivos para la mueca, pues el sentido común no concedía demasiadas oportunidades a este errático Athletic frente a un rival que, cuando acelera, es pura dinamita. Pero dicta el tópico, pese a todo, que los partidos hay que jugarlos. El problema para los vascos fue que el de anoche solo lo jugó el Barça. Le bastó, de hecho, con hacerlo durante un cuarto de hora de la primera mitad, un tramo de puro éxtasis azulgrana, con cuatro goles amontonados uno tras otro. Una goleada colectiva con mil padres, ninguno de ellos Lamine, en el banquillo tras no entrenar en la previa. No necesitó a su adolescente estrella el Barça para masacrar a un Athletic lastimoso en su fútbol y con una preocupante falta de amor propio para, al menos, resistirse a la claudicación frente a una tormenta de fútbol en el desierto, para delirio de los fervorosos aficionados locales, más culés que nadie.
Justo después del descanso, Raphinha marcó el quinto y, ahí, un desesperado Valverde ya arrió la bandera blanca, cambiando a jugadores importantes como Iñaki Williams y Sancet, pensando ya en futuros partidos. Nico, el gran foco de los pitidos locales, ni siquiera calentó, mermado como lleva varias semanas. No merecía la pena.
Poco después, Flick hizo lo mismo con Raphinha o De Jong mientras los saudíes hacían la ola, con el acicate de ver a Lamine en vivo los 20 minutos finales. Tampoco hacía falta, pero el alemán quiso darle rodaje al extremo. Fue todo ese tramo final a título de inventario, con el Athletic de luto, incapaz de marcar siquiera el del honor, y el Barça pensando ya en una final contra el Atlético o el Madrid a la que, pase lo que pase hoy, llegará como favorito.
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