Xabi pierde, compite, sobrevive
La continuidad del tolosarra sigue en el aire tras una derrota que no da para que Florentino le despida de inmediato ni le respalde hasta final de campaña
Fermín de la Calle
No se recuerda una agonía como la de Xabi Alonso en el Real Madrid. La travesía de un entrenador sentenciado por el presidente desde aquel 26 de octubre en el que Vinícius le afeó su sustitución en el clásico del Bernabéu y Florentino se puso del lado del brasileño. Desde entonces, hace 77 días, la táctica de Alonso ha sido salvar su puesto, jugar cada partido como el último, lo que le ha llevado a ancelottizarse ante un vestuario que le ha zancadilleado hasta arrodillarlo.
Xabi dejó de «mear con la suya», como le recomendó Guardiola, y lo hizo con «la» del presidente y la de los jugadores. Desapareció cualquier atisbo de lo prometido por el tolosarra. Ni presión alta, ni juego proactivo, ni rotaciones, ni meritocracia… Y con ello Xabi ha ido cavando su propia fosa.
Este clásico amaneció raro. Para empezar el Real Madrid filtró que Arda era titular, pero el turco arrancó en el banquillo con Gonzalo en el once. Tchouameni calentó como centrocampista, pero ejerció de central con Hujisen empujando a Asencio al lateral. No extrañaba en este Madrid tan caótico desde hace meses. Desde que Rudiger se encaró con un ayudante de Xabi en un entrenamiento, o desde que Florentino, cansado de ver a los jugadores pasearse en los partidos, ordenó el regreso de Pintus y la vuelta de Nico Mihic para dirigir los servicios médicos blancos. Las espantadas de Mbappé ante el City y el Atlético, la oscura lesión de Hujisen, la plaga de los centrales… Todo ha enturbiado más el ambiente.
El Barcelona planteó el partido con la pelota y el Madrid, con los espacios. Táctica de equipo pequeño al reconocerse inferior; algo que, en el hábitat madridista, solo valía como coartada siempre que ganase. Pero jugar así ante el Barça de Flick es dispararse en una pierna. La pizarra de Xabi caducaba con el primer gol culé. A los 35 minutos ocurrió lo inevitable cuando Raphinha, a quien Xabi pone de ejemplo a Vinícius por su compromiso, abrió la lata. Media hora tardó en caerse la careta a un Madrid a cuyos jugadores ni les gusta defender ni saben hacerlo.
El gol de Raphinha sentó como unas banderillas a Vinícius, que, 18 partidos después, realizó una jugada monumental. Segundos más tarde los centrales blancos enseñaron sus costuras y en la siguiente jugada Gonzalo empató en un córner. Y en la segunda parte, con el partido en el alambre, Raphinha volvió a echar por tierra el esfuerzo blanco. El Real Madrid perdió no siendo el equipo grande que solía ni el equipo moderno que se prometió con el desembarco de Xabi en mayo. Una victoria agónica ante el Atlético y una derrota igual de agónica ante el Barça sellan el periplo blanco en esta Supercopa.
En sala de prensa Xabi trataba de ser optimista y de justificarse sin ofrecer un análisis futbolístico especialmente brillante: «No estamos contentos con el resultado, pero sacaremos buenas conclusiones para lo que queda de temporada. Hemos estado muy cerca de poder empatar y hemos sabido competir al Barcelona. Estábamos controlando bien, aunque había fases en las que no teníamos el balón. Hemos dado la cara. La segunda parte ha sido muy ajustada y hemos empujado teniendo ocasiones, pero no ha podido ser. De las competiciones que tenemos era la menos importante».
Haces unas semanas, después de la derrota en el Bernabéu ante el Celta, convencieron a Florentino para no despedir a Alonso. El Madrid ha competido en la Supercopa, pero ha vuelto a salir derrotado. Bellingham es una sombra de lo que era, Guler es intrascendente, Mastantuono es irrelevante, Huijsen genera muchas dudas, Trent ni está ni se le espera… Este Madrid no mira al futuro porque vive encadenado al presente.
Así que la continuidad del entrenador pende de la paciencia de un presidente que nunca ha estado enamorado de su propuesta ni de su forma de gestionar el equipo. La agonía de Xabi en el Madrid sigue. Hasta que Florentino se canse de este fútbol que más que alegrías genera úlceras en sus seguidores.
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