BARCELONA - BETIS (3-1)
El Barça regala una victoria a un emocionado Lewandowski, que se despide sin poder marcar
El delantero polaco apenas dispuso de ocasiones para contribuir al triunfo de los azulgranas sobre el Betis (3-1)

Lucía Feijoo Viera
Robert Lewandowski se despidió del Camp Nou de una manera inusual. Dijo adiós a su gente de los últimos cuatro años sin marcar un gol. El Betis europeo no le permitió marcharse ampliando la colección de dianas con la camiseta azulgrana. Fue sustituido a menos de diez minutos para el cierre y salió del césped llorando, abrazado por todos el equipo y coreado su nombre con fuerza. Se marcha de su lugar en esta Tierra, como dijo en su comunicado. Se le recordará. Un goleador descomunal. Al menos puso el colofón con una victoria (3-1).
Su nombre fue aplaudido antes de que empezara el partido. Correspondió a la efusividad y se puso a correr y perseguir una última misión, un tanto más, el 120, un colofón a la altura de su fama. En la primera jugada de ataque Fermín le buscó para un remate interrumpido por la defensa del Betis. No le llegaron muchas al polaco, capitán para la ocasión.
Se acercaron más al gol Fermín y sobre todo Raphinha, que se construyó ocasiones con el nervio que tanto se ha echado de menos en las citas importantes del presente curso. Ocupó el brasileño la posición de Lamine Yamal, pegado a la cal de la derecha, la suya de antes. Álvaro Valles le detuvo dos disparos pero se desorientó de forma extraña en el lanzamiento de la falta con barrera que subió el 1-0 en el marcador.
De repente, al Barça le entran las faltas directas. Rashford contra el Madrid y este domingo, Raphinha. El primer gol de golpe directo del brasileño desde que viste de azulgrana. Un recurso desenterrado de las catacumbas del olvido. Festejó un Camp Nou con el espíritu alegre, relajado por el resultado y dispuesto a recordar la condición de campeón con cánticos al respecto aquí y allá.
Volvió a celebrar en la segunda parte cuando Raphinha aprovechó un error patoso de Bellerín para colocar el 2-0. Tuvo, quizá, oportunidad de regalar la asistencia a Lewandowski, que le dobló por la espalda, pero el disparo era demasiado tentador. Gol y sustitución. Sueldo ganado.
Lewandowski, un futbolista capital en la reconstrucción del Barça post-pandemia, que hizo quedar mal a los que opinaron que su contrato se le haría largo al club al fichar con 33 años, trató de entrar en juego, pero le costó. Cuando el encuentro tuvo ritmo, sobresalieron Fermín y Raphinha; cuando perdió burbuja, en la segunda parte, apenas tocó el balón. Anotó antes Cancelo que él, el segundo desde que volvió al Camp Nou, ubicado el portugués en la posición de extremo izquierdo. Un gol que aseguró la decimonovena victoria en casa de la temporada. Pleno total.
Su mejor oportunidad llegó a falta de ocho minutos. Se revolvió en el área y fusiló con la izquierda. El balón se le fue alto. Inmediatamente fue reemplazado por Marc Casadó. Y él se puso las manos en la cara. Le saltaron las lágrimas, y más cuando todo el equipo, los otros 10 jugadores, formaron una piña a su alrededor. Momento sentimental de intensidad. Se sentó en el banquillo, pero se vio obligado a levantarse en varias ocasiones. El público tenía ganas de corear su nombre. Bonita despedida del estadio.
Sobre el Camp Nou, avanzarán sustancialmente las obras en verano. El socio volverá sin novedades en cuanto a la capacidad hasta bien empezada la temporada. En algún momento antes de Navidad se abrirá todo el Lateral y un tercio de los dos goles de la tercera gradería. Más gente, más ojos para un nuevo delantero centro. ¿Julián Álvarez? ¿Joan Pedro? ¿Oshimen? A saber. No será Lewandowski. Deja unos zapatos grandes de llenar.
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