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Fútbol

A Coruña se deja la piel por España: «Silencio, se juega la final del Mundial»

Miles de personas abarrotaron la plaza de María Pita para disfrutar del partido en comunidad ante la pantalla gigante instalada por el Concello

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A Coruña

«Silencio, España juega la final del Mundial». Esa fue la premisa en María Pita nada más sonar el pitido inicial del encuentro entre el combinado de Luis de la Fuente y Argentina. El bullicio que resonó en las calles de A Coruña durante toda la tarde, se diluyó durante los primeros minutos del partido, en los que los miles de seguidores españoles que se congregaron en la plaza del Concello coruñés contuvieron el aliento tratando de asimilar lo que estaban viendo. No fue hasta las primeras ocasiones de Lamine Yamal que la marea roja —y blanca, dado el éxito de la segunda equipación de la actual Copa del Mundo— pareció despertar de su letargo. Sonaron los primeros aplausos colectivos. Los primeros «España, España». Y comenzó a corearse el clásico «Yo soy español».

Así era el ambiente en A Coruña al terminar el partido de España y proclamarse campeona del mundo

Casteleiro / RAC

Comunión absoluta

Un crisol de generaciones siguieron con atención cada detalle de la gran cita ante la pantalla. Grandes y pequeños, mujeres y hombres, bebés y ancianos. Quienes sabían todo lo que había en juego, quienes soñaban con su primera estrella y quienes no se enteraban del todo de lo que estaba pasando, pero disfrutaban igual de la fiesta. De pais a fillos. Un lema tan manido en A Coruña y, a su vez, tan apropiado para describir la forma en la que se vive el deporte rey en la ciudad.

Las banderas al viento o atadas en la cintura. Las bufandas, pese a ser 19 de julio, alrededor del cuello. Y luego, claro, las supersticiones. Las camisetas favoritas, las imprescindibles, las de la suerte. A la espalda Pedri, Lamine y Ferran. Pero también Torres, Villa, Iniesta o Ramos. Donato, Raúl y Hierro. Patri Guijarro, Ona Batlle y Teresa Abelleira, porque La Roja no entiende de géneros. Y varias del Dépor, por supuesto. Porque el azar, para algunos, depende siempre del blanquiazul.

Nervios y promesas

«¿Cuánto va? ¿Cuánto queda?», eran las preguntas más repetidas. El tiempo corría. España no sufría, pero tampoco mataba el partido. Y María Pita se mordía las uñas. «Madre mía, como vamos a sufrir», declaraban dos aficionadas. «Hay que cruzar los dedos», señalaba una tercera. Llegaron la pausa de hidratación, primero, y el descanso, después, y la plaza continuaba llenándose. «Si ganamos, no vamos a trabajar», bromeaban dos aficionados, con fe absoluta en Lamine Yamal. «Queremos una noche tranquila, por favor», deseaban María y Nati. «En 2010 teníamos dos años, así que este es el primer Mundial que vivimos de verdad», aseguraba Hugo Bouzas. «Significa bastante para nosotros», apuntaba su amigo Iván Alvariño. La confianza, plena. ¿Y si España vence? «Nos rapamos, queda escrito».

La falta de ritmo que quiso implantar Argentina, con faltas, caídas e interrupciones, desesperó a María Pita, que abucheó al equipo de Lionel Scaloni y celebró cada tarjeta amarilla a la albiceleste. Las incisiones de Lamine y Cucurella, los dos jugadores más aclamados con mucha diferencia, calentaron las gargantas de la marea roja congregada en A Coruña. Y la entrada al partido de Merino, Pedri y Nico Williams terminó de prender una llama que no dejó de crecer con cada llegada sobre la meta del Dibu Martínez. Hasta que Ferran hizo volar todo por los aires. María Pita explotó, creyó, apretó y empujó a los once futbolistas que, más allá de los colores, volvieron a unir a un país que latió al mismo ritmo 16 años después, pese a que la pantalla y conexión dieran algún susto para firmar la anécdota divertida de la noche.

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