“Ni de broma”, contesta Elena Roca, entrenadora del CRAT. “Ya le he dicho que este año no cuenta”, responde Jos Portos, compañero de esta en el banquillo. “Yo sin ella no voy”, amenaza la internacional Mónica Castelo. “Lo que se merece es irse por la puerta grande, en el Mundial de Nueva Zelanda”, añade Roca. Todos hablan de la posible retirada de Paula Medín (Cambre, 1984), o más bien de Alevín, que como dice ella, en el rugby no hay nadie que le conozca por el nombre que sus padres eligieron para ella al nacer, “como mucho por Ale”, pero Paula ni una sola persona. Su apodo viene de que cuando empezó con 16 años era la más pequeña del grupo. Ahora con 36 es la veterana y aunque el mote estrictamente ya no tenga mucho sentido, le sigue acompañando. “Me lo llevaré a la tumba”, bromea. Esa edad la lleva en el DNI y no en las piernas. Solo hay que mirar los resultados del último test físico que hicieron en la selección española en el que fue la mejor. Pero es la que hace que se esté replanteando el dónde y el cuándo decir adiós. Iba a hacerlo este verano en el Mundial de Nueva Zelanda. Su aplazamiento a 2022 se lo pone cuesta arriba y todavía medita su decisión, debatiéndose entre el corazón y la cabeza. El mundo del rugby lo tiene claro y le pide, le grita, un año más de resistencia.

“El aplazamiento fue un palo bastante grande”, reconoce Alevín. “Para las jóvenes también, pero no tanto como para las que estamos a punto de la retirada. Para mí que hayan retrasado el Mundial un año es como un punto de inflexión. No sé muy bien lo que voy a hacer, tengo que sopesarlo mucho”, añade. Su condición física le permitiría tirar otro poco, aunque el cuerpo está bastante castigado porque el rugby ya es un deporte duro de por sí y encima le ha tocado enfrentarse prácticamente a una lesión grave por año, trabajando el doble para volver siempre mejor de cada una de ellas. Pero hora empiezan a pesar más otros argumentos, el trabajo como fisioterapeuta, la vida personal, las ganas de estar asentada sin tener que pedir permisos para marcharse cada poco tiempo a concentrarse con la selección, de aquí para allá. “Sé que se me haría muy duro estar así otros tantos meses, de concentración en concentración. Para ir yo tengo que pedir permisos en el trabajo, que gracias a que es en la sanidad pública me los dan sin ningún problema. Pero son muchos días fuera... a esta edad ya no te ilusiona como antes”, reconoce.

El camino ha sido largo y se acerca a su fin, bien este verano, bien el siguiente. La duda es si, después de dos títulos ligueros con el CRAT, seis de Europa con la selección —“son descafeinados, no somos las mejores de Europa, ojalá pudiéramos ir al Seis Naciones porque hemos demostrado tener más nivel que algunos de los países que están ahí”—, un diploma olímpico en Río y tres participaciones en Mundiales, añade uno, el más especial, en la meca de Nueva Zelanda, a la lista. Ella no lo tiene claro, pero si quiere tomar nota, aquí van unos cuantos consejos, que se ha cansado de oír en las últimas semanas, pero que ahora quedan por escrito, de la gente que le rodea y que ha sido partícipe de su paso de Alevín a doña Alevín.

La primera, Elena Roca, su entrenadora y a la vez su referencia. “Ella empezó con 16 en un momento en el que estábamos profesionalizándonos y que yo empecé a ir a la selección”, recuerda e incide en la capacidad de esfuerzo, sacrificio y trabajo que acompaña siempre a su primero compañera y ahora alumna aventajada. “Nunca se acomodó. Trabajó muchísimo, era de las que se venía a hacer físico por su cuenta antes de los entrenamientos. Se veía que iba a llegar a donde está porque es un portento”, enumera y subraya su capacidad de superación. “Es una maravilla tenerla”, resume, “y es una capitana con mayúsculas, un ejemplo y un referente”. Y es tajante. “Ni de broma” se retira antes del Mundial. “Vamos a cuidarla para que lo haga en Nueva Zelanda, porque es lo top y lo que se merece”, insiste desde la experiencia porque ella lo dejó en el Mundial de París 2014.

En Nueva Zelanda estará, si todo va bien, la también coruñesa Mónica Castelo, como fin de ciclo también o como parte del camino. Pero sea como sea quiere que Alevín esté a su lado. “Es que no me imagino ir al Mundial sin ella”, dice. “Yo la entiendo, son muchos años al máximo nivel. Es una decisión muy complicada, pero creo que si le damos unas vacaciones de dos meses, una pequeña desconexión, se encontrará con fuerzas marcando objetivos a corto plazo”, aconseja. “Para mí es un referente. Estaba deseando ir a la selección con ella y con Vanesa (Rial) y ahora sería muy especial cerrar el círculo deportivo juntas”, apunta.

Mientras, el otro entrenador del CRAT, que la define como “una crack”, “un portento de la naturaleza” y un “ejemplo para todas las próximas generaciones”, le dice que “este año no cuenta” y que entiende que “el cuerpo y la cabeza le estén pidiendo pasar a un segundo plano, pero que a poder ser que esto sea en Nueva Zelanda”.

La decisión que tiene que tomar Alevín es muy personal. Y sea lo que sea, nadie le va a quitar ya lo logrado en unos años, además, en los que contribuyó a la expansión del rugby practicado por mujeres. “La evolución ha sido espectacular. Incluso en la selección. Desde todo el staff que tenemos detrás hasta que ahora siempre vamos cobrando y que Joma, nuestra marca, tiene tallaje femenino, que antes nos teníamos que poner lo que les sobraba a los chicos”, analiza. Y deja un deseo para su legado: “Para las próximas generaciones me gustaría que las condiciones fuesen iguales y que interesase tanto sea hombre o mujer el que practique el rugby”.

El CRAT recibe al Les Abelles con la obligación de ganar

El CRAT no se había fijado un objetivo a corto plazo esta temporada, pero ahora que tiene al alcance el play off y solo quedan dos jornadas de la competición regular en la División de Honor, buscará acabar entre los cuatro primeros clasificados. De momento es quinto, pero a solo un punto del Eibar. Por eso es fundamental ganar esta tarde al colista Les Abelles (Universitario de Elviña, 16.00 horas) y llegar a la clausura, precisamente frente al conjunto vasco, en disposición de asaltar el objetivo. “Este año es de hacer grupo y que las que menos jugaban vayan teniendo cada vez más protagonismo”, indica Alevín. “Sin las jugadoras internacionales sufrimos, pero lo positivo es que vamos a crecer mucho”, añade.