Suma y sigue el Liceo, lanzado en la recta final de la temporada. Sabe que su trabajo es presionar al Barcelona, no dejarle respirar tranquilo ni un solo momento. Y con la victoria de ayer frente al Calafell, la séptima consecutiva, se pone a cuatro puntos de los azulgrana, que hoy juegan contra el Taradell, y pendiente de la mini gira de la próxima semana, con duelos en Palafrugell y Vendrell, para ponerse al día. En estas circunstancias, lo importante es ganar. aunque ayer al conjunto coruñés le costar. Tuvo que remontar a un rival que había trabajado bien la pizarra. Fabrizio Ciocale aprovechó la ocasión que le brindó ayer el entrenador verdiblanco para, con dos goles, ser el jugador determinante.

Juan Copa sorprendió de inicio. Empezaron sobre la pista los teóricos suplentes, con Roberto di Benedetto, Franco Platero, Fabrizio Ciocale y Maxi Oruste. Lo que no cambió fue el inquilino de la portería, con el recién renovado Carles Grau. Pero los verdiblancos mantenían su esencia con otros protagonistas. La presión alta, el ritmo intenso. En dos minutos ya habían acumulado ocasiones, pero el Calafell no daba muestras de timidez. Muy bien plantado y con una defensa muy ordenada, mostraba sus credenciales y en cuanto tenía la ocasión salía a la contra y llegaba con peligro, con un Eloi Mitjans que estaba en todas. Había que buscar el equilibrio entre el empuje ofensivo y no dejar la espalda sin resguardo.

La bola parada ofreció al Liceo la primera clara. Adroher falló ante un acertado Edo. La directa había llegada por una azul a Xaus, por lo que los locales disfrutaron de dos minutos en superioridad en los que los disparos de Roberto di Benedetto fueron la principal amenaza. Y si el que perdona lo paga es un axioma deportivo por excelencia es por algo. Nada más recuperar el cuarto hombre, el Calafell se puso por delante con un potente disparo de Mitjans.

El Liceo dominaba, pero cometía errores defensivos que podían haberle costado más caro. Y en ataque estaba demasiado blando. Cambió el partido la garra de César Carballeira, que en un par de minutos robó varias bolas en el centro de la pista para lanzar los ataques verdiblancos. Marc Grau estaba luchando bien en el área, pero sin contundencia. Había que probar más al joven Edo. Platero y Di Benedetto, preparados para volver a la pista en un cambio, fueron parados por Copa. Algo les dijo que el argentino fusiló la primera bola que tuvo a su alcance. No entró pero ese era el camino. El premio a la insistencia fue para Ciocale. Premio también a su paciencia y al estar en el sitio indicado para cuando le cayó delante el rechace. 1-1 justo antes del descanso.

La segunda parte ya fue un monólogo verdiblanco. El Liceo salió más ajustado en defensa, pendiente de no perder bolas en los sitios calientes. Y con el rodillo puesto, las ocasiones se empezaron a suceder. Grau, Adroher, Carballeira, Dava Torres con una directa por la décima falta visitante... una tras otra morían en Edo. Pero el capitán liceísta no había dicho su última palabra. Marcó el 2-1, en el segundo palo, donde rebañó un pase de Franco Platero al segundo palo. Y remató en una contra Fabrizio Ciocale con el tercero. El Liceo aplicó entonces la ley de la contención. Nada de fallos. Nada de faltas, sobre tdo después de cometer la novena, a tres minutos para el final. No hubo más sustos. Los verdiblancos ya tienen 67 puntos. De 75 posibles. Una barbaridad.