Del mar a las canchas. El jugador coruñés Carlos Martínez ha puesto en marcha el proyecto Ecoballution para reutilizar las redes con las que realizan su faena los barcos pesqueros y reciclarlas en canastas de baloncesto. El ex del Leyma, ahora centrado en el 3x3, junta así dos de sus pasiones con las que pretende, por una parte, ser un ejemplo de sostenibilidad y por otra, ayudar a la economía de las redeiras, que podrán así tener una fuente de ingresos extra. “Durante el verano estuve pensando mucho, dándole vueltas a muchas ideas de baloncesto. Y surgió esto. Un proyecto de economía circular y sostenibilidad aplicado al deporte”, explica sobre el nacimiento de su idea, ya una realidad y que ayer, en el Día mundial del Reciclaje, ya pasaba la cifra de más de 500 kilos de redes reutilizadas para el deporte.

Cada vez son más los deportistas se implican en cuestiones sociales de su alrededor. Ya no es solo salir a la pista, jugar, y volver a casa. Está, por ejemplo, la ONG con la que David Torres, capitán del Liceo de hockey sobre patines, intenta ayudar a diferentes entidades de la ciudad. Y ahora es otro coruñés el que da ejemplo para poner su granito de ayuda en un tema como el cuidado del medio ambiente al que el COVID también ha puesto en la diana. “No es una obligación para el deportista, los que hay que no están implicados. Pero yo sí creo que el deporte es un buen instrumento, como la música o otras artes, para educar y socialmente llegar a sitios que de otra manera no podría hacerlo”, reflexiona. Aunque también es una cuestión de generaciones: “Cada vez estamos más concienciados, lo veo entre mis compañeros y amigos con más consumo en tiendas de ropa sostenible, en productos ecológicos... y para mí la tendencia tiene que ser cada vez a un consumo menor de los recursos naturales y a rechazo a la economía lineal de producción de uso y deshecho”, añade el jugador.

La clave está en reutilizar y reciclar. Y en eso se basa su proyecto. A través de una amiga, recuerda, conoció el trabajo de la Asociación de redeiras de Corme. El resto, fue rodado. “El de las redeiras es un trabajo poco reconocido y temporal, porque dependen mucho de los encargos y esta temporada que el sector estuvo más parado, con la hostelería cerrada, lo pasaron mal, Ellas ya hacían diferentes tipos de artesanía para obtener más ingresos y darse visibilidad. Y este proyecto también les ayuda. Por un lado, contribuye a la economía circular con el reciclaje de residuos. Y por otro fomenta la economía local”, indica y se muestra satisfecho con el impacto que ha tenido Ecoballution: “La idea es seguir creciendo. Ellas han conseguido unos ingresos extra, nosotros quitar residuos del mar”. ¿Cómo se puede colaborar? “Comercializamos las redes a través de la web de Ecoballution. Cada pedido tiene su impacto”, anima. No sirve, de todas formas, cualquier tipo de red que uno se encuentre en las playas y quiera llevar a reciclar: “Tienen que ser de un material específico, con ciertos colores y determinada resistencia. Pero eso también hace que cada canasta sea única”.