Para mí Vicente Torres, antes de llegar a ser Vicente Torres, era el señor de la grada de Cerceda. Alguien a quien veía siempre allí, registrándolo todo con su cámara de vídeo. Después ya me enteré que era el padre de Tito. También de Dava. Y que hacía ese acopio exhaustivo de imágenes para ese otro hijo llamado HockeyGlobal. Y poco a poco, de todo lo demás.

Me alegra haber visto estos días el reconocimiento a su figura. Que aunque su nombre no estuviera en ninguna camiseta y no posara para las fotos de la victoria, se supiera quién era y que estaba detrás de ellas. Siempre se dice que hay que morir para que hablen bien de ti. Pero en este caso no me imagino estar escribiendo estas líneas para que me leyera. Con sus virtudes y defectos, fobias y filias, nada de lo que hacía era para figurar sino porque quería y podía ayudar. Creo que Dava ha heredado buena parte de eso.

Esa condición casi omnipresente, de que estaba en todos los sitios sin estar, hace más difícil entender que ya no lo está más. Fue un shock, pese a que yo no trataba con él en el día a día y puede que mis impresiones sobre él disten bastante de la realidad. A mí me parecía una persona divertida, un vacilón. Incluso que le gustaba llevar la contraria porque un día trató de convencerme de que Jordi Bargalló no era tan bueno. Se me quejaba siempre de los árbitros. O que yo no era lo suficientemente dura en mis crónicas con ellos. También si se me había escapado algo importante. Era exigente. Hace unos meses, durante la Liga Europea en Luso, conté las veces que llamó a Sergio Tomé durante un partido para hacer correcciones. Y cuando pasaron de diez perdí la cuenta.

La última vez que lo vi fue durante la presentación del Liceo contra el Sporting, en pretemporada. Me sorprendió verle en la grada porque la pandemia le había alejado, por prudencia, de ellas. No me acerqué a hablar con él. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Allí quedó una conversación que nunca fue. Otro ejemplo de esa fugacidad de la vida, de que no hay que dejar nada para otro día. Él pasó por ella sin dejar a nadie indiferente. Desde el domingo ya se ha dicho todo lo que ha sido. No lo voy a repetir. Solo que amaba el hockey sobre patines. El mejor legado será seguir cuidando de él. Desde la federación. Desde los clubes. Desde HockeyGlobal. E incluso desde aquí. DEP.