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La Opinión de A Coruña

hockey sobre patines - OK Liga femenina

Viki Caretta o el poder de la lucha

La portera del Liceo recupera la sonrisa tras dos años a la sombra en Voltregá: “Cuando estás tanto tiempo sin que te den confianza, acabas dudando de ti misma”

Viki Caretta posa en la portería del Palacio de los Deportes de Riazor.

Dice Viki Caretta (Breganze (Italia), 2000) que lo suyo con el hockey sobre patines fue “amor a primera vista” y su historia bajo palos, “probar en un entrenamientos para no marcharse de la portería nunca más”. Todo lo contrario que su encuentro con A Coruña. “Vine el año pasado a jugar la Copa de la Reina y no me gustó nada la ciudad”, se sincera. Pero le dio una segunda oportunidad y, de la mano de Liceo, recupera la sonrisa después de dos años duros en Voltregá en los que le tocó vivir a la sombra de otra portera en su primera experiencia lejos de casa. “Cuando estás tanto tiempo sin que te demuestren confianza, acabas hasta dudando de ti misma”, reconoce. Ahora es una de las piezas fundamentales del resurgir del conjunto verdiblanco en la OK Liga femenina, se demuestra a sí misma su propia validez y que la lucha ha merecido la pena a la vez que ayuda a que el equipo coruñés avise de que está capacitado para hacerse un hueco entre los grandes.

“Durante toda mi carrera siempre he tenido que luchar”, explica la italiana cuando empieza a relatar, en un perfecto castellano, los hechos que terminaron trayéndola al Liceo. “Mi sueño desde niña había sido utilizar el hockey como una manera de salir de mi país y probar nuevas experiencias. Cuando yo tenía 16, una compañera del club se vino a España y yo me dije que cuando terminara los estudios también lo haría”, dice. Y así fue como llegó a Voltregá para enrolarse en el histórico club de Sant Hipòlit, donde tenía una dura competencia. Tendría que lucharle el puesto a la portera de la selección española, Teresa Bernadas. Y acabó en el banquillo. “No lo pasé bien psicológicamente. El hecho de no jugar, de estar lejos de casa, no me sentía integrada en el grupo...”, recuerda. Pero el anuncio el año pasado de la retirada de su compañera le abría las puertas. “Acepté la oferta para quedarme. Y según fueron pasando los días no me sentía cómoda con mi decisión”, argumenta. Se echó para atrás. “No tenía otras ofertas, pero en último recurso, me volvía a casa, me tomaba un año para recuperarme y volvía”, añade.

Entonces apareció el Liceo. Y de nuevo se encontraba con una opción que implicaba tener que disputar el puesto con otra compañera porque en A Coruña estaba Katy Guscin, que venía de ser la guardameta menos goleada de la OK Plata y uno de los pesos pesados del vestuario. “Me dijeron que me tendría que disputar el puesto con ella. No era un problema para mí. Después de la experiencia de Voltregá estaba un poco bloqueada. Necesitaba romper ese tabú. Venir a un sitio nuevo, con personas nuevas y un equipo diferente en el que no me sentía inferior a nadie”, relata. Durante la pretemporada, una y otra se repartieron los minutos y al final fue la italiana la que se ganó el puesto —y Guscin acabaría abandonando la disciplina por las discrepancias con la directiva por lo que ahora comparte con Mencía Mosquera—. “Para mí más que una reivindicación, es demostrarme a mí misma que yo estaba para jugar. Cuando estás tanto tiempo sin que te den la más mínima confianza, ni siquiera la oportunidad de demostrarlo, acabas dudando de ti misma. No es fácil salir de esa situación psicológica, pero comprendes que ciertas decisiones no significan que tú valgas menos”, reflexiona.

"Han pasado cosas tan fuertes que podían haber roto el equipo por la mitad pero nos ha hecho más fuertes. Ante todo somos personas y claro que nos afectó. Fue difícil, pero tuvimos esa madurez de juntarnos"

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A Coruña ha sido un nuevo comienzo para Caretta por más que la primera impresión con la ciudad no fuera la esperada. “Después ya la pude conocer mejor y me encantó”, apunta. El entorno también es importante. “Me siento muy integrada. Mis compañeras confían en mí y yo confío totalmente en ellas”. Y eso que tampoco ha sido fácil el camino. Si su lucha personal fue intensa, como equipo tuvieron que superar momentos difíciles como la marcha de un entrenador, los viajes en furgoneta, acusaciones de discriminación, sanciones y COVID. “Nos ha hecho ser más fuertes. Han pasado cosas tan fuertes que podían haber roto el equipo por la mitad. Ante todo somos personas y claro que nos afectó. No fue fácil, pero tuvimos esa madurez de juntarnos y lo superamos”, dice. El Liceo se reivindica en la pista, con resultados. Seis victorias seguidas —en las que solo encajó siete goles—, las últimas tres ante los grandes (Manlleu, Telecable Gijón y Cerdanyola). “Yo nunca tuve dudas de que podíamos hacer cosas grandes. En cuanto vi a las chicas y el grupo que había, lo supe. Con todo lo que pasó, hicimos una demostración de fuerza increíble. Aquí estamos y no somos inferiores a nadie”, defiende. Una racha que pueden ampliar el domingo si ganan en la pista del Palau, vigente campeón de liga y de Europa: “La bola es redonda y cada partido se tiene que jugar. El Palau sobre el papel es superior, es un equipo muy completo con jugadoras internacionales con experiencia. Pero nosotras estamos al nivel de las grandes y será un partidazo que habrá que jugar hasta el último segundo”.

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El Liceo gana 4-2 al Cerdanyola Víctor Echave

El Liceo es séptimo en la clasificación, a doce puntos de la cuarta plaza que da el billete al play off por el título. La sanción —que prácticamente se traduce en 6 puntos menos— pesa como una losa. Las verdiblancas han tardado en llegar, ahora esperan que no sea demasiado tarde. “Claramente ahora estamos lejos, pero hay que jugar cada partido. Queda mucho y pueden cambiar muchas cosas porque también es muy difícil mantener el mismo ritmo toda la temporada. Tenemos que darnos esa oportunidad de luchar hasta el final”, analiza Caretta. El otro objetivo es la Copa de la Reina y después de las últimas victorias ante los favoritos, entrarán en todas las quinielas para intentar hacer historia y conquistar el primer título en categoría femenina del Liceo. “Nos falta aún mucho trabajo para llegar listas a la Copa. Recuperar a Bea (Gaete), a Naiara (Vaamonde), a Luchi (Paz)... y todas tenemos que dar dos pasos más de madurez y confianza”, rebaja la euforia, “pero es el sueño de todas”.

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