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Yunio Barrueta: “Salimos de Cuba porque a mi padre le tocó un visado en un sorteo”

“Aquí todos pueden hacer fácil 20 puntos por partido, pero hay que ganar como un equipo”

Yunio Barrueta posa agachado tras la sesión de ayer en el Palacio. | // VÍCTOR ECHAVE

A Yunio Barrueta (Aguada de Pasajeros, Cuba, 1993) le cambió la vida el día que a su padre le tocó un visado a Estados Unidos en un sorteo. Dejó la isla con cinco años, se enganchó al básquet con doce y, tras pasar por Bélgica, Francia e Israel, ahora está en el Leyma para subir a ACB y para disfrutar de A Coruña y de la vida en un país de habla hispana. En la charla trasluce el agradecimiento por vivir la experiencia y se ve salpicada por palabras en inglés.

Ya lleva dos meses en el Leyma y en A Coruña. ¿Cómo se siente?

Estoy cómodo, me encanta la ciudad, el equipo es súper. Los compañeros me recibieron bien, el coach, presidente, el staff... Cero quejas.

En esta época ya llueve por aquí algo más que en Miami...

Pues al principio, cuando llegué, hacía mucho calor en A Coruña (se ríe), es que no tenía aire acondicionado en casa. El sol, la playa... Mira dónde entrenamos (señala las vidrieras del Palacio desde donde se ve el mar). Aquí está lindísimo todo.

Tiene casi 30 años y cuenta con crianza en habla hispana. ¿Venir a España era una deuda pendiente?

Yo siempre quise jugar aquí, desde mi primer año. Lo tenía en mente. Nunca había tenido una posibilidad buena y este año me surgió con un buen equipo y con Epi y el presidente, que me hablaron muy bien. Y me dije “¿por qué no?”. España me encanta y puedo hablar el idioma.

¿Es cubano o estadounidense?

Cuando tenía cinco años mi padre ganó el bombo, que es una lotería de visados que se realiza cada año en Cuba y por eso salimos de allí. Te pagan el billete de avión y tienes libertad para ir a los Estados Unidos. Es increíble, doy gracias a Dios cada día por la libertad. Me cambió la vida. Cuba es un país del tercer del mundo, me imagino estar allí a esta edad... Con ocho años estuve dos semanas de vuelta visitando a mis tíos y abuelas. Tengo que volver, mi abuela sigue allí, en el campo.

Yunio Barrueta VICTOR ECHAVE

¿Puede jugar con la selección? ¿Lo llegó a intentar o fue imposible?

Yo quería la verdad y lo intenté, pero me dijeron que tenía que vivir allí, que tenía que repatriarme.

¿Cómo acaba en el básquet?

Primero empecé con el fútbol americano, pero mi madre me decía que no lo podía jugar porque me llevaba muchos golpes (se ríe) y empecé con el baloncesto en la secundaria cuando tenía 12 años. Se me daba bien y me gustó.

¿Nota mucha diferencia entre la primera francesa y la LEB Oro?

El nivel es el mismo, aunque en Francia hay más atletas, es más físico, de uno contra uno. En España son más inteligentes, mueven el balón mucho. Tienes que adaptarte. Si juegas con el estilo de Francia aquí, te matan. El nivel es buenísimo, me encanta. A mí me va mejor este, para un shooter (lanzador), como yo, me va bien un equipo que mueva la pelota. En Francia estaba parado mucho tiempo en la cancha y no hacía mucho en ataque más en defensa.

¿Cómo le convenció el Leyma?

Epi (Diego Epifanio, el entrenador) me dijo que era un equipo joven y que me llamaba para ayudar a esta ciudad a subir a ACB, aunque lo primero es siempre competir. A todo sitio al que vaya yo siempre voy con la idea de ascender, de ganar. Había un buen vestuario, querían hacer un equipo bueno; con eso me ganó.

Yunio Barrueta VICTOR ECHAVE

¿Cómo se ha integrado?

Aquí puedo tener más relación con los jugadores, incluso con la gente fuera. Cuando vas a comprar comida puedes hablar con todos. Aquí puedo tener amigos de muchos años. Siempre estamos hablando de una cosa u otra en el vestuario y no tengo que quedarme callado porque no sé cómo decirlo, como en Francia. El idioma es básico.

¿Mucho bromista en el vestuario?

Sí (se ríe). Javi (Vega), (Alejandro) Galán... Aquí todos son unos bromistas, hasta Filipovic, aunque sea de Croacia. Hay un montón de bromas todos los días. Son buena gente, es el equipo en el que he estado en el que mejor se llevan todos. La química es increíble, solo queda llevarlo del vestuario a la pista. Estamos ahí trabajando duro y fuera también porque vamos a comer mucho juntos. Eso ayuda y a mí me hace sentir más acompañado porque estoy aquí solo.

¿Qué falta para llevar todo ese feeling a la pista?

Es seguir, no es que falte. En los momentos buenos nunca hay problema, pero llegarán los malos. Cuando pierdes u dos partidos, es cuando la química importa. El otro día ganamos por veinte, tenemos que adaptarnos de nuevo a eso, sentirnos cómodos en esa dinámica.

Parece que el equipo tiene puntos en las manos. ¿Lo comparte?

Aquí todos los jugadores pueden hacer fácil 20 puntos por partido. Lo único es que hay que poner eso a veces a un lado: no se ganan los partidos con un jugador, sino como un equipo. Hay que mover la pelota, buscar los mejores tiros, no botar tanto, correr para atrás en defensa. Son cosas pequeñas, hay que trabajarlas

¿Cómo ve la temperatura del Palacio? ¿Cree que se puede subir?

Al último partido vino gente. Hay que empezar a ganar para decirles que tenemos un buen equipo, que tienen que traer a más gente. Si empezamos a ganar, el pabellón se llenará y va a ayudar la ciudad.

¿Considera que el objetivo es el ascenso, a pesar de pelear con equipos como Estudiantes o Andorra?

Podemos competir con cualquiera. Aunque sea el Real Madrid, tenemos que jugar uno ante el otro en el campo, que es donde pasan las cosas. Hay que fajarse siempre, como si ganamos o perdemos por 20.

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