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1-2 | Un muro más grande que las ideas del Liceo

La derrota, fraguada entre la defensa del Calafell y su propio atasco en ataque

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1-2 | Liceo-Calafell Víctor Echave

Segunda derrota seguida en el Palacio de los Deportes de Riazor del Liceo, que a las primeras de cambio cedió la segunda posición al Calafell en un partido en el que los catalanes prácticamente tuvieron un cien por cien de efectividad y en el que los coruñeses, que llevaron el peso del juego y de las ocasiones, se estrellaron tanto con el muro defensivo visitante como contra su portero, pero también contra su propia falta de ideas. Los verdiblancos no pudieron cumplir con el objetivo de hacer un pleno hasta el parón por la Navidad. La clasificación se aprieta. Si no se tiene en cuenta al Barcelona, claro, que sigue como un tiro, a razón de victoria por encuentro. Pero por detrás hay un pelotón de hasta seis equipos. Uno de ellos es el Igualada, revelación y próximo rival del Liceo. En dos días. Porque sin descanso el martes vuelve la liga.

Le está costando hacer gol al Liceo. Desde que la competición paró por el Mundial, ha anotado cinco en tres partidos, un registro muy bajo para lo que acostumbra. Ayer apretó de inicio. Tuvo ocasiones. Apretaba de lo lindo. Pero faltaba un último pase o un último remate que pudieran sorprender a una defensa del Calafell muy bien colocada desde la grada por su entrenador Ferrán López, sancionado pero que se plantó detrás del banquillo y hablaba y daba instrucciones a sus jugadores constantemente. Con los locales volcados, llegó el primer gol de los catalanes. Jordi Ferrer se encontró el premio que no hizo más que reforzar el planteamiento defensivo del conjunto visitante. Este se vino abajo cuando Arnau Xaus vio azul. Álex Rodríguez aprovechó la directa para empatar, si bien el trabajo casi se estropea por una azul que vio Carballeira antes del descanso. En la guerra de los Martí, Casas contra Serra, ganó el portero verdiblanco.

Se llegó al descanso 1-1 y los liceístas tenían que empezar el segundo acto con uno menos. Aguantaron. Y se repitió lo de la primera. Llevaron ellos todo el peso. Al Calafell no le interesaba otra cosa que resistir y esperar agazapado a que llegara su momento. Y cumplió a la perfección el plan de su entrenador. Los catalanes taparon todos los huecos. Y cuanto mejor defendían, más ansiedad le entraba al Liceo por marcar, un poco cada uno haciendo la guerra por su cuenta. Entonces apareció el más listo, Martí Serra, que el solo, casi entre cuatro, se fabricó el segundo. Quedaban cuatro minutos. Los de Juan Copa incluso jugaron de cinco. Pero era el día del no.

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