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Balonmano

El milagro de Rubén Río

Anunció su retirada por una lesión de rodilla, pero dos años después de su último partido, mañana volverá a jugar

Rubén Río, durante un entrenamiento con el Cherbourg. | // LA OPINIÓN

En verano, Rubén Río no podía ni correr. Llevaba dos años parado por una complicada lesión de rodilla. Ningún médico le daba esperanzas. Y con solo 25 años decidió poner punto y final a su carrera deportiva, que después de ser campeón del mundo júnior con la selección empezaba a despegar en el balonmano profesional francés. “Mi mayor problema es que sigo teniendo esa pequeña esperanza de que aparezca un médico que diga: ‘Esto lo arreglo yo’. Pero eso es imposible”, decía en una entrevista con LA OPINIÓN el pasado mes de julio en la que masticaba los motivos de su retirada y se autoconvencía de que su historia había terminado. Poco después, ocurrió el milagro. El fisio David Ahijado, con el que había coincidido en el Valladolid, le escribió desde China. El coruñés le mandó todos los informes. Y recibió la respuesta que tanto estaba esperando: podía seguir jugando. Le remitieron a César Flores, médico de la selección española femenina. Entre ellos, el fisio coruñés Eduardo Fondevila, al que acude cuando vuelve a casa, y el equipo francés del Cherbourg, que le ha dado la oportunidad cuando estaba “desahuciado”, la pesadilla se ha mutado en sueño que mañana se hará realidad. Mañana, vuelve a jugar. “Es solo un amistoso, pero estoy deseando quitarme el gusanillo y los nervios. Voy a tener muchos sentimientos encontrados”, reconoce.

En pocos meses su vida ha vuelto a dar un giro. De jugar a nivel profesional en Francia a volver a casa todavía sin tener muy claro su futuro. “Mis padres son los que más lo agradecen por tenerme de nuevo colocado”, bromea antes de ponerse serio: “No es fácil ver sufrir a alguien que quieres y no poder hacer nada. Yo creo que ellos lo pasaron incluso peor que yo”. Y de estar “desahuciado”, como él mismo describe, a creerse y sentirse de nuevo jugador. “Como blanco y negro”, recuerda sobre la anterior y la presente entrevista con este periódico. “La verdad que yo fui al médico a que también me dijeran que no porque así ya me podía quedar tranquilo y pasar página”, explica, “pero me dijeron que sí... y había que intentarlo”. Vamos, que le liaron. “Literalmente y vilmente”, se ríe. Con la ayuda del Cherbourg, que solo tardó un día en llamarle desde que su representante le puso de nuevo en circulación. “Es un equipo de Segunda francesa. En Navidad me llamaron de Primera. Pero considero que el Cherbourg me ha dado mucho, me dio la oportunidad de volver. Y ahora le debo acabar aquí. Estoy muy contento”, dice.

Rubén Río, en un entrenamiento con el Cherbourg. La Opinión

La recuperación de su rodilla comenzó con una infiltración de ácido hialurónico en septiembre. “Es como lubricación para la rodilla”, explica. El siguiente paso fue crearle unas plantillas ortopédicas que le cambian la pisada para proteger la zona dañada del cartílago. “No cargo esa zona, no fuerzo y no me roza, así que la rodilla no sufre y no me duele”, continúa con las explicaciones de los tratamientos que contribuyeron al milagro de su vuelta, al que le siguió una “dura rehabilitación”: “ Tienes que poner la pierna como cemento. Cuanto más fuerte está, menos impacto recibe la rodilla y menos sufre. Y aún sigo. Esta lesión el problema que tiene es que siempre tienes que estar trabajando sobre la pierna para que no te vuelva a doler y no vaya a más”. Y eso también implica un plan especial ahora que ya ha regresado a los entrenamientos. Él tiene que hacer la sesión como el resto, pero antes, otra específica para su rodilla. “Antes de entrenar tengo que calentar mucho la zona de la pierna y hacer un protocolo individual diferente al resto para estar más activado cuando empieza el entrenamiento. Yo no hago los juegos que hace el resto durante el calentamiento. Yo hago otro trabajo por mi lado y después ya me junto. Como si fuera un abuelo”.

Rubén Río, en su presentación con el Cherbourg. La Opinión

La forma de calentar y entrenar no es la único que ha cambiado la lesión. “Ahora me tomo las cosas de forma diferente”, reconoce, “porque me tomo cada entrenamiento, cada partido, como si pudiera ser el último”. “Puede que antes hubiese días que tuviese pereza o que no me apeteciera hacer algo... pero ahora cada entrenamiento lo considero un regalo”, añade. Una montaña rusa de emociones. “Puedo estar perfecto, al día siguiente se me hincha y pienso que voy a tener que dejarlo... a la semana siguiente vuelvo a pensar que todo va genial. Las emociones cambian drásticamente de una semana a otra”, confiesa a pesar de sorprenderse de lo bien que está respondiendo su rodilla ante las nuevas exigencias: “No esperaba ni mucho menos estar así. Durante la rehabilitación siempre hay dolores y molestias. Y piensas: ¿’Qué hago aquí?’ O que lo estás intentando, intentando y no da llegado la hora de verte bien. Pero ahora veo que todo el esfuerzo tiene resultados”.

Rubén Río, con la camsieta de la selección española en 2017. CARLOS PARDELLAS

Sobre todo cuando se acerca el momento del primer partido. Será mañana, en un torneo amistoso —la liga está parada por el Mundial: “Me viene bien para ir poco a poco”—. “Tenía una infiltración esta semana y cuando las hago, tengo que estar parado una semana. Les dije que la hago la siguiente porque aunque sea un amistoso, quiero jugar para cuando empiece la liga en febrero ya haberme quitado ese gusanillo y el nerviosismo del primer día. Para mí va a haber muchos sentimientos encontrados”, expone sobre el regreso. Porque también tendrá un recuerdo especial para alguien que le acompañó durante toda su carrera y ya no le podrá volver a sobre la pista, Geno Gómez, fallecido el pasado mes de noviembre. “Seguramente sea una de las primeras personas en las que piense cuando vuelva a jugar. Fue mi mentor y su pérdida fue un palo muy duro”.

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