Kiosco La Opinión de A Coruña

La Opinión de A Coruña

Hockey sobre patines - OK Liga masculina

César Carballeira, 100% verdiblanco

Estudió y jugó en el colegio y llega a los cien goles convertido en un referente del Liceo

César Carballeira, con la camiseta con el número cien, en un aula del colegio Liceo. | // VÍCTOR ECHAVE

Ni Fran ni Lucas Pérez. O Neno es César Carballeira. El de Monelos contestó la semana pasada en una entrevista en este periódico que el apodo corresponde a su antecesor en el conjunto blanquiazul, aunque es cierto que desde su vuelta, él representa esa parte koruña del Dépor. Pero en el Liceo, ese es el cinco de Os Mallos. Por el carácter rabudo tan de la tierra cuando sale a la pista. Pero también porque así le conocieron en el colegio cuando entró por primera vez con tres años, siendo eso, tan solo un neno. “Tengo que darle las gracias a mis padres por hacerme coruñés y liceísta”, reclama precisamente en el libro Liceo: 50 años, 50 miradas, sobre la importancia de esa decisión parental en su destino. Y ahora que acaba de marcar su gol número cien con la camiseta verdiblanca, regresa al origen de todo. Carballeira entra en el centro de Matogrande y hay una mini revolución entre los niños que están en las actividades extraescolares, que se le acercan para pedirle que les firmen sus sticks, camisetas o lo primero que tengan a mano. “La verdad es que no vengo por aquí todo lo que me gustaría”, reconoce. Por eso todo son recuerdos según va caminando hacia una de esas primeras aulas en las que empezó su formación. “He pasado por todos los bloques del centro, desde infantil hasta Bachillerato”, dice mientras va señalando todas las zonas.

En el centro de todas, el patio donde se deslizó por primera vez sobre los patines en las clases de psicomotricidad por las que pasan todos los niños del colegio. Aunque no se puede decir que fuera un amor a primera vista. “La verdad que las primeras clases lo pasé un poco mal”, confiesa. “Pero como cualquier niño de 3 años que le empiece a entrenar Ramón Canalda, creo que a día de hoy también lo pasaría mal, con todo el cariño que le tengo a Ramón”, bromea, sentado en una pequeña silla de la clase de los jirafas. El que había sido portero del Liceo durante más de una década es un hombre con carácter. “A las dos clases mis padres vinieron a hablar con él porque llegaba a casa y decía que no quería volver”. Sin embargo, ese profesor había visto algo en él y le dijo a sus padres que ni hablar, que el pequeño era el mejor de la clase. “Debía de patinar bien. Igual es que era más atrevido que el resto... A raíz de eso me metieron en hockey... y hasta día de hoy”, apunta.

César Carballeira, con un 100. VICTOR ECHAVE

Y ese presente pasa por la cifra de 100 goles con la camiseta verdiblanca que, a pesar de que no es delantero, alcanzó en el partido de la semana pasada contra el Voltregá. “No llevaba la cuenta. Me parece un logro que espero que se doble o se triplique en los años que me quedan de carrera en el Liceo”, contesta. Carballeira tiene tanta puntería que casi clava la fecha de su primer tanto con el del centenario. Ese estreno se produjo un 18 de enero de 2014, en un partido que los verdiblancos jugaron como locales, pero fuera de casa por una sanción por incidentes en el Palacio que obligó a desplazarse al santiagués pabellón de Vite. Allí el conjunto dirigido por Carlos Gil se impuso al Valongo portugués por 8-3. Después de una exhibición de Lucas Ordóñez, que marcó cinco goles, tuvo sus minutos el benjamín de la plantilla. Estaba a punto de cumplir 18 años, pero todavía no había alcanzado la mayoría de edad cuando, en el último minuto del encuentro, aprovechó un robo de bola en el centro de la pista para irse a la contra y anotar el octavo tanto de la tarde. El primero de su historia como liceísta.

Empezaba una historia mientras estaba terminando otra en el colegio, ya que vivía ya sus últimos años entre las paredes que le habían visto crecer. “Todos los recuerdos que tengo en estos patios del colegio, en estas clases... son los de mi vida”, comenta mientras mira a su alrededor. “De mi etapa como estudiante recuerdo las excursiones, los campamentos de verano... pero sobre todo los amigos. Mi círculo cercano son todos de aquí. Es lo mejor que me llevé del colegio”, expone y admite que muchas veces se ponen melancólicos: “Quién nos diera volver a aquella época que veníamos en el bus, a veces a desgana, pero veníamos y nos veíamos en los recreos, en las entradas y salidas”. El pequeño César era “cortado” aunque “pillo” y sacaba buenas notas hasta que llegó a Bachiller. “Sí que pasé unos años más rebelde, pero nada del otro mundo”. Porque el carácter lo gasta en la pista. “En mi día a día no soy como se me ve cuando juego”. Él aprendió ese carácter de sus ídolos, a los que veía entrenar en el patio de su colegio. Ahora, es a él al que le toca hacer de referente. “Estos niños”, dice en referencia a los que se le acercaron en la entrada para pedirle autógrafos, “son como yo hace unos años”. “Y yo he aprendido lo que transmitieron aquí y es lo que me gusta transmitir a los niños que empiezan desde abajo”. La saga continúa.

César Carballeira y Adrián Candamio. J.Roller

Ramón Canalda: “Destacó desde el primer día, fue algo escandaloso”

Ramón Canalda fue ese profesor malhumorado de psicomotricidad que César Carballeira decía que le gritaba pero que desde el primer día supo ver en él la luz de un futuro campeón. “Decía que le gritaba mucho. Y por eso vino la madre a hablar conmigo”, se ríe el que fue portero del Liceo entre 1991 y 2001. “Ahora tengo uns excelente relación con ella, también con el padre, pero me dijo que el niño, que tendría tres años por aquel entonces, se metía en cama y decía que el profesor de patinaje le chillaba”, recuerda. Canalda, sin embargo, tenía una impresión diferente porque veía en aquel niño, y en su compañero Adrián Candamio, a dos de los mayores talentos que pasaron por sus manos. “Lo hemos hablado mucho César Gómez, que estaba conmigo, y yo. Se les vio desde el primero momento que iban como motos. Desde el primer momento fue escandaloso, estaban a otro nivel y desde que cogieron el stick fueron muy buenos jugadores”, comenta. Y ambos fueron pasando por todas las categorías inferiores destrozando récords y ganando torneos. Años después, César es una realidad. “Le tengo un cariño especial, le he visto desde sus inicios y toda su evolución. Y también lo siento con un poco de orgullo claro”, dice. Para Canalda, el punto de inflexión en la carrera de Carballeira fue el hecho de marcharse a Reus. “Hizo bien en marcharse y también eligió bien el sitio porque el Reus es un sitio muy profesional”, añade y lo sitúa como un referente: “Tanto él como Dava son de aquí y la gente se identifica con ellos porque llevan toda la vida. A César lo ven como uno más, un chaval que estudió en el cole y eso hace que los chavales lo vean como factible”.

Compartir el artículo

stats