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EL LEYMA ES DE ACB

Roberto Cibeira, del básquet en blanco y negro a la ACB

Sólido gestor y amante del deporte, el presidente del Leyma, CEO también de Pontegadea, dirige el club desde hace seis años

Roberto Cibeira, presidente del Leyma.

Roberto Cibeira, presidente del Leyma. / Miramontes/Roller Agencia

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A Coruña

Contaba Roberto Cibeira, presidente del Leyma, que su pasión por el baloncesto le venía casi por herencia paterna y no porque su progenitor jugase. Como muchos, fue uno de esos niños que se pegaba al televisor para seguirlo. Entonces solo se podía ver en TVE y en blanco y negro, pero él se deleitaba con aquel Real Madrid de Wayne Robinson y Brabender y sus andanzas en la Copa de Europa. Pronto intentó imitarlos en O Carballiño como podía. Terminó de engancharse en aquellas madrugadas de Los Ángeles en 1984 con la selección española... Esa pasión acabó llevándolo a uno de los fondos del Paco Paz para seguir a aquel Club Ourense Baloncesto generacional de finales de los 80 antes de que llegase la fiebre de los Jackson Five a principios de los 90.

De manera paralela, se fue labrando una carrera empresarial que, paso a paso, le llevó a ser el CEO de Pontegadea, el holding para las inversiones inmobiliarias de Amancio Ortega, el fundador de Inditex. Aquella llama y su experiencia en gestión hizo que diese el paso de hacerse con las riendas del Leyma en el verano de 2018 ante la posibilidad de que la presidencia quedase vacante y se perdiese todo el trabajo realizado paso a paso y casi de manera orfebre desde 1996. En aquel gesto que dio hace seis años le acompañaron en la estructura directiva naranja dos personas que también provienen del entorno de Inditex. Son Enrique Muñoz Lagarón, del equipo jurídico de la multinacional de Arteixo, y Fernando Rey Figueiras, director financiero de Goa Invest, la constructora de la multinacional, según apuntaba hace algo más de un año Economía Digital.

Tal y como explicó en su primera asamblea, su modelo de club no era el de llegar a la ACB a toda costa, algo que le emparentaba con los anteriores gestores. Pretendía consolidar la base de un club que quiere fomentar el deporte, no que sus jugadores lleguen al primer equipo. Buscaba, además, el progreso del equipo de LEB Oro, sin renunciar al ascenso, y pretendía crear una sólida base financiera. Saneó las cuentas y, unos meses, después logró que el club pasase a ser una SAD, paso previo que allana el camino ahora que está en el vestíbulo de la ACB. Quizás no pudo imitar a Brabender en la pista, pero sí ha mezclado los dos vectores de su vida para llevar a A Coruña a la élite 55 años después.

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