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El relevo olímpico, pendiente de Galicia

Los tres medallistas de estos Juegos están por encima de los treinta años y se hace indispensable la aparición de una nueva generación para mantener la buena racha que comenzó en los Juegos de Atenas 2004

Arevalo y Germade

Arevalo y Germade

j.c.a.

Galicia no puede quejarse en exceso de las prestaciones de sus deportistas en los Juegos de París. Cierto que había previsiones algo más optimistas, pero la cosecha de tres nuevas medallas (Germade y Arévalo en el piragüismo y Corrales con la selección de balonmano) mantienen la buena dinámica que el deporte gallego puso en marcha en los Juegos de Atenas en 2004. En estas dos décadas han caído veinte de las veintiséis medallas que han viajado hacia Galicia en la historia de los Juegos Olímpicos.

Porque hasta la irrupción de Cal en el canal ateniense (sin olvidarse de Hermida que sumó una medalla en el mountain bike de aquella edición) Galicia vivía enfrentada a los podios olímpicos que solo había visitado gracias a Luis Otero, Moncho Gil y Ramón González (componentes de la selección española de fútbol en 1920), el piragüista Luis Ramos Misioné (plata en Montreal 1976 y bronce en Moscú 1980), el baloncestista Fernando Romay (plata en Los Angeles 1984), el palista Enrique Míguez (plata también en Los Ángeles) y Alejandro Avecilla (plata con el equipo de hockey en Barcelona 92).

Era un corto bagaje para tantas ediciones de Juegos Olímpicos, aunque no muy lejos de la tónica general de las expediciones españolas. Pero Atenas fue un punto de inflexión que aún se mantiene y que va directamente relacionado con los buenos resultados que suelen llegar gracias al medio acuático. Desde entonces Galicia es una pequeña garantía y a la hora de hacer cábalas ya se da por sentado que esta comunidad aportará al conjunto nacional para felicidad del COE y de sus cálculos.

En 2004 llegaron las dos medallas de David Cal (oro y plata) y la plata de Hermida. La tendencia se mantuvo cuatro años después en Pekín porque a las dos medallas de plata de David Cal se sumaron el oro de Carlos Pérez y el oro de Fernando Echávarri y de Antón Paz en la vela. Cuatro medallistas en una sola edición mejoraba los cálculos más optimistas.

En Londres 2012 se mantuvo la dinámica con otras cinco medallas para los gallegos: la plata de David Cal, el oro de Sofía Toro y de Támara Echegoyen, la plata de Javi Gómez Noya y el bronce de Begoña Fernández con la selección femenina de balonmano. Río en 2016 cambió algo la tendencia porque a Galicia le salieron demasiadas cosas mal y había una generación (sobre todo de piragüistas) que aún no se habían confirmado a nivel internacional. En aquella edición solo Cristian Toro, haciendo pareja con Craviotto, sumó una medalla de oro.

La gran edición

Y llegó 2021, los mejores Juegos Olímpicos para Galicia en toda la historia. En esa edición hubo de todo: el bronce de Nico Rodríguez en vela, la plata de Iván Villar con la selección de fútbol, la plata de Teresa Portela (por fin), la plata de Arévalo y de Germade en el K4, el bronce de Ana Peleteiro en el triple salto y, por último, el bronce de Corrales con la selección de balonmano. Siete medallas en dirección a Galicia de un plumazo. Una edición que costará décadas superar. Ahora en París el número ha bajado como es lógico, pero las tres medallas ganadas permiten dulcificar el análisis. Sobre todo porque la decena de diplomas demuestra que hay gente que está muy cerca de asaltar el podio en cualquier momento.

La lectura negativa que sí se puede hacer es que las tres medallas gallegas han ido a colgar de cuellos treintañeros. Carlos Arévalo, Rodrigo Germade y Rodrigo Corrales han conseguido su segunda presea en la historia de los Juegos (antes que ellos en Galicia solo habían repetido Cal y Misioné) y eso deja pendiente el asunto del relevo generacional. Esta generación no tardará en marcharse (Arévalo tiene 30, pero Germade y Corrales ya están en 33) y es necesario que se incorpore la siguiente para que Galicia no pierda peso a nivel olímpico. Están llegando, sobre todo en el mundo del piragüismo, una nueva hornada de la que Antía Jácome (dos diplomas y ese cuarto puesto a nada del podio) es su máximo exponente, pero es importante que se vayan sumando otras modalidades deportivas. La mayoría de los gallegos en los Juegos estaban por encima o más cerca de los treinta años que de los veinte y eso obliga también a una reflexión desde esta comunidad si no queremos convertir otra vez en anecdótica la presencia de un gallego en el podio de unos Juegos, si no queremos regresar a finales del siglo XX.

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