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Halterofilia

Irene Blanco, de pensar en dejar el deporte a reavivar la llama

Despuntó desde sus primeros años en el Club Halterofilia Coruña como una de las promesas del deporte coruñés con títulos nacionales e internacionales en categorías inferiores. La semana que viene busca nuevos éxitos en el Europeo sub 23 tras superar un bache personal

Irene Blanco, en las instalaciones del Club Halterofilia Coruña. |  Germán Barreiros / Roller Agencia

Irene Blanco, en las instalaciones del Club Halterofilia Coruña. | Germán Barreiros / Roller Agencia

Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

Hace diez años levantó por primera vez una barra con discos, hace cinco se proclamó campeona del mundo sub 17 y a comienzos de este año estuvo a punto de abandonar por completo la halterofilia. En la última década, Irene Blanco ha escrito su nombre en múltiples medalleros mundiales, europeos y nacionales y firmado con buena tinta varios récords de la halterofilia española. La promesa del Club Halterofilia Coruña pasó a inicios de 2024 problemas personales que estuvieron cerca de alejarla de un deporte que se ha convertido en su vida. Una conversación crucial con su entrenador, Ferenc Szabó, le devolvió la ilusión por volver a competir y por superarse a sí misma. La semana que viene, la deportista coruñesa viaja con la ambición renovada para conquistar un nuevo éxito en el Campeonato de Europa sub 23 de Polonia.

«Empecé el año fatal a nivel emocional y físico, estaba en una espiral horrible en la que pensé, incluso, en dejar el deporte», desvela Irene Blanco. Una serie de asuntos personales le afectaron en día a día y, también, en sus entrenamientos. «No llevaba una rutina de sueño ni una buena preparación», reconoce, consciente de que esa dinámica podía propiciar lesiones y reducir la calidad de sus entrenamientos. Ella se notó mal en la Copa de España, en la que solo logró hacer un intento válido en arrancada y ninguno en dos tiempos. «Fallé en 105 kilos, que es un peso que debería dominar, y desde ahí hasta el Campeonato de España no levantaba cabeza», comenta Blanco.

Necesitaba una mano para ayudarla a mejorar y esa se la tendió su entrenador, Ferenc Szabó. «Él cree ciegamente en mí», ensalza la halterófila coruñesa. Ella cuenta que tuvo que afrontar «una de las conversaciones más duras» de su vida para decirle que no se sentía en condiciones para ir al Campeonato de España absoluto. Él intentó convencerla para acudir, aunque hiciese marcas bajas, pero ella mantuvo su negativa. «Si no iba a ir a tirar mis marcas, no quería ir», defiende su decisión, condicionada también por una pequeña lesión.

Perderse el Nacional resultó ser la solución. Dejó a un lado la competición y se centró en «ir a entrenar con calma» sin objetivos. Lo compaginó con sus lecciones como entrenadora para los jóvenes del club coruñés. «Dejarme contagiar por la alegría de los niños es una de las cosas que más me ayudó», se sincera.

En esta etapa, Ferenc le planteó una nueva y ambiciosa meta: obtener la marca para participar en el Europeo sub 23. Se presentaron a la toma de referencias y el resultado fue un éxito. «Teníamos que hacer 196 kilos y volvimos a casa con 200: 88 en arrancada y 112 en dos tiempos», especifica.

La llama de la halterofilia se reavivó de nuevo en Irene, que recuperó la motivación para preparar el Europeo con la máxima ambición. Se concentró con la selección en Sierra Nevada y continuó en casa hasta lograr las mejores marcas de su vida. Hace dos semanas, en el Trofeo Internacional Ferenc Szabó, igualó su mejor registro en dos tiempos al levantar 120 kilos. Lo hizo, además, en la categoría de peso de 76 kilos, inferior a la que competía antes.

Aunque la incertidumbre le impide predecir una medalla, Irene reconoce que le gustaría regresar con una y confía en que su capacidad competitiva le ayude. Sea cual sea el resultado no se va a reprochar nada porque «la preparación ha sido un éxito» y le ayudó a reavivar la llama del deporte de su vida.

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