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Hockey sobre patines | WSEChampions League

3-2 | El Liceo resiste por él y por Dava

Golpea en el primer acto y, con una rotación corta por la lesión de su capitán, aguanta en el segundo ante un Oliveirense poderoso | Puntos de oro en una Champions caníbal

Dava Torres y César Carballeira celebran con Arnau Xaus el primer gol de la noche al Liceo. |  Iago López

Dava Torres y César Carballeira celebran con Arnau Xaus el primer gol de la noche al Liceo. | Iago López

Carlos Miranda

Carlos Miranda

A Coruña

El Liceo certero en los golpes y de acero en la resistencia hizo acto de presencia en su estreno en la WSE Champions League para hacerle hincar la rodilla a un poderoso Oliveirense (3-2). Los goles de Arnau Xaus, César Carballeira y Jacobo Copa hicieron la diferencia, también las paradas de Blai Roca y la capacidad que tuvieron los coruñeses para leer ciertos momentos del partido y para achicar como podían en una interminable segunda parte en la que no hubo goles y en la que tampoco pudo contar con Dava Torres, lesionado. Un triunfo que es un tesoro en una Champions caníbal que apenas permitirá errores en un grupo con cuatro equipos portugueses y un italiano. Una ratonera.

Sticks tensos, defensa baja y vértigo en las transiciones. Juan Copa y sus discípulos tuvieron muy clara desde el segundo cero la fórmula para mantener la pugna con el Oliveirense en todo lo alto. Era un hockey de alto voltaje, de descargas, de disparos y de mucho nivel físico, en el patinaje... El Liceo arrancó mejor y, de hecho, llegó a descolocar a su rival en ese primer tramo de encuentro. Como siempre, Dava Torres estaba al mando de las acometidas en los instantes iniciales. Eso sí, no hubo que esperar en exceso para que la grada del Palacio de los Deportes celebrase el primer gol. Y lo mejor, más que la diferencia, era que el tanto seguía el plan al pie de la letra. Patinaje a la carrera y con espacios para clavar la bola en la red a la larga distancia. 1-0, minuto 4. A pedir de boca.

Tombita mira la pelota en el hombro de Rouzé. |  Iago López

Tombita mira la pelota en el hombro de Rouzé. / | Iago López

No tardó el conjunto verde en lograr el 2-0 con otro gran lanzamiento de César Carballeira en el minuto 11. Antes, Blai Roca ya había tenido que emplearse a fondo con alguna parada. Los dos tantos y la fortaleza de un Liceo con las ideas claras habían dejado aturdido al Oliveirense. Duró poco. En nada lo rescató Marc Rouzé con un soberbio 2-1. El equipo luso regresaba al choque casi de inmediato.

El partido discurrió en lo que quedaba de primera parte en un ida y vuelta agotador solo de verlo, en transiciones sin control, algo que no beneficiaba al Liceo, más allá de que Jacobo Copa se inventase el 3-1 y de que Lucas Martínez volviese a cerrar el marcador con 3-2 de alta escuela. El grupo de Juan Copa no pudo aguantar el resultado y, al final, casi debió rezar para no irse en tablas al descanso. El Oliveirense ya carburaba y ese hockey de velocidad y golpeo, y sin respiro, era agotador, una auténtica amenaza.

El intervalo, ya sin Dava Torres ni siquiera en el banquillo por un preocupante golpe en un hombro, dio paso a un arranque de segunda parte loco, justo lo que mejor le iba al Oliveirense y lo que peor le sentaba a un Liceo que no debía entrar tanto en el cuerpo a cuerpo y sí mantener la distancia. Tenía ventaja el equipo verde y no disponía de la capacidad para aguantar ni ese ritmo ni ese intercambio. A pesar de que los portugueses lo intentaron, no se movió el marcador. La portería de Blai Roca seguía inmaculada en ese segundo acto. Eso sí, a Juan Copa no le gustaba nada de nada lo que estaba viendo. Franco Platero y Joan Galbás habían rozado el empate. El asedio era mucho más que dos ocasiones contadas, era una pegajosa sensación de la que parecía imposible desprenderse.

Esa pausa en el duelo le dio cierto calma a un Liceo que, en los siguientes minutos, disfrutó de algo de control. En ese contexto, era sinónimo de respiro, de bocanada profunda. Tampoco en exceso porque los portugueses cada vez que cazaban una pelota se lanzaban a tumba abierta. De hecho, el meta de los coruñeses fue de lo mejor de la segunda parte. El Oliveirense volvió a apretar, pero entre el aguante del Liceo, su mala puntería y un arbitraje permisivo que desquició a todos, nada se acabaría moviendo. Premio.

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