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Fútbol Sala

Carmen Pérez y María Gómez, las jugadoras del Amarelle que bajaron al ‘barro’: «Volví a disfrutar como cuando era pequeña»

Jugaron con el equipo en Primera y regresaron ahora que milita en Preferente: «Mis compañeras son las niñas a las que entrenaba hace ocho años»

Carmén Pérez y María Gómez, jugadoras del Amarelle. |  Casteleiro

Carmén Pérez y María Gómez, jugadoras del Amarelle. | Casteleiro

A Coruña

Volver a calzarse las botas tras varias temporadas lejos de la pista y rechazar ofertas de la máxima categoría para bajar al barro y «no dejar morir» al club de su vida. Esas son las decisiones que este verano impulsaron el regreso de Carmen Pérez y María Gómez a las filas del Viaxes Amarelle tras el descenso del club a Preferente. Dos referentes de los años dorados de la entidad naranja en la última década, en la que llegaron a Primera División en varias ocasiones y ayudaron a impulsar el fútbol sala en la ciudad.

Carmen arrastra una lesión que le impide estar al 100%, por lo que su actividad deportiva se vio relegada en los últimos años a jugar al fútbol 7 con un grupo de amigas. Fuera del pabellón, sin estrés ni tensión competitiva. Hasta esta campaña. «Me llamó Sandra [Rodríguez], que fue compañera mía y ahora está en la directiva. Me contó que el Amarelle estaba en una situación muy mala y que se había perdido el sentimiento de pertenencia, que querían intentar recuperar eso», explica. Aceptar su oferta y dar el paso de volver le generó «muchas contradicciones», pero se dejó llevar por el aspecto «puramente sentimental».

María abandonó la Sagrada Familia hace dos veranos, «cansada» y «muy quemada» tras una última temporada en la que el cuerpo técnico no confió en ella. «Se rompió mi relación con el club y eso me dolió muchísimo, necesité tiempo para reponerme», destaca. Se alejó del deporte unos meses, pero, en diciembre del año pasado, firmó por el Meigas para jugar en Segunda. Allí recuperó la ilusión: «Volví a disfrutar como cuando era una niña pequeña, descubrí que el fútbol sala seguía siendo mi pasión y fue una reconexión total».

Su rendimiento provocó que su teléfono echase humo. «Este fue el verano en el que tuve más llamadas, nunca me había sentido tan valorada como jugadora», indica. «Tuve una oferta de Primera, tres de Segunda y una de fútbol campo», detalla una María que, no obstante, escogió el equipo que milita en la categoría más baja. «Quería poner mi granito de arena para que el club subsista y vuelva a donde se merece estar. A pesar de haberlo pasado mal, esta ha sido mi casa y me sentía en la obligación de volver para ayudar en lo que fuese», apunta.

Líderes y veteranas

La plantilla del Viaxes Amarelle no supera la media de los 20 años de edad y está plagada de jóvenes con hambre y ambición. Entre tanto diamante por pulir, Carmen y María se han visto obligadas tomar las riendas de un vestuario en el que el choque de generaciones es evidente, pero no supone un obstáculo. «Ellas nos enseñan TikToks y cosas de adolescentes y a nosotras nos preguntan qué hacemos en los ratos libres si no vemos Instagram, nos reímos mucho y tenemos muy buen rollo», asegura María. «Tenemos que dar ejemplo, tirar de las demás para entrenar, no protestar a los árbitros… Eso lo estoy llevando un poco mal, la verdad», bromea Carmen. «A mí lo que se me hace más raro es que mis compañeras de equipo ahora sean las niñas que entrenaba hace ocho años», subraya Gómez.

Las cosas sobre la pista no van tan bien. «El objetivo es quedar primeras y ascender, pero la categoría es supercompetitiva», comenta María. Para Carmen, el camino pasa por mirar hacia abajo. «Siempre que hay un grupo de gente de la casa, el club consigue sus objetivos», señala. Uno de los problemas es, según Pérez, que su deporte está «muy supeditado al fútbol». Las jugadoras combinan ambas disciplinas y la portera considera que «es muy difícil que prioricen el fútbol sala» por la falta de oportunidades.

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