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Gabriel Villares, jugador del Dominicos: «Aprendí a que la diabetes no me limitase»
Gabriel Villares (A Coruña, 1997) regresó este verano a la ciudad para enrolarse en el Dominicos tras casi una década como profesional en Cataluña. Hace doce años le diagnosticaron diabetes. Aprendió a convivir con ella en el deporte de élite y, como farmacéutico y nutricionista, quiere ayudar a más pacientes

Gabriel Villares posa en la pista del pabellón municipal de Monte Alto. / Casteleiro
«Lo que ves de la diabetes desde fuera es un problema con el azúcar que hay que controlar. Cuando la padeces, tienes el azúcar constantemente en la cabeza». En los momentos en los que las pulsaciones van a mil por hora, cuando la mente está enfocada únicamente en la bola, el stick y la portería que defiende el rival de turno del Dominicos, Gabriel Villares tiene en la cabeza una preocupación más que otros compañeros: el azúcar en la sangre. «Tengo 28 años y soy diabético desde los 16», relata. Aunque «a día de hoy» la tiene controlada, reconoce que ha sido un camino largo de aprendizaje y error para compaginar la enfermedad con el deporte de élite. Llevaba casi una década jugando al hockey en Cataluña hasta que, este verano, decidió regresar a casa. Enrolado en el conjunto de la Ciudad Vieja en OK Plata, junto a su hermano Tomás, y en la farmacia familiar, junto a su padre. Por el día Mundial de la diabetes, confiesa que, fuera de sus sueños sobre ruedas, se ilusiona al pensar que, con su formación en Farmacia y Nutrición, pueda ayudar a otros pacientes convivir con su misma enfermedad.
«A día de hoy estoy bien, pero, como cualquier persona con diabetes, hay momentos en los que te cuesta porque es mucha información nueva», explica el jugador coruñés. Él se enteró de su condición «cuando iba en 1º de Bachillerato». Tuvo que adaptar su dieta y su disciplina, tanto dentro como fuera de una pista de hockey que nunca pensó dejar de lado. «Mientras estás jugando estás concentrado, pero la diabetes tiende a desconcentrarte», recuerda. «En los primeros años, fui bruto y tiré hacia delante», añade, sobre una pasión, el hockey, que le ha permitido hacer carrera en categorías nacionales.
Aunque la diabetes no le detuvo en su trayectoria en el hockey, que le llevó durante nueve temporadas a Cataluña, Gabriel Villares reconoce que tuvo que aprender a lidiar con ella por ensayo y error cuando se marchó a jugar a Cataluña. «Ves que un día vuelves más cansado, o que otros te cuesta más. Es cuestión de ir aprendiendo, pero al principio es mucha información de golpe y te agobia», se sincera.
Pese a que no le detuvo, sí reconoce que ha sido un condicionante en muchas etapas de su trayectoria. «Me ha limitado. Llega algún día que te quema un poco, pero me encanta el hockey y siempre acabo tirando hacia delante», expone. Es un trabajo físico y, también, mental. «Está demostrado que con la diabetes aumenta la probabilidad de tener depresión. Yo lo hilo con que, a veces, mientras juego, pienso en el azúcar», señala el jugador. Pese a ello, le quita hierro e insiste en que ha aprendido a controlar y a lidiar con su condición.
Hábitos y disciplina
«No hay dos días iguales», reconoce Villares, quien intenta mantener rutinas similares para controlar la diabetes. «Sé que cuando juego un partido, el azúcar me sube. Es raro, porque se tiene a pensar que, con el deporte, baja. Pero, con la adrenalina y la explosividad, me sube. Sin embargo, cuando salgo a correr, tiende a bajar», detalla el jugador del Dominicos. Matiza, no obstante, que no faltan días en los que le da «algún bajón» durante un entrenamiento al que no le encuentra explicación.
En esa rutina que intenta conservar, destaca que la alimentación ha sido un aspecto fundamental. «No consumo carbohidratos y, eso, me está funcionando», destaca. Para él ha sido un proceso de aprendizaje en una década de carrera, pero desde hace unos años, se ha aplicado con la comida. «Al principio comía cinco veces al día y mi vida era la diabetes. Ahora, soy una persona que como poco, me pincho poca insulina y no estoy continuamente pensando en ella», desgrana el jugador del conjunto de la Ciudad Vieja.
Matiza, sin embargo, que los esfuerzos delante del plato no son sencillos. «Hay gente que no es capaz de tener disciplina para comer de una determinada manera o, en un momento determinado de su vida, no es una prioridad. Varía para cada persona. Yo hice cinco o seis años de una manera, hasta que me cansé», relata, contento por su cambio de hábitos alimenticios.
Ayudar a los demás
Más allá de la alimentación, Gabriel Villares recalca lo importante que es mantener una rutina «normal» y, sobre todo al principio, «recibir ayuda» para gestionarla. En esa vida cotidiana destaca la importancia del deporte, más allá de su profesión como jugador de élite. «No entiendo la vida sin el deporte. Cuando empiezas con el azúcar, te puede tirar para atrás, pero hay que tener paciencia y construir rutinas. Hacer siempre el mismo deporte ayuda a que el azúcar esté dentro del rango y que no te limite», recomienda Gabriel Villares.
Farmacéutico de carrera y estudiante de Nutrición, motivado por la diabetes, su meta más allá de las pistas es ayudar a otras personas que tienen la misma enfermedad que él. Ve como un «sueño» ayudar a gente a convivir con «una enfermedad soportable» y ayudarles a que no se convierta en «un problema constante» o «un castigo psicológico». «A veces me quejo, pero prefiero esto que mil cosas peores», concluye Gabriel Villares.
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