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Balonmano

Rubén Río, el campeón del mundo coruñés que se retira con 28 años: «No me siento capaz de volver a un pabellón»

El coruñés se ve obligado a dejarlo tras una operación de menisco al final del curso pasado con el Cangas: «Me dijeron que si no dejaba de jugar, en dos años necesitaría una prótesis»

Rubén Río aplaude a la grada tras un partido con el Frigorícos do Morrazo.

Rubén Río aplaude a la grada tras un partido con el Frigorícos do Morrazo. / Santos Álvarez

Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

«Desde que me operé, no he vuelto a pisar un pabellón de Asobal porque no me siento preparado», se sincera el coruñés Rubén Río. Una lesión de rodilla que le afectó a un cartílago cuando tenía 23 años frenó una carrera que prometía ser meteórica. Fue campeón del mundo sub 21 con la Selección y consiguió establecerse en el balonmano profesional durante una década. Sin embargo, a los 28, se ha visto obligado a colgar las botas. Sufrió una rotura de menisco la temporada pasada, en las filas del Frigoríficos do Morrazo. «Los médicos me dijeron que si no dejaba de jugar, en dos años tendrían que ponerme una prótesis», revela el ya exjugador, con el dolor de sentir que su sueño, el balonmano profesional, se transformó en una pesadilla.

Rubén Río no se rindió tras la lesión que hace cinco años frenó una carrera más que sólida en Asobal y en la liga francesa. Llegó a pensar que debía retirarse entonces, pero un tratamiento experimental le ofreció una nueva oportunidad. Tampoco perdió la esperanza hace dos, cuando una lesión en una mano le obligó a regresar a casa. Entrenó en Novo Mesoiro con el Línea 21, hasta que pudo volver al Ciudad Encantada de Cuenca, su equipo. El verano pasado se unió al Cangas con la ilusión de «recargar pilas». «Al principio disfruté mucho, pero, en la segunda vuelta, comencé a tener dolores todo el rato. Mi cabeza estaba al límite», cuenta.

A las molestias se sumó el tormento mental. «Ves que solo puedes entrenar dos o tres veces a la semana, cuando tus compañeros lo hacen todos los días. En los partidos tienes que tomar medicación antes para estar a un nivel óptimo y, al día siguiente, casi no puedes doblar la rodilla. Se hace muy duro», detalla el coruñés. La ilusión que le motivó a regresar a Galicia y seguir su carrera acabó en el momento en el que tuvo que aceptar la retirada y «dar un paso al lado».

Verse forzado a colgar las botas, reconoce, fue un momento «triste», aunque también sintió alivio. «Este periplo de lesiones queda en el pasado y, ahora, puedo descansar», se consuela Rubén Río. Pese a ello, reconoce que «estos primeros meses están siendo duros» al dejar la rutina de un jugador profesional. Se alejó de los pabellones, a los que no ha vuelto, y de un deporte que, ahora, tampoco sigue por televisión. «No me veo capaz. Estaría pensando todo el rato: ‘Tengo 28 años y ya no estoy ahí’», comenta.

En su mente todavía relucen los recuerdos del campeonato del mundo que conquistó con la selección sub 21 en 2017. «Es el mejor recuerdo de mi carrera y la medalla ahí se va a quedar para siempre en mi casa», recuerda con añoranza. Sin embargo, el pasado le resulta, en parte, cruel. «¿Qué habría sido de mí si no me hubiese lesionado con 23 años?», insiste Río, que no quiere pensar más en «lo que pudo ser».

Su futuro está, por ahora, lejos de las pistas y en el mercado laboral. «Nunca había tenido que trabajar. Por suerte, un patrocinador del Cangas, Wofco, me ofreció uno como comercial», explica, agradecido porque esa oportunidad le ayudó a sobrellevar la retirada.

«Me queda la espinita de no haber podido jugar en el OAR»

Rubén Río solo ha hecho una excepción en su particular divorcio con el balonmano: la fase de ascenso del OAR a la División de Honor Plata. «Fui para darle mi apoyo al equipo de mi ciudad. Es lo único que he visto de balonmano», expone el jugador coruñés.

Lamenta que, en su carrera, no pudo vestir los colores del OAR. «Me quedará para siempre la espinita de no haber podido jugar en el OAR», resalta Rubén Río. Aunque reconoce que estuvo en conversaciones para unirse al proyecto oarista en alguna ocasión, «las circunstancias físicas» que le lastraron en los últimos años dificultaron su llegada al equipo de San Francisco Javier.

Aunque no pudo lucir el escudo en la pista, se dejó la garganta como uno más para celebrar el regreso del club a la segunda categoría del balonmano español. «Están haciendo las cosas muy bien. Tienen un proyecto muy sólido. Hay gente detrás que cree en ello desde hace varios años. Les costó mucho subir a Plata, pero siguieron confiando», opina.

Con el equipo en una situación idílica, líder de la categoría con un partido menos, Río apunta a la calma entre la afición coruñesa: «hay que tener los pies en el suelo». Eso sí, no le importaría que la próxima vez que se vea capaz de pisar una pista de Asobal, sea para cantar los goles del OAR.

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