Fútbol sala | Mundial de Filipinas
Martita, el timón del Viaxes Amarelle que ahora guía a España: «Roza la excelencia»
La coruñesa debuta mañana con la Selección en la primera Copa del Mundo del fútbol sala femenino. La cierre del Poio Pescamar explotó en la Sagrada con 15 años y, desde entonces, no ha dejado de crecer hasta convertirse en un baluarte defensivo: «Lee bien el juego, casi no se equivoca»

Martita, con el dorsal 18, tras un amistoso previo al Mundial con la selección española. | RFEF
«Es como si un cachito del Amarelle estuviese jugando el Mundial». Así resumen las excompañeras de Marta López-Pardo, Martita, (A Coruña, 2001) su presencia en la lista definitiva de España en el Mundial de Filipinas que arranca este sábado ante Tailandia (12.30 horas).
La cierre coruñesa se ha consolidado en la élite en las filas del Poio Pescamar después de un despegue meteórico siendo todavía adolescente con la camiseta del Viaxes Amarelle. Marta Hermo, jugadora del Vilalba en la actualidad, recorrió junto a ella cada peldaño de la cantera naranja, desde la categoría infantil hasta el equipo sénior. «Llegó unos meses después que yo y, como era un año más pequeña, yo era Marta y ella Martita para distinguirnos. Eso ya se le quedó. Venía de jugar con chicos en el Club del Mar, porque quería estar en un equipo femenino», recuerda. «Destacó desde el primer día, es una jugadora muy elegante», apunta María Gómez, jugadora naranja y capitana de aquel equipo que oscilaba entre la Primera y la Segunda División.

Martita y Marta Hermo se abrazan en el banquillo de las categorías inferiores del Viaxes Amarelle. / Cedida
«Su progreso fue espectacular, todos sus entrenadores confiaron mucho en ella», rememora Hermo. Gómez refuerza sus palabras: «Jorge [Basanta] confió en ella desde el principio. Si podía jugarlo todo, lo jugaba, porque aportaba mucha estabilidad al equipo. Era como la prolongación del cuerpo técnico en el campo». El extécnico del Viaxes Amarelle coincide en resaltar su importancia. «Teníamos una gran generación, pero Martita era clave, porque teníamos que defender mucho entonces», bromea Basanta.
La capacidad defensiva es, precisamente, su gran punto fuerte. «Es una jugadora que roza la excelencia y con el balón en los pies se equivoca muy poco», explica el expreparador coruñés. «Ya con 15 años era muy difícil llevársela con un regate, siempre está bien posicionada y lee muy bien el juego», señala María Gómez. Para Marta Hermo, su valor en el engranaje colectivo no reside en «hacer bicicletas o meter goles por la escuadra», sino en ser la pieza que «conecta a todo el equipo» sobre el parqué. Desde la distancia, sus excompañeras creen que su mayor evolución está en el «liderazgo» que ha asumido con los años, aunque sigue siendo igual de «disciplinada y humilde» que siempre.

Martita y María Gómez, después de un partido en la Sagrada Familia. / Cedida
Su ascenso hasta lo más alto estuvo plagado de sacrificios. «Hay muchas jugadoras que a los 14 años tienen potencial, pero al final se quedan por el camino porque no asumen todo lo demás. Martita se ha perdido muchas cosas porque para ella el fútbol siempre ha sido la prioridad», comenta Sandra Rodríguez, exportera del Amarelle que sigue vinculada al club. «Ya no es la adolescente que jugaba en A Coruña, ahora es una jugadora contrastada y respetada en toda la liga», concluye Basanta.
«Es el máximo orgullo del fútbol sala coruñés»
Martita militó en el Viaxes Amarelle hasta el verano de 2020 cuando, todavía recuperándose de una grave lesión de rodilla, el conjunto coruñés descendió en un play out en Elche y los planes de la jugadora y del equipo se truncaron. «No tenía pensado salir, pero era el momento de dar el salto sí o sí. Ya había tenido otras ofertas antes y le dijimos: ‘Vete, que es lo que te toca hacer para mirar por tu futuro», manifiesta Hermo. «Irse al Poio [en aquel momento] fue una de las decisiones más lógicas que ha tomado», coincide Sandra.

Sandra y Martita celebran un triunfo con la bandera de Galicia. / Cedida
Pese a que su pasado como naranja empieza a quedar atrás, la palabra que sus excompañeras emplean para hablar de ella es «orgullo absoluto». «En cuanto supe que iba al Mundial, la llamé y lloramos las dos, fue como si me estuviesen convocando a mí», confiesa Marta. Rodríguez la entiende: «Lo vives un poco como tuyo, porque es muy especial ver el potencial que tenía hace 10 años y a donde ha llegado».
Para María Gómez, su éxito «es importante para el club, para que las jugadoras de la cantera tengan una referente en la selección», mientras que Basanta expresa que «con el duro momento que atraviesa el Amarelle ahora mismo, este es el máximo orgullo del fútbol sala coruñés».
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