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Polideportivo | 25-N | Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

El 25N en el deporte de A Coruña y la violencia en redes: "Somos espectadoras de un circo en torno a nosotras"

Elsa Porto, Andrea Rivas y Paula Lema explican en LA OPINIÓN su perspectiva sobre la violencia verbal que sufren las mujeres ligadas al deporte en redes sociales, con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer: «El anonimato permite decir cosas que de otro modo no se dirían»

Oihane López, Elsa Porto y Mencía Martínez, jugadoras del CRAT, miran la pantalla de un móvil en los vestuarios de Elviña. |  Casteleiro

Oihane López, Elsa Porto y Mencía Martínez, jugadoras del CRAT, miran la pantalla de un móvil en los vestuarios de Elviña. | Casteleiro

A Coruña

«Por lo menos está para follar, aunque no valga para esto». Comentarios de esta índole son habituales en el día a día de las mujeres vinculadas al ámbito deportivo, que conviven con oleadas de odio, menosprecios, insultos y vejaciones hacia sus figuras amparados en el anonimato tras la pantalla.

Las redes sociales han pasado de ser una herramienta de comunicación a un modo de vida. Forman parte de las rutinas de la gente, han cambiado la manera de socializar y han abierto las puertas a la creación de comunidades y vínculos sin ningún tipo de límite imaginable. Pero, a su vez, se han convertido en un arma de doble filo que permite atacar de manera gratuita y pública, sin aparentes consecuencias para quien ejerce la violencia verbal sin reparos.

«La violencia verbal de género es un hecho y es mucho más fácil ejercerla en redes, porque el juego del anonimato da impunidad, permite decir cosas que de otra manera no se dirían», apunta Andrea Rivas, jugadora del Zalaeta. «Casi todas sufrimos o conocemos algún tipo de episodio de este tipo», explica Elsa Porto, del CRAT Rialta.

Rivas considera que los ataques online son una moneda de dos caras. «Por un lado, se amparan en la distancia porque permiten expresarse sin miedo a las represalias, no es algo físico, pero, al mismo tiempo, llegan de forma muy directa a la persona atacada y a su intimidad, invaden su espacio personal», señala. «A lo mejor antes, sin redes, se hacía un comentario entre cuatro colegas que se reían entre ellos y punto, pero ahora es gratuito opinar sin filtro y siempre va a haber algún retrógrado más para alimentar ese fuego. Tú terminas siendo una espectadora más del circo que se está montando en torno a ti o a tu deporte», subraya Porto. «Es muy fácil establecer opiniones tras la pantalla, pero no todas valen», agrega la central del Zalaeta. Las deportistas conviven a diario con la frustración de que «se puede decir lo que dé la gana», porque «nunca pasa nada»

El deporte es un ámbito en el que «los estereotipos de género están muy marcados» y quien se salga de ellos es un blanco fácil. «Se nos exige ser mucho más correctas, más elegantes y limpias desde pequeñas, parece que nuestro error es más pecado», apunta Rivas. «Si haces algo diferente, vas a ser más señalada», añade Porto.

Realidades enfrentadas

«Las jugadoras de rugby estamos masculinizadas y las del voleibol hipersexualizadas. Son dos polos opuestos, pero el caso es encontrar un motivo para atacar», expresa la internacional del CRAT.

El voleibol vive bajo una lupa constante, pero las faltas de respeto se agravan cuando se trata del vóley playa, que Andrea Rivas también practica en verano. «Es muy fácil hacer comentarios sobre nuestros cuerpos. Dicen que nos exhibimos en bikini y que vamos enseñando y no, no vamos enseñando nada», defiende. La percepción del deporte oval es totalmente contraria. «El nuestro es un mundo de hombres y parece que está fuera de lugar que lo practiquen mujeres», reconoce Porto.

Para la ourensana, el gran desafío es proteger a las jugadoras más jóvenes, que conviven de manera más innata con el universo digital: «No hace falta que sean insultos, pero vivir en un juicio constante puede ser muy dañino para una niña que aún no tenga la confianza de decir ‘esto es lo que me gusta y me da igual lo que opines’ porque todavía se está desarrollando. Es muy fácil, entonces, abandonar para salir de fiesta, que es lo que hay que hacer porque es lo que se ve en las redes».

Mujer y arbitraje, doble reto

Paula Lema es árbitra de baloncesto en la Liga Endesa femenina y en Primera FEB. La vigilancia sobre su colectivo profesional es constante, pero, si a ese examen se le suma el hecho de ser mujer, la presión, muchas veces, se redobla. «Un fallo mío no tiene la misma repercusión mediática que el de un compañero, el enfoque de las críticas y los ataques hacia los árbitros [hombres] es genérico, pero si me equivoco yo es más personal», admite la colegiada.

Lema reconoce que no tiene redes y que los comentarios no le afectan, pero que a veces le llegan igualmente. «Hay de todo. Desde decirme que soy la peor árbitra de toda la liga a otros temas, la mayoría de veces sexuales», confiesa. Ella, sin embargo, trata de mantenerse al margen y no darle importancia. «La mitad son tonterías, cosas de las que la gente no tiene ni idea. Es como hablar con borregos, por eso no me preocupa mucho», explica la coruñesa. Y añade su rechazo hacia el escudo que da Internet para emitir juicios sin aparentes consecuencias: «Si la gente tiene ese medio para insultar, molestar o juzgar, a mí me da pena, lo que me genera es asco».

La forma en la que la gente se dirige a ella, tanto en el pabellón como en la red, es «bastante machista, la verdad». «A mis compañeros se les llama por el apellido y yo siempre soy Paulita. Esa condescendencia es algo a lo que también hay que hacer frente», declara. Para Lema, la violencia verbal es «violencia machista, al fin y al cabo» y debe «cortarse»: «Estamos en 2025 y hay temas en los que hay que avanzar ya».

Educación y foco como solución a largo plazo

«El primer paso para erradicar la violencia verbal en las redes sociales es este, sacar el tema a la luz. Y, a partir de ahí, lo de siempre, educar en unos valores, una cultura y una forma de estar en el mundo que sean respetuosos y amables con todo el mundo», considera Andrea Rivas. «Creo que la cultura y la sociedad tienen que cambiar, porque todavía existen muchos micromachismos, sobre todo asociados al deporte. Y eso no va a ser fácil», comenta Elsa Porto.

«Yo siempre aconsejo que no usen las redes, porque no aportan nada positivo. Entiendo que es una nueva forma de comunicación, pero si el hecho de que cuatro tontos que no tienen otra cosa mejor que hacer que insultar, porque siempre son los mismos, genera un problema, hay que enfocarse en el refuerzo positivo de los compañeros y de la dirección técnica. Porque yo por parte de mis compañeros jamás he recibido una crítica, su confianza en mí es máxima», concluye Paula Lema.

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