Hockey sobre patines
La dinastía Saavedra reina en verde y blanco: «Tenemos el gol en la cabeza»
Los hermanos Bruno, en el primer equipo, y Roi, en el filial, comparten gen goleador en el Liceo: «Nos parecemos y nos entendemos bien en la pista; sería especial jugar juntos aquí»

Bruno y Roi Saavedra posan en uno de los fondos de la pista del Palacio de los Deportes. / CASTELEIRO
El Liceo y las sagas familiares son un binomio habitual. Los apellidos Bargalló, Di Benedetto, Grau, Torres o Copa, entre muchos otros, han marcado a pares (a veces incluso más) la historia colegial. A ellos, en la actualidad, se suman los Saavedra. Bruno, jugador del primer equipo, y Roi, pichchi del filial, comparten sangre, pasión y colores en la nueva dinastía verdiblanca que aspira a hacer historia en el Palacio de los Deportes.
Bruno fue el primero en calzarse unos patines. Con poco más de tres años ya rodaba en línea en patinaje artístico. «Se le dieron muy bien los deportes desde pequeñito», recuerda Roi. «Patinaba bien y un día me dijeron: ‘Coge esto [un stick] y golpea esto [la bola]’. Así empecé en el hockey», relata Bruno. «Destacó desde el principio y yo fui de paquete poco después», explica su hermano pequeño.
Se iniciaron en Oroso y pronto se trasladaron a Santiago, donde se formaron a las órdenes de algunos grandes como Luis Aceituno o Ramón Canalda. «Pasamos muy buenos años allí, porque tuvimos algún Campeonato de España y llegamos a jugar juntos en el mismo equipo», indica Roi, dos años menor que Bruno. Fue la primera y única vez que compartieron vestuario con regularidad. «Fue divertido, nos entendíamos bastante bien en la pista», confiesa el 13.
El hogar Saavedra Rodríguez respira hockey por los cuatro costados, pero no siempre fue así. Antes de que ellos empezasen a jugar, sus padres ni seguían ni practicaban el deporte sobre patines. «No sabían lo que era un stick, los frikis del deporte somos nosotros», bromea Roi. Aun así, en su casa encontraron respaldo y comprensión para desarrollar su gran pasión. «Siempre tuvimos su apoyo y nos dieron facilidades para jugar», comenta Bruno. Sus progenitores son sus máximos admiradores, pero también sus primeros críticos: «No nos hacen la pelota, nos mantienen los pies en la tierra».
Trayectorias paralelas
Después de destacar en el Compostela, Bruno y Roi hicieron las maletas rumbo a A Coruña para enfundarse la elástica de Dominicos. «A Bruno lo ficharon pensando en el equipo de OK Plata y yo me quedé en la base. Tuve algún entrenamiento con ellos, pero cuando debuté, él ya no estaba», rememora Roi. Y no estaba porque se había incorporado al Liceo, a donde su hermano pequeño le siguió un año después, hace dos veranos. En la entidad liceísta compagina el equipo júnior con el filial, donde es el máximo goleador con 13 tantos en 9 partidos en OK Bronce. «No suelo estar muy acertado de cara a puerta, pero este año me va bien. Genero muchas ocasiones, pero tengo un porcentaje de efectividad regular. Soy más playmaker», opina Roi. Bruno difiere. «Se le da muy bien marcar goles», considera, aunque lo que más le gusta de su hermano es «su velocidad, corre que da gusto verlo». «Bruno es un jugador único, un perfil muy especial. Él sale y el partido, para bien o para mal, se revoluciona y pasan cosas», explica el pequeño de los Saavedra sobre su hermano mayor, su primer referente.
Ambos juegan con «la portería metida en la cabeza» y son «bastante parecidos» sobre la pista, aunque Roi se considera «emocional, pero un poco más tranquilo» que su hermano. La posibilidad de competir mano a mano en el Liceo es algo que les «encantaría» conseguir. «Jugar en el primer equipo siempre es el objetivo y, si es con Bruno, aun mejor», dice el pequeño. «Me gustaría, sin duda, sería bastante bonito volver a coincidir y hacerlo aquí», concluye el mayor.
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