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Escalada | Día Mundial de las Personas con Discapacidad

Dani, Xaira y Cristina, «en la montaña, nadie se queda atrás»

El Grupo AMI y la Federación Galega de Montañismo organizaron en Riazor una sesión de escalada por el Día Mundial de las Personas con Discapacidad: «Podemos hacer muchas cosas, pero en vez de ir recto damos más curvas»

Dani Briceño y Xaira Fontela en el Rocódromo de Riazor.

Dani Briceño y Xaira Fontela en el Rocódromo de Riazor. / CASTELEIRO

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A Coruña

«Es un día para visibilizar que en la montaña nadie se queda atrás». Así define Mariquiña Castiñeira, de la Agrupación de Montañeiros Independentes (AMI), el gran evento de escalada celebrado este miércoles en el Rocódromo de Riazor. Con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, la entidad deportiva y la Federación Galega de Montañismo organizaron una jornada de escalada inclusiva con la idea de «mostrar que casi todo el mundo puede hacer cualquier tipo de actividad que se plantee».

El objetivo de estas puertas abiertas era demostrar que el deporte y, en este caso concreto, la escalada, es una valiosa herramienta de autonomía y crecimiento personal. Sin barreras ni prejuicios. «Cualquier persona que quiera escalar, está invitada con nosotros», señala Mariquiña que, no obstante, hace hincapié en la importancia de mantener una rutina deportiva regular: «No se trata de ir un solo un día y punto, la clave es la constancia. Para mejorar, en cualquier aspecto, hay que trabajarlo de manera sistemática».

Dos participantes observan a sus compañeros escalar. |  Casteleiro

Dos participantes observan a sus compañeros escalar. | Casteleiro

Al evento asistieron usuarios de la ONCE, Aspronaga, la Fundación Adcor, Aspace o la Fundación Amador de Castro, muchos de ellos habituales ya en las actividades mensuales de AMI. Entre ellos estuvo Dani Blanco quien, con 15 años, se convirtió en la primera persona autista en competir en paraescalada en España. «Dani tiene un nivel de autismo severo, pero escala muy bien. Lleva con nosotros 4 o 5 años y ha avanzado muchísimo, porque le gusta», apunta Mariquiña.

El aprendizaje como gran meta

Otros de los participantes fueron Dani Briceño, con discapacidad intelectual, y Xaira Fontela, con síndrome de down. Ambos conocieron el deporte de la mano de Aspronaga y se han convertido en asiduos del rocódromo. «A mí me encanta escalar y la sensación de subir tan alto. Hace solo un año que empezamos, pero estamos aprendiendo mucho y se me da bastante bien», relata Briceño, que disfruta de los piques con su amigo Anxo en las alturas: «Siempre competimos a ver quien llega más alto, a veces gana él y a veces yo. Está repartido». Para Xaira, la faceta deportiva es importante, pero lo que más disfruta de las sesiones en AMI es comprobar como sus compañeros «aprenden poco a poco». Antes de la escalada, Fontela practicó gimnasia rítmica. «Tienen algunas cosas parecidas pero, si tengo que escoger, me quedo con el rocódromo, es un sitio bastante guay», reflexiona.

Una monitora de AMI prepara a un escalador antes de subir.

Una monitora de AMI prepara a un escalador antes de subir. / CASTELEIRO

Cristina Salinas perdió la visión por completo hace seis años, pero ese revés no mermó su espíritu deportivo. Descubrió la escalada en un reportaje de la Televisión de Galicia y enseguida supo que quería probar. Desde entonces, visita las instalaciones de AMI una vez al mes con la ONCE. «Me maneja una persona, porque soy ciega total. Me guía desde abajo según las agujas del reloj. Tienes que estar muy compenetrado con tu guía, si no, llega un momento que te cansas», describe. Para Cristina, escalar es «un reto», porque no es algo que ya hiciese cuando podía ver, así que lo disfruta «como una niña pequeña». Más allá del rocódromo, va al gimnasio, hace pilates, practica senderismo con asiduidad y ha probado el paddle surf. Lo próximo, en su lista deseos, son el barranquismo y el windsurf. «Es cierto que no podemos hacer algunas cosas, pero hay otras muchas que sí. En vez de ir en línea recta, tenemos que dar un par de curvas más, pero, de diez tareas, podemos hacer siete. Es una pasada», concluye.

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