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Judo

El judo no entiende de edades: «Lo más importante es disfrutar del camino»

Carla Mosquera, subcampeona del mundo con 37 años: «Mi ahijado se apuntó hace un año y volví con él» | Fernando Ulloa, de 61: «Fui plata en 2014, me lesioné y quiero volver a ganar»

Carla Mosquera, primera por la izquierda, con la plata en el Mundial de veteranos en París. |  Cedida

Carla Mosquera, primera por la izquierda, con la plata en el Mundial de veteranos en París. | Cedida

Daniel Abelenda Lado

Daniel Abelenda Lado

A Coruña

«Llega un momento en el que la vida del deporte de alto rendimiento es incompatible con el ámbito laboral y tienes que dejar de competir». Nadie dijo que fuese fácil convertirse en campeón del mundo. Pero tampoco está establecido a qué edad dejar de perseguir el sueño de ser el mejor de todo el planeta en aquello que más amas. El judo coruñés puede presumir de tener en sus filas a dos deportistas que saben lo que es coronarse en lo más alto en la categoría de veteranos. Carla Mosquera, del Judo Club Shiai, lo hizo hace apenas un par de meses en París, donde consiguió la plata con 37 años. Fernando Ulloa, con 65 años y tras toda una vida vinculado al kimono y al tatami, lo logró hace ya una década y, aunque una lesión le alejó por un tiempo, ha vuelto a atarse el cinturón negro. Por nunca sobra un Ippon en el palmarés de nadie.

Carla Mosquera comenzó en el tatami como muchos niños, en una actividad extraescolar en el colegio. «Probé un año y me desapunté porque era mala en las clases. Luego, me volvieron a apuntar y me advirtieron de que, esa vez, sí tenía que acabar», recuerda la judoca coruñesa. A la segunda fue la vencida. Se encariñó con el arte marcial y comenzó a competir en categorías inferiores. Los buenos resultados le aseguraron un hueco en el centro de tecnificación deportiva en Pontevedra. Siguió compitiendo y sumando buenos resultados, incluso, al volver a casa. Pero «la vida adulta» la hizo abandonar «poco a poco» el judo para centrarse en el mundo laboral.

Su relación con el judo se mantuvo parada hasta el año pasado, cuando volvió a pisar el tatami del Shiai. «Mi ahijado se apuntó a judo y yo volví con él. Me contrataron en el gimnasio y, así, retomé los entrenamientos», relata Mosquera. Encontró la emoción de volver a competir en una liga de verano en la que se topó con la motivación para seguir. «Conocí a gente adulta con las mismas condiciones que yo y eso me ayudó a tener más iniciativa», confiesa. Con 37 años, participó en alguna competición absoluta en la que los resultados volvieron a ser positivos. «Me vi rodeada por mis alumnos de gimnasio y compañeros mayores y medianos. Todos estaban pendientes de verme volver a competir, fue muy gratificante», cuenta.

En su primer torneo de categoría veterano, consiguió la puntuación mínima para disputar el Mundial, que se celebró el pasado mes de noviembre en París. «Fui a lo loco, sin saber qué expectativas tener, porque nunca había competido con gente a nivel internacional», reconoce. Se enfrentó a «muchas francesas», remontó dos combates de máxima exigencia y se sobrepuso a algún arbitraje dudoso para plantarse en la final. «Perdí en la técnica de oro por shidos (amonestaciones)», relata Carla Mosquera. En poco más de un año pasó de estar alejada del judo a ser la segunda mejor del mundo en su categoría. Hace unas semanas se proclamó, también, campeona de España. «Lo más importante es disfrutar del proceso», reflexiona.

Fernando Ulloa, en el centro, tras ganar una competición nacional este año. |  Cedida

Fernando Ulloa, en el centro, tras ganar una competición nacional este año. / Cedida

Un recorrido similar es el que persigue Fernando Ulloa, del Judo Club Coruña. «Fui subcampeón del mundo en 2014, pero en 2017 tuve una lesión y me aparté de la competición. Ahora, he vuelto y quiero ganar el campeonato de Europa», relata el judoca coruñés, de 61 años. Se inició con 15 en el judo, siempre bajo el maestro Bernardo Romay. Al igual que Carla Mosquera, tuvo que dejarlo de lado a los 27 por conciliación laboral y familiar. No obstante, no perdió el gusanillo de la competición. «No me gusta perder ni al parchís», bromea Ulloa.

Se inició en las competiciones de veteranos, en las que acumuló medallas de oro a nivel nacional. Probó en los Mundiales hasta dar con la categoría de peso adecuada. Ganó y, cuando buscaba repetir otro triunfo, en 2017, sufrió una rotura del tendón de Aquiles. «Fueron dos años sin competir. Luego, a finales de 2019, volví a entrenar, pero vino la pandemia y no quise ponerme a entrenar hasta que pudiese hacerlo sin mascarilla», explica el judoca coruñés.

En 2025 regresó a la competición con resultados inmejorables, acordes con una disciplina de entrenamientos inquebrantable. «Me levanto a las seis de la mañana, salgo a correr y me entreno hora y media de judo de lunes a viernes antes de ir a trabajar». Ganó una Copa, una Supercopa y un Campeonato de España en su vuelta y, para 2026, no baja el listón. «Mi objetivo es el campeonato de Europa en Burdeos y, luego, el del Mundo en Sarajevo, que será en noviembre», apunta Fernando Ulloa, que quiere volver a dedicarle un triunfo a Bernardo Romay, su maestro de toda la vida.

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