Hockey sobre patines | WSE Champions League
4-4 | El Benfica empaña la epopeya de un Liceo heroico
Los verdiblancos empatan ante un equipo invicto este curso tras un duelo en el que tuvieron muchas opciones de vencer | La expulsión de Bruno Saavedra dio alas a los lisboetas

Liceo y Benfica empatan (4-4) en el Palacio de los Deportes de Riazor / Iago López

El Palacio de Riazor rugió, disfrutó, sufrió y soñó en otra noche grande del Liceo en Champions. El equipo verdiblanco empató (4-4) en un duelo que se vivió con el corazón en un puño y en el que, por momentos, quebró la moral de un Benfica que llegaba invicto a A Coruña y que estuvo a tres minutos de ceder su primera derrota de la temporada a manos de los hombres de Juan Copa. Con Dava Torres y Toni Pérez como héroes en el primer tiempo, con Bruno Saavedra como ángel y demonio en el segundo acto y con Nuno Paiva como el terror de sus compatriotas, los colegiales sumaron un punto valioso para acercarse a la final a ocho. Y, sobre todo recargaron, y mucho, el orgullo de un equipo que mira a la cara a cualquiera.
Los hombres de Juan Copa salieron con agallas a un Palacio que, antes de comenzar las hostilidades y con el expresidente Augusto César Lendoiro en el palco, guardó un minuto de silencio por Chicho Faraldo, el primer entrenador de la historia del club. Con la bola ya en juego, los colegiales se encontraron con toda la contundencia del Benfica. Nil Roca le arrebató la bola a César Carballeira y, tras combinar con Roberto di Benedetto, batió a su hermano, Blai, para firmar el 0-1.
Dava Torres se convirtió en un Hércules de carne y hueso. Probó suerte de inmediato con un cañonazo desde el costado derecho y sorprendió a Conti Acevedo para empatar (1-1). Mientras Toni Pérez tenía sus rifirrafes con Nil Roca, los colegiales ganaron confianza. Otro misil del capitán desde media pista se convirtió en una asistencia perfecta para el artillero asturiano superase con sutileza al portero del Benfica para insuflar ilusión a la parroquia liceísta (2-1).

Los jugadores del Liceo celebran el 1-1 de Dava Torres ante el Benfica. / Iago Lopez
El Liceo traspasaba el minuto 7 y, aunque el Palacio contuvo la respiración con un tiro a la madera, demostró saber ejecutar su plan a la perfección. Sólido atrás, con Blai como salvavidas y todos los jugadores de verde como socorristas de excepción. Y, sobre todo, voraz con las contras de Bruno Saavedra y Jacobo Copa. El compostelano provocó un penalti y Acevedo impidió que Carballeira ampliase la renta. Los lusos, siempre peligrosos, se marcharon al descanso sin poder empatar
Resistir y morder
El Benfica salió a morder en la segunda parte y el Liceo, de inicio, aceptó un intercambio de ataques fugaces y un juego más físico que desembocó en las bolas paradas. Los árbitros señalaron penalti de Blai Roca sobre Di Benedetto al despejar con el stick. El meta catalán firmó una triple parada ante Joao Rodrigues y los múltiples rechaces posteriores. Menos pudo hacer en la siguiente acción, cuando Zé Miranda lanzó la directa por las diez faltas recibidas y le engañó con su amago (2-2).
Tampoco en ese momento se rindió un Liceo que quería una gran noche en el Palacio. Bruno Saavedra recibió la llamada y cogió los galones. Robó una bola detrás de la portería de Blai Roca, patinó en solitario y marcó un golazo desde fuera del área, batiendo a Acevedo por bajo (3-2).
Del cielo al infierno
El éxtasis duró un suspiro, pero pudo ser doble. Bruno trató de convertir la directa por las diez faltas del Liceo, pero el meta del Benfica le adivinó las intenciones. En la siguiente acción, del cielo al infierno, el ex de Dominicos vio la roja directa por un lance con Miranda.
La resistencia hercúlea de los tres hombres de verde que quedaron en la pista sirvió de poco. Un ataque de Lucas Ordóñez se convirtió en el 3-3 en un tiro con muy mala fortuna en los rechaces para los intereses del Liceo. La sangría se quedó en un solo gol en inferioridad.
Cuando volvió el cinco contra cinco, las fuerzas se anularon y dieron paso a la magia. Nuno Paiva, varita en mano, rodeó la portería e incrustó una bola picada en la escuadra derecha de la portería del Benfica para hacer el 4-3 y hacer rugir al Palacio. La alegría duró apenas un minuto, hasta que Nil Roca encontró a Gonçalo Pinto junto a la portería para volver a firmar las tablas 4-4. Ya no se movió más un tanteador loco que, pese a quedar en tablas, no empañó el ejercicio de rebeldía de un Liceo que no se arruga ante nadie.
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