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Hockey sobre patines

Así construyó el Liceo su renovado bastión de Riazor que reta al Barcelona

El cuadro verdiblanco no conoce la derrota en sus 11 partidos como local entre la OK Liga y la WSE Champions | Solo el Shum, el Sporting de Portugal y el Benfica han sido capaces de llevarse un punto del Palacio de los Deportes | Este domingo, visita del Barça con el liderato de la liga en juego (12.00 horas)

Los jugadores del Liceo celebran uno de sus goles al Benfica en Riazor.

Los jugadores del Liceo celebran uno de sus goles al Benfica en Riazor. / Iago Lopez

A Coruña

Qué tendrá Riazor que, en las grandes citas, se vuelve un infierno donde las llamas arden en verde y blanco. Qué tendrá el Liceo que, cuanto mayor es el reto que al que se enfrenta, más se crece y más disfruta. Y qué tendrá esa comunión entre ambos, grada y pista, afición y equipo, que, cuando empuja en una misma dirección, hace del Palacio de los Deportes el anfiteatro donde los mejores gladiadores del mundo hincan la rodilla ante los hombres de Juan Copa. Todos, sin excepción, se marchan magullados, heridos y frustrados. Incapaces de romper un meigallo que, en lo que va de curso, no ha sido contrarrestado por ningún forastero.

El cuadro colegial ha hecho de su casa un fortín inexpugnable en el que, como mucho, solo ha cedido tres empates: el del Shum en la jornada inaugural de la OK Liga (3-3) y los dos de la WSE Champions League frente a los gigantes portugueses, el Sporting (2-2) y el Benfica (4-4). El próximo rival en visitar el coliseo coruñés es el Barcelona, este domingo (12.00 horas, TVG2), otro Goliat que intentará lograr lo que ha sido inalcanzable para los demás hasta la fecha: llevarse los tres puntos de A Coruña.

Nil Cervera defiende una acción en el partido de Riazor frente al Shum

Nil Cervera defiende una acción en el partido de Riazor frente al Shum / IAGO LOPEZ/ROLLER AGENCIA

Ni en liga ni en Europa: el Liceo echa el cerrojo

El equipo azulgrana tendrá que bregar, y mucho, para doblegar al Liceo en su casa. En los cinco meses que se han disputado de la presente temporada, el conjunto verdiblanco ha llevado al extremo su fortaleza como local. No conoce la derrota ni en la competición doméstica ni en la continental y ha cometido apenas tres deslices en forma de empate, dos de ellos frente al vigente campeón del mundo y al actual líder de la liga portuguesa. El curso empezó con ciertas dudas, con un 3-3 ante un recién ascendido que dejó a los colegiales visiblemente insatisfechos. Aquel 27 de septiembre, con el Shum todavía celebrando el punto sobre las tablas del Palacio, nadie podía imaginar lo que vendría después. Una y no más, debieron pensar los pupilos de Juan Copa. A partir de ahí, Rivas, Calafell, Reus, Voltregà, Lleida y Cerdanyola claudicaron sobre la tarima coruñesa en la OK Liga.

En el torneo europeo, más exigente de partida, el Liceo parece haberse abonado a las noches épicas. En los cuatro duelos de Champions que ha jugado delante de su gente, ha logrado dos triunfos y dos empates que, si bien son muy valiosos, por el desarrollo de los encuentros supieron amargos. En ambos casos, frente a Sporting y Benfica, los verdiblancos hicieron méritos de sobra para quedarse con los tres puntos. «Es una lástima [el resultado], porque nos pusimos por delante y una falta al final marca el partido. Seguramente, cuando nos levantemos por la mañana valoraremos el punto, pero ahora no, porque merecimos más», lamentó Juan Copa el pasado jueves, al término del choque contra el Benfica. El 4-4 frente a los lisboetas, que hasta su visita al feudo coruñés solo habían concedido un empate en todo el curso, con una racha de triunfos casi inmaculada, fue un ejercicio de fe, trabajo, corazón y ADN liceísta. Una guerra de titanes en la que los colegiales plantaron cara a una de las escuadras más letales del mundo, que solo pudo puntuar mediante la bola parada y aprovechándose de un power play tras la expulsión de Bruno Saavedra.

Sí obtuvo recompensa la escuadra colegial en los partidos ante el Oliveirense y el Bassano, aunque tampoco estuvieron exentos de sufrimiento. Las dos fueron victorias por la mínima (3-2 y 4-3, respectivamente), con desenlaces al filo del paro cardíaco tanto en la pista como en la grada.

Dava Torres pelea una bola en el compromiso europeo contra el Sporting de Portugal

Dava Torres pelea una bola en el compromiso europeo contra el Sporting de Portugal / Iago Lopez

Un calendario de vértigo

El Liceo no quiere despertar de su sueño como local, pero lo que le viene por delante no será sencillo. Lo más inmediato, este mismo domingo: un Barça hambriento, con sed de revancha tras haber caído en el Palau y con el liderato doméstico en juego. El equipo catalán, que históricamente ha coprotagonizado alguna de las batallas más recordadas sobre el parqué coruñés, aterriza con todas sus armas cargadas, pero con la prudencia suficiente de saber que enfrente tendrá a un equipo entregado a su pista y a su gente.

Esa está siendo —y, por ende, será este domingo también—, una de las claves del buen hacer liceísta en el Palacio: la grada ha recuperado la pasión. En los últimos tiempos, el club trabaja para atraer a la ciudad al pabellón y patinar sobre seguro con el respaldo de su afición. Pese a que hay días de más cartel y prestigio, la media de asistencia está siendo positiva. Riazor, cuando se enchufa, vibra y ruge como una auténtica olla a presión. «La gente nos ayudó mucho [ante el Benfica]. Los cito para el partido contra el Barça, que será otra batalla, porque con ellos somos más fuertes. Un buen ambiente nos hará mucha falta para defender el primer puesto en Riazor», afirmó Copa.

Tras la visita del Barça, el desenlace del torneo regular traerá al Palacio de los Deportes a equipos de play off, como el Igualada, el Noia o el Alcoi. En Champions, el Liceo buscará vengarse del Barcelos (26 de marzo, 20.30 horas) y, si pasa la fase de grupos, se citará con los cuartos de final. Una agenda ambiciosa para un equipo y una masa social que no se cansan de demostrar que A Coruña sigue siendo el mayor ejemplo de resistencia y rebeldía sobre patines.

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