Hockey sobre patines | OK Liga
1-0 | Obra maestra de un Liceo que pinta la OK Liga de verdiblanco
Un gol de Bruno Saavedra a dos minutos del final basta al equipo verdiblanco para tumbar al Barcelona | La escuadra coruñesa continúa imbatida en Riazor | Deja a los culés a seis puntos y mantiene su ventaja con el Igualada

César Caraballeira va a abrazar a Bruno Saavedra tras lograr el gol del triunfo / CARLOS PARDELLAS
Una base defensiva tan sólida como eficiente y tan coral como segura. Una pincelada de carácter. Otra de orgullo. Muchos destellos de calidad y un trabajo incondicional. Para rematar, una genialidad al alcance de unos pocos privilegiados para el toque final. Y voilà. Así se gestó la victoria del Liceo frente al Barcelona (1-0), como una obra de arte pintada con paciencia y precisión hasta que en los minutos finales explotó el color. Bruno Saavedra, con un gol sacado de la chistera en el tramo decisivo, dio el triunfo al equipo coruñés en un partido inteligente y táctico frente a los casi 4.000 aficionados que abarrotaron el Palacio de los Deportes para celebrar tres puntos y el liderato de la OK Liga.
El duelo comenzó a rodar entre batukadas, sirenas y el aliento de un Riazor que continúa invicto y que llevó a su equipo en volandas durante los 50 minutos. A ninguno de los dos se le notó que venía de jugar en Europa entre semana, porque la intensidad, el ritmo y la tensión no se negociaron ni en un bando ni en el otro.
El Barça, eso sí, empezó más inspirado. Ignacio Alabart, empeñado en ser villano en su tierra, fue un dolor de cabeza para la zaga local en los compases iniciales. Tuvo las primeras ocasiones, con un disparo desviado y otro que detuvo Blai Roca con el cuerpo, y protagonizó el primer rifirrafe individual con un Toni Pérez muy pegajoso. Al Liceo le sobraban revoluciones, demasiado ansioso por llegar a la portería de Sergi Fernández, y tardó cinco minutos en realizar su primer lanzamiento, un trallazo de Carballeira desde el círculo central. Barroso tomó el relevo de Alabart como amenaza y buscó el tanto visitante en dos ocasiones, pero no estuvo acertado.
El Liceo quería soltarse, pero le costaba fluir. Nil Cervera y Carballeira, el más activo en ataque en el primer tramo del duelo, se entendieron, por fin, a los diez minutos y el coruñés envió la bola al larguero. Fue el aviso de que el guion estaba a punto de cambiar. Y cambió, vaya si cambió. Juan Copa relevó a la vieja guardia con la que había empezado y metió sangre fresca con Jacobo, Saavedra y Xaus acompañando a Nil. Y al equipo le sentó bien, porque pasó a dominar. Cervera lo intentó tímidamente en varias ocasiones y su hermano Eloi y Font replicaron para los visitantes. Jacobo erró un mano a mano, Saavedra chutó desviado y Xaus estrelló una jugada individual en los patines del portero culé.
Bruno, como si estuviese escribiendo el preludio de lo que estaba por venir, pasó a ser la amenaza más seria sobre la defensa visitante en cada robo colegial, al galopar sobre el parqué en dirección a Sergi y obligar al Barcelona a dar un paso atrás. Jacobo Copa rozó el gol en dos ocasiones y a Toni Pérez le faltaron centímetros en el stick para cazar una asistencia de Paiva a bocajarro. Juan Copa y Ricard Ares tuvieron sus más y sus menos en los banquillos, con la colaboración del exliceísta Marc Grau, y el crono corría sin descanso a la espera de que alguna de las escuadras abriese el marcador.
En el tramo final antes del intervalo, el Liceo puso la pausa y el Barça el vértigo. Los locales intentaron llevar el choque hacia las posesiones largas y cocinaron cada jugada a fuego lento, mientras los catalanes trataron de aprovechar los errores verdiblancos para correr. En ese contexto, Dava protagonizó las últimas oportunidades, con una bola al larguero y un intento a larga distancia que salvó el meta culé.

Toni Pérez se lleva la bola ante varios jugadores del Barcelona. / Carlos Pardellas
Todo abierto tras el descanso
El comienzo de la segunda mitad fue un calco de la primera, con el Barça enchufado y Alabart multiplicado. El coruñés falló una clara ocasión, solo frente a Blai Roca, y el Liceo reaccionó. Torres, Cervera, Paiva y Saavedra intentaron echar la puerta de Sergi Fernández abajo, pero encontraban la manera. Ni de cerca, ni de lejos. Ni de manera individual, ni a través del juego colectivo. El acoso liceísta, eso sí, obligó a Ricard Ares a parar el partido para ajustar sus piezas sobre la tarima coruñesa.
Nuno Paiva, lanzado en ataque, y Toni Pérez no fueron precisos en las siguientes llegadas y el encuentro entró en los diez minutos finales con todo por decidir y al límite de la bola parada, con 9 faltas para cada equipo que ya no se moverían más. El Barça estuvo muchos minutos sin inquietar a Blai, pero el Liceo tampoco terminaba de acertar. Hasta que llegó el gran golpe de inspiración. Bruno Saavedra, en absoluto estado de gracia, trazó sobre el parqué coruñés una obra de arte que quedará para grabada en el recuerdo de los 3.800 aficionados que acudieron al pabellón. Robó en su propio campo y se fue arriba, valiente y destemido. Una camiseta verde contra cuatro azulgranas. Rodeado, literalmente, por todo el equipo rival, el compostelano levantó la cabeza y dio el brochazo definitivo al partido con un potente disparo que quebró la resistencia azulgrana y provocó el éxtasis en Riazor. 1-0. Suficiente.
El conjunto colegial dedicó los dos minutos restantes a encaramarse ante la portería de Blai y aguantar, en un esfuerzo colectivo digno de enseñar en las escuelas de hockey sobre patines. Le bastó. El reloj llegó a cero, sonó la bocina y la explosión de júbilo tambaleó los cimientos de Riazor. El Liceo tiñe la liga de verde y manda en solitario. Golpe maestro de un equipo al que no se le terminan los recursos para vencer.
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