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Hockey sobre patines

«El Liceo se siente desamparado en algunas pistas de Cataluña»

«Nos han tirado bebida por encima, nos han escupido, nos han golpeado desde la grada... Que te insulten puede ir en el sueldo, pero que te escupan o que te toquen, no», relata Antón Baldomir, directivo de la entidad verdiblanca | «Muchos aficionados no pueden llevar nuestras camisetas a ciertos pabellones porque temen por su seguridad», lamenta

Antón Baldomir, directivo y exdelegado del Liceo.

Antón Baldomir, directivo y exdelegado del Liceo. / CARLOS PARDELLAS

A Coruña

«Ir a Cataluña (para jugar al hockey) no es ir a la guerra, pero en algunas pistas tenemos la sensación de estar desamparados». Los incidentes entre los seguidores del Igualada y la plantilla del Liceo al término del último partido de OK Liga en el Palacio de los Deportes ha vuelto a sacar a la luz una vieja reivindicación verdiblanca: la seguridad de su cuerpo técnico y sus jugadores en los partidos de liga a domicilio. «No es algo que nos pase siempre, son la minoría, pero sí que hay algunos pabellones en los que hemos vivido situaciones muy hostiles», indica Antón Baldomir, actual directivo y exdelegado de la entidad coruñesa. «Pistas como las del Noia, el Reus, el Voltregà, el Igualada... En la mayoría, para entrar y salir del vestuario, hay que pasar por la bocana de una instalación donde la gente puede tocarte. Y, además, el banquillo está pegado a la grada, no existe ningún tipo de distancia», explica Baldomir. Esa cercanía, en ciertos momentos de tensión deportiva, ha jugado en contra de la expedición liceísta. «Nos han tirado bebida por encima, nos han escupido, nos han golpeado desde la grada... Son situaciones que, por desgracia, tenemos muy normalizadas cuando no debería ser así», lamenta.

Capítulo aparte merecen los insultos y la violencia verbal, el pan de cada día para los miembros de la expedición en cada duelo como visitantes. «En muchas ocasiones, la gente detrás del banquillo se pasa 50 minutos insultándote casi directamente en la oreja. Se han llegado a colgar del banquillo para llamarnos de todo», añade el directivo liceísta. «En Calafell, por ejemplo, la escalera para subir a la grada da directamente al banquillo. La persona que te está gritando, estira el brazo en cualquier momento y te toca. No quiere decir que te vaya a agredir, pero el riesgo está ahí», agrega. Y añade: «Que te insulten puede ir en el sueldo, pero que te escupan o que te toquen, no». Baldomir explica que la queja del Liceo es recurrente y que, desde la entidad colegial se ha solicitado en varias ocasiones el acordonamiento «de ciertas zonas de la grada», pero que han perdido la fe: «No lo van a hacer nunca y es una pena, porque es muy difícil que el personal de seguridad te proteja en situaciones así».

Ejemplos y excepciones

«Hay muchas cosas que deben mejorar y actitudes que no pueden darse en el deporte profesional», reflexiona Antón Baldomir. Y pone dos ejemplos concretos que ha sufrido el Liceo a domicilio en los últimos cursos. «Hace un par de años, en Voltregà tuvimos que estar metidos dentro del vestuario durante un buen tiempo para poder salir. Se llegó a decir que yo [entonces delegado que viajaba con el equipo] había agredido a una señora que, por cierto, estaba donde no debía estar, pero no fue así. Ella bajó hacia mí, vino otro chico que me agredió, había mucha gente corriendo por la grada, y yo lo empujé para sacármelo de encima. Fue entonces cuando ella se cayó, pero hablamos allí públicamente después del partido y quedó todo resuelto», manifiesta. Ese no fue un caso aislado. «En Reus, el bus no llega a la puerta del pabellón y nos deja delante del lugar en el que se reúnen los aficionados más ultras del equipo. El día que ganamos la OK Liga allí [temporada 2021-22], Juan Copa y yo tuvimos que aguantar a unos diez tíos insultándonos, provocándonos, gritándonos y escupiéndonos durante doscientos o trescientos metros hasta la puerta del pabellón», señala. «Nosotros nos quejamos y nunca pasa nada pero, después, sucede lo que pasó en Voltregà [cuando un aficionado del club local agredió a Oriol Vives, jugador del Vic, en pleno partido] y todo el mundo se lleva las manos a la cabeza», lamenta.

No todo es así. «El hockey en Cataluña mola mucho», admite Baldomir, que considera que hay muchas plazas en las que se vive un ambiente sano, deportivo y competitivo. «La pista del Sant Just, la del Girona, el Palau del Barça, que es un pabellón grande como Riazor... A la mayoría de los sitios es fantástico ir, los partidos se viven mucho. En otras, como el Ateneu de Noia, que es dura de por sí, el club no alimenta ese tipo de comportamientos. Al contrario, los frena. Hay otros sitios en los que estas actitudes se fomentan desde la propia directiva», opina el directivo del Liceo.

Y, más allá de la OK Liga, está Portugal. «No tiene nada que ver, es otro nivel de ambiente bonito de hockey», matiza el directivo colegial. «La afición grita y aprieta, pero no es agresiva. Los cuerpos técnicos y los jugadores están más protegidos también. El otro día estuve viendo el Porto-Benfica y no ves gente colgada de la valla tocando los banquillos rivales», afirma.

Trabajo con los jugadores

Para Antón Baldomir, este tipo de comportamientos en los desplazamientos del Liceo se dan por una cuestión de «dimensión». «Somos el Liceo. Cuando nosotros visitamos Cataluña, los precios de las entradas suben, es el día grande para muchos clubes. Somos el enemigo a batir, deportivamente hablando», comenta el directivo. La plantilla se prepara con antelación antes de cada viaje para ir prevenida. «Lo hemos hablado mucho con ellos, lo importante es no perder la tranquilidad, pero hay veces que hay que contar hasta mucho para no girarte y perder los nervios», dice el directivo. «La plantilla viaja mentalizada de lo que puede pasar. El capitán [Dava Torres] se encarga de recordarlo siempre: 'Vamos a hacer un trabajo, a ganar y marcharnos'», agrega. Baldomir reconoce que el equipo «se equivocó con la reacción que tuvo» contra el Igualada, pero entiende que muchos jugadores explotasen: «Llega un momento en el que dices 'por aquí no paso'. Y en Riazor no vamos a aguantar eso. No en nuestra casa».

La afición verdiblanca tampoco está exenta de vivir momentos de tensión. «Hay aficionados nuestros en Cataluña que no pueden ir a ciertas pistas vestidos del Liceo, porque pasan miedo y temen por su seguridad. Se interpreta que llevar una camiseta verdiblanca es provocar. ¿Cómo que provocar? En Riazor la gente se mezcla y no pasa nada, así debería ser en todos lados», concluye Antón Baldomir.

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